Batalla de Maipú 12 de febrero de 1818

“En los instantes en que las últimas tropas realistas alcanzaban las citadas casas de Lo Espejo, llegaba al campo de batalla el Libertador O’ Higgins, seguido de un millar de milicianos y de algunos cadetes de la Escuela Militar. Se dirigió hacia el lugar en que se encontraba el General San Martín y, echándole al cuello su brazo izquierdo, le dijo emocionado: “Glorias al Salvador de Chile”. El General en Jefe respondió: “General: Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó herido en el campo de batalla”.


El 12 de febrero de 1818, es decir, el día del primer aniversario de la batalla de Chacabuco, se proclamó y juró formalmente la Independencia de Chile en la ciudad de Talca. En Santiago, durante esa misma ceremonia, se presentó el nuevo y actual pabellón patrio, conocido como la bandera de la estrella solitaria. Los colores blanco, azul y rojo mantuvieron el significado que ya tenían en la bandera de transición. La estrella blanca, en cambio, representó a la estrella de Arauco; es decir, el símbolo que identificaba a los araucanos.

La proclamación de la Independencia era un acto simbólico, que en realidad constituía más bien un desafío a las fuerzas realistas, pues hasta ese momento no existía ninguna seguridad respecto del triunfo de las fuerzas patriotas.

Lo anterior quedó demostrado cuando el general Mariano Osorio, atacó sorpresivamente el ejército patriota (cerca de 7.000 soldados) en la planicie de Cancha Rayada (cerca de Talca), el 19 de marzo de 1818. Esta batalla constituyó un serio revés para las fuerzas de O´Higgins y San Martín, pues sus contingentes tuvieron que retirarse en el más completo desorden. Sólo la división comandada por el general Las Heras, compuesta por unos 3.000 hombres, logró retirarse en orden del campo de batalla. Este contingente constituyó el núcleo en torno al cual se organizó nuevamente el ejército patriota.

En la capital, la noticia sobre esta derrota hizo pensar a los vecinos que todo estaba perdido, pues se rumoreaba incluso que O´Higgins y San Martín habían muerto, aun cuando el jefe chileno sólo había resultado herido en un brazo. Con el objetivo de reanimar a la población, Manuel Rodríguez llamó a un Cabildo abierto, el cual le otorgó plenos poderes. Rodríguez dirigió un discurso a los habitantes de Santiago, finalizándolo con la célebre frase: “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!” Enseguida formó un pequeño batallón de aproximadamente 200 hombres, bautizado con el nombre de “Húsares de la Muerte”, cuyo emblema era una calavera blanca sobre un fondo negro. Este movimiento, apoyado por los carrerinos, fue visto por los o’higginistas como un intento de derribar al gobierno del director supremo. Sólo con la llegada de O’ Higgins y sus fuerzas a Santiago fue posible restaurar el orden en la capital.

Mientras tanto, Osorio avanzaba a la cabeza de su ejército rumbo a Santiago. Las fuerzas patriotas se dirigieron hacia los llanos de Maipú, situados al sur de la capital, donde esperaron a los realistas. El 5 de abril de 1818, un poco antes del mediodía, comenzó la batalla. Ésta se desarrolló con gran ferocidad hasta caer el atardecer, momento en que Osorio emprendió la retirada, señalando de esta manera la aplastante victoria de las fuerzas patriotas.

O´Higgins, que se había quedado en la capital recuperándose de su herida, hizo un gran esfuerzo y llegó con sus hombres a Maipú poco antes de finalizada la batalla. El llamado “Abrazo de Maipú” se verificó cuando San Martín y O´Higgins se encontraron en el campo de batalla. A este último le correspondió vencer a los realistas en el lugar denominado Lo Espejo. La batalla de Maipú selló definitivamente la Independencia de Chile.

Por: Carmen Mendoza Obaid
Periodista