Arte del Renacimiento

Print Friendly

Ideas

Variedad y unidad histórica

El Renacimiento puede verse como un conjunto opuesto a la Edad Media, que le precede, y al barroco, que le sigue. Así, el arte del Renacimiento presenta una unidad que lo individualiza. Comparando esculturas y obras arquitectónicas de diferentes períodos del Renacimiento, realizadas por autores de procedencias muy alejadas, se puede, no obstante, encontrar características formales muy parecidas. El arte no es más que el deseo de expresar alguna cosa. Por esta razón, en cada época de la historia existe una voluntad común a todos los hombres que la viven. Y esta voluntad común es la que confiere una unidad a las obras de cada estilo.

Un arte científico y erudito

Todos los artistas del Renacimiento compartían la afirmación de que el arte, hasta entonces considerado un trabajo manual, era una ciencia. Así, creían que el intelecto era una facultad indispensable para crear obras de arte. Pero si el artista debía poseer conocimientos científicos para poder crear arte, el espectador también tenía que poseer la suficiente educación como para poder entenderlo. De esta manera, las obras de arte del Renacimiento no fueron concebidas para gente corriente, sino para un reducido público, formado por hombres ricos, cultos y sofisticados.

Botticelli es un claro exponente de ello. Su “Primavera” no ha sido interpretada satisfactoriamente hasta hace unos pocos años. Y ha resultado uno de los artistas más enigmáticos de la historia. El interés expresivo del artista fue, a veces, en detrimento de una correcta aplicación geométrica o de una proporción adecuada en sus obras, pero le convirtió, por otra parte, en un creador revalorizado siglos más tarde por los simbolistas.

Estudio de la naturaleza

El objetivo de todos los artistas del Renacimiento era la imitación de la naturaleza. Así lo subrayan los tratados artísticos de la época. La imitación de la naturaleza tenía que ser verosímil. Los objetos pintados debían parecerse al máximo a los objetos reales y, además, la forma de pintar tenía que ser segura y científica. Para conseguir una correcta imitación de la naturaleza, los artistas se convirtieron en sus propios maestros y se dedicaron a estudiarla de manera detallada. El hecho de tener que estudiar la estructura del cuerpo humano les convertiría en expertos en anatomía.

El artista-científico más ejemplar del Renacimiento fue Leonardo da Vinci. En él parecen confluir la observación incansable del científico y la genialidad sutil del artista. Leonardo fue el primer artista que estudió sistemáticamente las proporciones del cuerpo, tanto humano como animal, y que examinó a fondo las leyes mecánicas del movimiento.

Un método de representación

Para conseguir imitar correctamente la naturaleza no bastaba con estudiar su estructura, sino que también había que saber copiarla. Este objetivo se lograba aplicando la geometría y la óptica al arte. De esta manera los artistas del Renacimiento idearon un método para reproducir fielmente la realidad, que denominaron perspectiva lineal.

Mediante el estudio minucioso de la naturaleza y la invención de un método para reproducirla, se consiguió que el arte fuera un conocimiento más, como lo son las matemáticas o la astronomía. Los artistas del Renacimiento confiaban plenamente en las facultades humanas y pensaban que, a través de cálculos, proporciones numéricas y modelos geométricos, podrían conocer la naturaleza hasta el punto de poder reproducirla fielmente. Así, el hombre era la unidad de medida y sus proporciones le servían para diseñar una escultura, o para calcular las medidas de un edificio considerado bello.

El modelo clásico

Bello significaba acorde con las reglas del arte griego, es decir, simétrico, armónico y proporcionado. Esta admiración por el arte clásico es otra de las características comunes a todos los artistas del Renacimiento. Uno de los momentos de esplendor de Italia fue la época del imperio romano. Por ello, aquel período resultaba fundamental para los renacentistas italianos. De hecho, la palabra “renacimiento” significa volver a nacer.

En resumen, puede afirmarse que entre los artistas del Renacimiento existían unas ideas comunes sobre cómo era el mundo y cómo tenía que ser el arte. Esta unidad en sus obras es lo que suele llamarse estilo.

Técnica

La perspectiva

La perspectiva es un método de dibujo para representar las cosas en el espacio. Dicho de una forma más técnica, se trata de un procedimiento para representar gráficamente objetos tridimensionales y sus relaciones espaciales en una superficie plana. A lo largo de la historia, los artistas han plasmado esto de maneras muy diferentes, porque también se han movido por intereses diferentes.

