Origen de los suelos de Chile

Todos los procesos de formación de suelos tienen como punto de partida al material generador; de hecho, todos los suelos derivan de las rocas y pueden tener un origen ígneo, sedimentario, o metamórfico.


Las rocas, o material generador, están expuestos a la acción de una serie de procesos transformativos que operan importantes cambios en ellas; en forma adicional, los elementos que colaboran en la formación de los distintos suelo, actúan en forma articulada y están interrelacionados: la presencia del clima (en cuanto a temperatura y precipitaciones), organismos (flora y fauna), formas del relieve (altura, pendientes, etc.), material generador (tipos de rocas), y finalmente, el paso del tiempo.

En el caso de los suelos presentes en el territorio de Chile, debemos considerar una serie de factores específicos que han intervenido en sus procesos de formación:

  • La extensión longitudinal del país es un elemento que posibilita la existencia de diversos tipos de climas; debido a su influencia existen suelos caracterizados por sus escasos niveles de humedad (Norte Grande de Chile), o suelos saturados de agua (zona sur del país).

  • La presencia de cordones montañosos dificultan el desarrollo de los suelos y conspiran contra el desarrollo de sus profanidades; por ello, lo más usual es que entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa se encuentren suelos muy delgados y sumamente permeables para la explotación agrícola.

  • La elevada actividad volcánica de nuestro territorio implica que gran parte de los suelos de Chile cuenten con nuevas rocas posibles de ser meteorizadas, las que pueden convertirse en nuevos suelos.

  • La acción fluvial es otro elemento que colabora en los procesos de formación de los suelos chilenos, ya que implica la erosión de gran cantidad de superficie terrestre que se encuentra en terrenos de laderas, y que posteriormente se depositan en terrenos más planos.

De todos los tipos de suelo presentes en Chile los que poseen mayor capacidad de uso, en términos de explotación agrícola, son los que se ubican entre la Región de Atacama y la Región de los Lagos, aunque las mejores se concentran desde la Región Metropolitana hacia el sur.