Sexualidad humana

Comprende el fenómeno de la sexualidad en humanos, considerando las dimensiones de la sexualidad más allá del proceso biológico.


La sexualidad no se remite específicamente a la descripción de los procesos y fenómenos relacionados al apareamiento, o a la realización del acto o sexual, sino que abarca variados aspectos que escapan a un contexto meramente biológico. Es por ello que se considera a la sexualidad humana como un fenómeno multidimensional, el cual está comprendido principalmente por las dimensiones biológica, psicológica y sociocultural de la sexualidad.

Dimensión Biológica de la Sexualidad

Dentro de esta dimensión, se contemplan todos los aspectos anatómicos y moleculares determinados por el genoma de cada individuo. Como se recordará de la unidad anterior, en el proceso de meiosis se segregan los cromosomas autosómicos y sexuales – X (para hembra) o Y (para macho) – determinando así el sexo de un individuo al momento de la fecundación, con la consecuente expresión de una determinada anatomía de aparato reproductor –masculino o femenino– durante el desarrollo del individuo. También se contempla la correcta funcionalidad de estos aparatos, es decir, la presencia y acción de moléculas específicas encargadas de la regulación y expresión de estos caracteres anatómicos para machos y hembras (hormonas sexuales masculinas o femeninas). Además, en esta dimensión subyace la denominada genitalidad, la que hace referencia a la relación sexual misma, o coito.

Dimensión Psicológica de la Sexualidad

En esta dimensión de la sexualidad se contemplan aquellos aspectos que resultan del cuestionamiento propio de un ser humano. Surgen preguntas y situaciones tales como “evidentemente tengo un aparato reproductor masculino pero, ¿me siento hombre?”, o “dicen que los hombres deben sentirse atraídos por las mujeres y al revés pero, ¿un hombre puede sentirse sexualmente atraído por otro hombre?”. Ante el surgimiento de estas cuestiones, la psicología ha establecido la denominada “Identidad de Género”, la cual hace referencia al autoreconocimiento de un individuo dentro de una clase, masculina o femenina, independiente de su fisiología y/o anatomía (y por ende, genética). Si bien estos aspectos pueden ser determinantes no es posible generalizar, como veremos más adelante. En lo que respecta a la atracción sexual ya sea por un sexo u otro, la psicología ha establecido un patrón de conductas, las que están determinadas por la naturaleza física (anatómica) del par sexual, distinguiendo patrones de conductas heterosexuales (aquellas personas que muestran inclinación sexual por alguien contrario a su sexo), patrones de conductas homosexuales (aquellas personas que muestran inclinación sexual por alguien de su mismo sexo) y patrones de conductas bisexuales (aquellas personas que muestran inclinación sexual tanto por personas de igual y distinto sexo a ellas). Al conjunto de estos 3 patrones de conductas, la psicología le ha llamado “Orientación Sexual”.

Dimensión Sociocultural de la Sexualidad

A lo largo del mundo, y a lo largo de la historia de la humanidad, han surgido distintas visiones de lo que es bueno o malo entorno a la sexualidad y su práctica, y en torno a cómo deben verse y comportarse aquellos considerados hombres y mujeres, en función de su sexualidad. Estas visiones desencadenan variadas limitantes al momento de vivir la sexualidad, ya sean desde un punto legislativo como desde un punto de vista religioso. Por ejemplo, durante el siglo XX, las mujeres comenzaron a usar pantalones y cortarse el cabello, viéndose como hombres; la sociedad de entonces entró en conflicto, ya que estas prácticas se consideraban propias de la sexualidad masculina. Hoy en día es común ver a mujeres vistiendo pantalón o falda, o con el cabello corto o largo. En culturas africanas y asiáticas, para potenciar la sexualidad, las mujeres pueden deformar parte de su anatomía, lo cual en nuestra sociedad podría verse como una atrocidad. Es muy importante recalcar que cada pueblo y cultura ha desarrollado sus propias visiones de cómo vivir la sexualidad, y no porque estas sean diametralmente opuestas a la vivida por nosotros, deberán condenarse. El conocimiento de esta dimensión de la sexualidad permite a las personas respetar la vivencia de una sexualidad sana en cualquier punto del planeta, analizando el contexto particular en el que esta se está desarrollando.