Anarquía Chica y República Socialista (1931 – 1932)

El periodo que se inició con la salida de Alessandri tuvo como principal característica el convulsionado desarrollo de la actividad política, la que se vio afectada por una serie de hechos que impidieron que el orden republicano se mantuviera en forma constante. La particular administración ibañista, con el poco tradicional y personalista estilo del presidente, profundizó la crisis institucional al restringir las libertades públicas y al reprimir duramente a los opositores al régimen. Sin embargo, tras la salida de Ibáñez, la escena política chilena alcanzó mayores niveles de complejidad y desconcierto que algunos autores han denominado al periodo que va entre julio de 1931 y octubre de 1932 como la “Anarquía Chica”.


Como señalamos, luego de la renuncia de Ibáñez el poder quedó en manos de Pedro Opazo, quién a los pocos días de asumir renunció a la Presidencia y fue sucedido por el titular del Interior, Juan Esteban Montero; este último, debido a ser considerado un actor político que garantizaba la búsqueda de consensos entre los diversos sectores, fue ungido como candidato presidencial transversal.

Para evitar comparaciones con Ibáñez, Montero dejó el cargo de presidente con la intención de realizar una campaña libre de las sospechas de intervención electoral que persiguieron la elección de Ibáñez, y nuevamente la Primera Magistratura cambió de dueño; esta vez el cargo fue asignado al vicepresidente Manuel Trucco, quién de esta forma se convertiría en el tercer vicepresidente en asumir la Presidencia en el mismo año.

La breve administración de Trucco, aunque debía limitarse a mantener el orden constitucional y a velar por el correcto desarrollo de las elecciones presidenciales, tuvo que sortear un obstáculo de dificultad mayor: la sublevación de los suboficiales de la Armada, hecho ocurrido entre el 1 y el 5 de septiembre de 1931. La principal causa de este movimiento subversivo fue el efecto de una de las medidas tomadas por el ministro Blanquier, puesto que para disminuir el gasto público dispuso de una considerable merma en los sueldos de los funcionarios fiscales, hecho que afectaba de paso a las Fuerzas Armadas siendo los más perjudicados los militares de baja gradación.

La sublevación de los suboficiales de la Armada comenzó en medio de un conjunto de maniobras de rutina que llevaba a cabo la Escuadra del Norte en el puerto de Coquimbo; en pleno desarrollo de las operaciones navales, los suboficiales se amotinaron y elevaron un pliego de peticiones al gobierno, entre las que se incluían reivindicaciones salariales así como políticas y económicas de índole nacional. La acción de la sección del norte fue continuada con el amotinamiento de los suboficiales en el puerto de Talcahuano, lugar en el se acuartelaron en la base que tiene la Armada en dicha localidad de la actual Región del Biobío.

La complicada situación fue resuelta por Trucco mediante una drástica respuesta bélica protagonizada por efectivos del Ejército, los cuales sofocaron violentamente a los insubordinados en Coquimbo y Talcahuano. En el puerto del norte, las acciones se limitaron al bombardeo aéreo de las embarcaciones amotinadas; sin embargo, en el puerto penquista se produjeron arduos enfrentamientos entre soldados y marinos, estos últimos apoyados por columnas de trabajadores que se habían adherido a las reivindicaciones de los sublevados. Cabe señalar que el resultado fue una rotunda victoria de los militares, además de una considerable cantidad de bajas entre los marinos y los obreros, las que hasta la fecha no han sido precisadas.

Una vez controlado el motín de la Armada, se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en las cuales resultó elegido Juan Esteban Montero, a pesar de que el retornado Arturo Alessandri también se presentó a los comicios. Una vez en La Moneda, la principal tarea del gobierno de Montero era mejorar el paupérrimo panorama económico y social del país, para lo cual se tomaron una serie de medidas que puestas en práctica, no lograron el impacto esperado por sus impulsores y dejaron como consecuencia el renacer del descontento y reactivaron a los grupos que frecuentemente conspiraban contra el Estado.

El rápido fracaso de Montero fue confirmado mediante un golpe de Estado el día 4 de junio de 1932, el que fue preparado y encabezado por la Fuerza Aérea al mando de su director, el coronel Marmaduke Grove. Esta acción fue respaldada por las demás ramas de las Fuerzas Armadas, y debido a ello Montero dimitió y salió hacia Argentina, de la misma forma que casi un año antes lo había hecho el coronel Ibáñez.

Tras la salida d Montero, los golpistas organizaron una Junta de Gobierno que estuvo integrada por el general Arturo Puga, Carlos Dávila (quién era partidario de Ibáñez), y el político socialista Eugenio Matte Hurtado. La primera medida de esta junta de gobierno fue decretar que Chile desde aquel momento sería una “República Socialista”; acto seguido la junta procedió a disolver el Congreso Termal y a comunicar diversas medidas de carácter social y económico.

La junta de gobierno de la República Socialista de Chile permaneció solo unos días con su conformación original, pues los roces entre Dávila y el coronel Grove (a pesar de que este último no era miembro oficial) provocaron su pronta disolución. La principal causa de la disputa entre Dávila y Grove, eran las sospechas que se tenían de que el primero estuviera preparando el camino para el regreso a Chile de Ibáñez; esta querella se resolvió con un nuevo golpe de Estado, esta vez liderado por Dávila, quién concitó para su bando a parte importante del Ejército que veía con buenos ojos la vuelta de Ibáñez a nuestro país.

Después de la disolución de la primera junta de 1932, Dávila forma una segunda con él en la cabecera, siendo secundado por Alberto Cabero y Nolasco Cárdenas. Una vez en el poder, Carlos Dávila no facilitó la vuelta del coronel Ibáñez y se instaló en la conducción del país; una de sus primeras medidas fue hacer un llamado para constituir una Asamblea Constituyente que redactara un texto constitucional de corte socialista. Posteriormente, Dávila disolvió la junta de gobierno y asumió oficialmente el puesto de Presidente Provisional.

Al igual que todos los gobiernos que sucedieron al de Ibáñez desde julio de 1931, la administración Dávila se caracterizó por su breve estadía en La Moneda, y a los 100 días de haber llegado al poder, tras fracasar el proyecto económico davilista el Presidente Provisional debió renunciar tras la presión ciudadana que seguía clamando por mejoras sustanciales en sus condiciones de vida. Luego de la dimisión de Dávila, el control de la nación quedó en manos del general Bartolomé Blanche, quién recibió el mandato ciudadano de recomponer el orden institucional.

La acción más relevante del efímero gobierno del general Blanche fue el traspaso de mando al Presidente de la Corte Suprema Abraham Oyanedel, quién inmediatamente convocó a nuevas elecciones presidenciales. A los nuevos comicios se presentó como candidato Arturo Alessandri, y en ellas el conocido caudillo de Tarapacá logró imponerse de la misma en que lo hizo el año 1920.