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ANIMALES
OMNÍVOROS La palabra omnívoro, proviene de los
vocablos latinos:, que significa todo, y "vorare", devorar. Es el nombre
que se les da a los seres que se nutren de toda clase de alimentos, porque sus
preferencias alimenticias son muy variadas y disfrutan tanto de productos de origen
animal como vegetal. Esto constituye una gran ventaja, ya que pueden sobrevivir
en cualquier medio, lo que no ocurre con los animales muy especializados en su
alimentación, que corren el riesgo de extinguirse cuando no pueden hallar
el único tipo de comida que sus organismos aceptan. Además del hombre,
los únicos animales omnívoros por naturaleza son el cerdo y el oso. EL
HOMBRE Y SU ALIMENTACIÓN La dieta del hombre es muy variada
y compleja, porque así lo exigen su condición de omnívoro
y de ser racional, y porque él mismo es un individuo muy complejo. Su organismo
requiere de diversos nutrimentos para funcionar adecuadamente, tales como proteínas,
vitaminas, que pueden ser A, B, C, D, E o K, minerales, carbohidratos, glúcidos
o azúcares, lípidos o grasas y agua. La carne de res, puerco, pescado,
aves y mariscos, así como la leche, los huevos, el queso y la mantequilla
contienen proteínas animales. El frijol, el chícharo, el garbanzo,
los cereales y las semillas son fuentes de proteínas vegetales. Las
frutas y verduras son ricas en vitaminas, azúcares y minerales. Los carbohidratos,
que proporcionan energía al organismo, se encuentran en el azúcar
y los cereales. Las grasas se obtienen del aceite, la manteca, los cacahuates,
la mantequilla y la margarina. Una alimentación
equilibrada consiste en la combinación correcta de estos nutrimentos, y
la cantidad que cada persona debe consumir depende de su edad, su estatura, su
complexión y el tipo de actividad que realiza. Por otro lado, debido a
su condición de individuo racional y a la complejidad propia de su especie,
no se conforma con ingerir los alimentos en el estado en que los provee la naturaleza,
sino que a todos los somete a un proceso de transformación que modifica
su estructura interna, aumenta su valor nutritivo (aunque con frecuencia lo disminuye),
y mejora su sabor, su olor, su apariencia, su textura y el sonido que producen
al masticarlos. Pues el ser humano no disfruta de los alimentos sólo con
el sentido del gusto, sino que también le place olerlos, verlos, tocarlos
y escucharlos crujir entre sus dientes. Aunque, por supuesto, no todos los sentidos
participan en el mismo grado en el goce de comer. El gusto es, naturalmente, el
principal, en segundo lugar está el olfato, cuya importancia es tal, que
cuando una persona padece de una fuerte gripe dice que la comida "no sabe
a nada", pues aunque su paladar pueda percibir claramente el sabor, su temporal
incapacidad para olerla, le impide, disfrutarla plenamente. La
vista también juega un papel primordial, ya que un alimento de aspecto
desagradable provoca asco y rechazo. Los sentidos del tacto y del oído
intervienen en el acto de comer sólo en un reducido número de alimentos,
a menos que se pertenezca a una sociedad en la que no se considera falta de educación
tomar la comida con las manos.
Autor:
Anónimo
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