En general, y hasta el Renacimiento, los artistas querían pintar las cosas, no sólo como las veían, sino también como sabían que eran. Los egipcios, por ejemplo, combinaban una versión de perfil y otra frontal, para representar la figura humana.

Los griegos, en cambio, no dibujaban las cosas como sabían que eran, sino que empezaron a dibujarlas tal y como las veían. Los griegos fueron los primeros en descubrir lo que se llama el “escorzo”, que parte de la idea de que una persona nunca puede ver de una vez un objeto en su totalidad. Si observamos algunos pies dibujados por los griegos, vemos que el artista dibujó lo que se ve desde un determinado punto, sin tener en cuenta todo lo que sabía sobre aquel pie.

En la época medieval las intenciones de los artistas cambiaron. Se sabe que la mayoría de pinturas y esculturas se hicieron para ilustrar las doctrinas de la Iglesia y de la Historia Sagrada.

No pretendían copiar las cosas como son, sino explicar una historia o representar un pensamiento.

En la época del Renacimiento el objetivo del artista era llevar a cabo una copia fiel, exacta y veraz de la realidad. Así, resultó inevitable la aparición en el dibujo de la perspectiva lineal.

La perspectiva lineal

El método de la perspectiva lineal puede explicarse de la siguiente manera: imagine que de cada punto de un objeto que está mirando sale, en línea recta, un rayo de luz, y que estos rayos de luz, unidos en su ojo, forman la imagen del objeto que usted ve. Imagine ahora que entre el objeto y su ojo coloca un cristal que corta los rayos de luz. En este cristal dibuje el objeto uniendo los puntos por los cuales los rayos atraviesan dicho cristal. Ahora sitúe dos objetos de igual altura y anchura a diferentes distancias y dibújelos en el cristal. Verá que el dibujo que forma el objeto que está más lejos será más pequeño que el que forma el objeto que está situado más cerca. Ésta es la primera regla de la perspectiva.

Gracias a la geometría, los artistas aprendieron a dibujar los objetos en perspectiva. El arquitecto Brunelleschi fue el descubridor de la construcción geométrica exacta. En cambio, fue Alberti el que, en sus famosos tratados de arte, proporcionó a los artistas las aplicaciones más sencillas de este método.

En los artistas del período de transición entre el gótico y el Renacimiento se encuentran ya los primeros pasos hacia una construcción espacial infinita, constante y homogénea. Así, Giotto, por ejemplo, abandonó la concepción medieval de la pintura. Contemplando sus tablas nos da la impresión de estar presenciando un hecho real, puesto que percibimos aire entre las figuras y nos parece que éstas pueden moverse libremente por ese espacio imaginario que es la pintura.

Una de las primeras pinturas realizadas enteramente a partir de las reglas matemáticas descubiertas por Brunelleschi fue “La Santísima Trinidad” de Masaccio. En esta obra no sólo intuimos un espacio entre las figuras, como sucedía con Giotto, sino que si las borrásemos, nos encontraríamos ante un espacio infinito y homogéneo. En esta pintura de Masaccio hay un espacio preexistente, anterior a las cosas, y en función del cual éstas se ordenan.

La obra de Fra Angelico, otro pintor del Renacimiento temprano, constituyó una alternativa pictórica a la fría geometría de Masaccio. Fra Angelico aplicó el racionalismo basado en la perspectiva de Masaccio, pero incluyó un detallismo y un preciosismo, fundamentalmente en el color, al gusto aún goticista del momento. El resultado fue una pintura más idealista que tendría su culminación en Botticelli.

La fría racionalidad perspectiva de Masaccio fue recogida por Paolo Uccello, que pasaría a la historia por ser el pintor que más experimentó en el campo de la perspectiva. En “La Batalla de San Romano”, Paolo Uccello representaba los caballos en escorzo, usaba diferentes puntos de fuga, señalaba múltiples direcciones con las lanzas o creaba fondos por planos.

Objeciones a la perspectiva lineal

Hoy en día, aún se emplea la perspectiva lineal en la pintura, pero se sabe que, al aplicarla, lo que queda dibujado en el cuadro no refleja la realidad tal cómo es, ni tampoco tal como la vemos. La perspectiva lineal presupone que nosotros, al mirar, lo hacemos con un solo ojo y fijamente. Sin embargo miramos con los dos ojos en movimiento. Además, generalmente, cuando miramos no nos encontramos frente a un espacio, sino dentro de él.

