El Conflicto Político y la Radicalización Social

A medida que la Unidad Popular desarrollaba su programa de gobierno y modificaba las estructuras de la sociedad chilena, los niveles de tensión entre la oposición política y los partidarios de la administración Allende se elevaron progresiva y considerablemente.


En el ámbito político el clima de conflicto se agravó tras el asesinato en junio de 1971 del dirigente democratacristiano Edmundo Pérez Zujovic, quién también fue ministro del Interior durante el gobierno de Frei; es preciso que algunas hipótesis señalan que el crimen de este personero se debió en venganza a la denominada “masacre de Puerto Montt”, un incidente ocurrido en marzo de 1969 en el cual resultaron muertos a manos de las fuerzas policiales 10 pobladores de una toma de terreno en la Provincia de Llanquihue, hecho en el que el accionar de carabineros era de exclusiva competencia del Ministerio del Interior.

La muerte de Pérez Zujovic distanció definitivamente a la Democracia Cristiana del gobierno y la llevó a entenderse con el Partido Nacional. El consenso establecido entre la Democracia Cristiana y la derecha se produjo de forma paralela al incremento del apoyo popular que concitaba el gobierno de Allende, el que se vio reflejado en el crecimiento electoral de la Unidad Popular; en los comicios municipales de 1971 la Unidad Popular obtuvo el 49,7% de la votación, situación que la convertía en la coalición política más importante del país, aunque este dominio aún no se condensaba en una mayoría parlamentaria, pues la Unidad Popular sólo contaba con un tercio de los diputados y con el 40% de los senadores.

La inexistencia de una mayoría parlamentaria favoreció la estrategia obstruccionista que adoptó la oposición del gobierno a partir de 1972, lo que generó el estancamiento de las iniciativas legales enviadas al Congreso por la administración Allende. Por lo demás, esta actitud de la Democracia Cristiana y el Partido Nacional contribuyó a aumentar los niveles de tensión política presentes en el seno de la ciudadanía.

Las elecciones parlamentarias de 1973 se realizaron en un contexto sumamente polarizado y los resultados de los comicios fueron interpretados por cada sector como señales de triunfo y como una derrota del bando contrario: mientras la votación conjunta de la Democracia Cristiana y la derecha sumaba el 55% de los sufragios, la Unidad Popular obtenía el 44% de las preferencias del electorado. Por un lado, la coalición de oposición señalaba que el 55% de votos graficaba el descontento de la población con la gestión del gobierno de Allende y ratificaba el éxito de la estrategia obstruccionista; por el otro lado, la Unidad Popular planteaba que la obtención del 44% de los sufragios confirmaba que la coalición de gobierno era la principal fuerza electoral del espectro político chileno, a pesar de la complicada situación económica que vivía el país debido a la paralización de las labores productivas tras el boicot desplegado por la oposición.

En el aspecto económico la profundización de la Reforma Agraria y la implementación de los procesos de nacionalizaciones, dinamizadas y aceleradas por la irrupción del movimiento popular, radicalizaron las posiciones de la antigua clase patronal y llevó a muchos de sus miembros a contemplar la vía armada como medio para resistir las transformaciones sociales y económicas que desarrollaba el gobierno de Allende. Para ello conformaron y financiaron cuadros paramilitares, en particular en el campo, para reprimir y disolver las movilizaciones protagonizadas por las organizaciones populares que reivindicaban los cambios propuestos por la Unidad Popular.

En el mismo contexto, los empresarios industriales se opusieron a las expropiaciones mediante la estrategia del “lock-out” (cierre de fábricas), una acción que traía como consecuencia que los obreros respondieran mediante la toma de las industrias clausuradas y que estas fueran reorganizadas y gestionadas bajo control obrero, el que era fuertemente apoyado por el gobierno en su lucha por asegurar la producción y el abastecimiento del mercado interno.

La crisis económica desatada por la radicalización política provocó una seria fisura en el seno de la ciudadanía chilena, la que se hallaba dividida en dos claros bandos opositores: unos a favor del gobierno de Allende, y otros marcadamente en contra.