Y como nuestra retina es cóncava, la imagen que percibe el ojo no es la del objeto en la realidad.

Hoy sabemos que la realidad no puede imitarse. Por eso los artistas del siglo XX idearon otras maneras de representar los objetos tridimensionales en el plano. Un ejemplo muy extremo de ello es el cubismo.

Obras de arte

Pintura

El arte como ciencia

Todas las obras de arte del Renacimiento poseen unas características comunes debido a que los artistas tienen ideas comunes que quieren expresar. La primera y más importante de estas ideas es la voluntad de hacer del arte una ciencia. Esto se consigue construyendo el cuadro a partir de las reglas matemático-geométricas de la perspectiva.

Para conseguir un arte regular y mesurado, los renacentistas utilizaron una línea de dibujo clara, delimitada y continua. Podemos apreciar dicha línea al observar un cuadro muy de cerca. Entonces nos damos cuenta de que las líneas que configuran el motivo tienen un sentido, y que son la línea de un dedo o la línea de una nariz.

Pero si tenemos en cuenta la claridad buscada por el Renacimiento, podríamos afirmar que el “sfumato”, técnica creada por Leonardo da Vinci, no es típicamente renacentista. El “sfumato” diluye los contornos de las cosas, desdibujándolas y presentándolas como si las viésemos a través de una cortina de humo.

La delimitación del contorno

Los artistas del Renacimiento buscaban una pintura clara y nítida; por eso siempre delimitaban el contorno de las cosas, aunque al hacerlo resultara forzado. Por ejemplo, dibujaban con todo detalle objetos que, por estar muy alejados del punto de vista del espectador, aparecerían muy desdibujados en la visión real. Este deseo de delimitar cada una de las formas puede apreciarse hasta en los detalles más insignificantes, como los ornamentos de un vestido o los pelos de una barba, que parecerán siempre, más que pintados, dibujados.

El marco y la luz

Los artistas del Renacimiento buscaban una pintura clara y nítida; por eso siempre delimitaban el contorno de las cosas, aunque al hacerlo resultara forzado. Por ejemplo, dibujaban con todo detalle objetos que, por estar muy alejados del punto de vista del espectador, aparecerían muy desdibujados en la visión real. Este deseo de delimitar cada una de las formas puede apreciarse hasta en los detalles más insignificantes, como los ornamentos de un vestido o los pelos de una barba, que parecerán siempre, más que pintados, dibujados-

Escultura

La silueta

Las características de la escultura del Renacimiento son las mismas que las de la pintura y las de la arquitectura, pero se expresan de una manera distinta. Aunque en la escultura no haya líneas, existe un método lineal de hacer esculturas que caracteriza la forma renacentista. Ésta escultura está hecha por y para la mano, como si el espectador en lugar de mirar la escultura tuviera que tocarla. Ello se consigue delimitando muy bien la silueta de la figura y creando un punto de vista principal.

No por casualidad, la primera gran obra escultórica del Renacimiento fue un relieve. Nos referimos a las puertas de bronce del baptisterio de San Giovanni, realizadas por Ghiberti. El mismo Ghiberti afirmó haber intentado copiar en ellas la naturaleza con un detallismo obsesivo, y haber usado las reglas de la perspectiva para organizar los espacios y calcular las proporciones y el tamaño de sus figuras.

También Donatello cultivó el relieve en un sentido pictórico. El trabajo por planos, que las leyes de la perspectiva favorecen en la pintura, fue adoptado, en el relieve, de una manera literal.

La escultura del Renacimiento nace con Donatello. Este artista combinaba en sus obras la sobriedad goticista y una gestualidad contenida muy clásica con un interés realista y un deseo muy moderno de expresar la interioridad del personaje.

Miguel Angel, y el”non, finito”

La estructura de planos sucesivos se consigue en escultura estableciendo una cara frontal de la obra perfectamente acabada. Así, siempre existe un punto de vista desde el cual todo tiene estabilidad. La escultura del Renacimiento se encuentra delimitada por un marco ficticio, que la contiene y que proporciona su unidad. El escultor obtiene la forma de la escultura extrayendo materia del bloque de piedra original. Este método de trabajo limita las posibilidades de creación.

Son célebres los llamados “non finito” de Miguel Ángel. En estas culturas inacabadas puede apreciarse cómo el escultor sacaba la forma del bloque de piedra.

La luz y la forma

El escultor renacentista conseguía el efecto de claridad y armonía deseado mediante el uso de una luz clara y uniforme.

Respondiendo a las características generales del arte de aquella época, se pretende una obra lineal, plana, cerrada, hecha de unidades independientes y clara.

Arquitectura

El efecto espacial

Se ha dicho, con razón, que el efecto de una habitación de bellas proporciones tiene que percibirse aunque se camine por ella con los ojos cerrados. La arquitectura renacentista buscó siempre un efecto espacial, nunca visual. En un edificio del Renacimiento nunca se incluirán estímulos para el ojo, independientes y diferentes, que puedan dificultar la captación del conjunto del edificio.

La bóveda, por ejemplo, tiene como decoración las mismas líneas estructurales que la forman, el círculo y los tirantes. Estos últimos, hechos a base de piedra más oscura, decoran la bóveda, a la vez que poseen una función más estructural. En un edificio renacentista, todo tenía que venir determinado por el elemento geométrico más riguroso. Lo importante en un edificio del Renacimiento era la estructura, o sea, aquello que ya estaba dibujado en planta.

Brunelleschi, pionero

Filippo Brunelleschi, primero y más emblemático de los arquitectos del Renacimiento, fue el descubridor de los principios de la perspectiva. Además de inaugurar el renacentismo en arquitectura, Brunelleschi introdujo el estilo en la escultura y la pintura.

La primera obra arquitectónica considerada renacentista es el pórtico del Hospital de los Inocentes, donde su autor, Brunelleschi, puso en práctica los principios de la perspectiva lineal. Así, creó en este pórtico una sucesión de planos en profundidad que hacían converger todas las líneas arquitectónicas en un único punto, constituyendo una pirámide visual.

La iglesia de San Lorenzo y la iglesia del Santo Spirito, construidas posteriormente por Brunelleschi, son también de un racionalismo extremo. De todas formas, la tipología de la iglesia que se impuso no fue la creada por Brunelleschi, sino la de nave única, que usó otro de los grandes arquitectos del Renacimiento, Leone Battista Alberti, en la iglesia de San Andrés de Mantua.

Las proporciones humanas

En estas obras de Brunelleschi puede apreciarse otra de las características de la arquitectura del Renacimiento; un sistema de proporciones riguroso e inflexible. Para el Renacimiento, la proporción extraída de los principios del arte clásico era el elemento estético más importante. Así, se utilizó frecuentemente el llamado rectángulo de sección áurea, descubierto por los griegos y usado en el Partenón. De la misma manera, basándose en la autoridad de Vitruvio, se estableció también una armonía entre las proporciones del cuerpo humano y la arquitectura.

Principalmente, se adoptaron los órdenes griegos como elemento arquitectónico. Durante los inicios del Renacimiento, se empleó con mayor frecuencia el orden corintio, más decorativo y ornamentado que los demás. En cambio, durante el alto Renacimiento se usó más la simplicidad del orden dórico. Siguiendo la antigua práctica romana, los arquitectos renacentistas superpusieron con frecuencia los órdenes. Usaban uno diferente para cada planta del edificio, empezando por el más pesado y duro, correspondiente al orden dórico, y ascendiendo hasta el más ágil y decorativo, representado por el orden corintio. Este sistema de proporciones dotaba de unidad a todo el edificio, pero también otorgaba independencia a cada uno de los elementos que lo componían.

La belleza, según Alberti, era la armonía de un conjunto de partes independientes unidas entre sí para formar un todo, del cual nada puede extraerse o añadirse sin perjuicio.

La luz y la sombra

El arquitecto renacentista buscaba siempre una luz homogénea. En el interior de sus recintos reinaba una luz difusa y uniforme. Por ejemplo, podemos vemos un pórtico de entrada que Brunelleschi construyó para unir gradualmente la luz natural con la luz interior, sin tamizarlas.

Se puede afirmar que la forma arquitectónica renacentista es como la del resto de las artes; es decir: lineal, plana, cerrada, hecha de unidades independientes y clara.

El paradigma de la arquitectura renacentista es la cúpula de la catedral de Florencia, de Brunelleschi. En ella el autor utiliza sus conocimientos técnicos, científicos y arqueológicos para crear una obra.

 

 

Etiquetas: