El Periodo Arcaico en el Norte Grande

Hace 40.000 años atrás el Norte Grande de Chile era bastante diferente a lo que es en la actualidad: el nivel de las aguas del mar estaba casi 150 metros más abajo que hoy; las temperaturas eran considerablemente inferiores; y en las zonas cordilleranas las lluvias eran mucho más frecuentes.


Los enormes salares que conocemos eran lagunas rodeadas de una especie de vegetación esteparia, que servía de alimento para manadas de caballos salvajes, megaterios y paleolamas; algunos autores estiman que estos grandes herbívoros podrían haber sido presas de caza de los primeros nortinos, sin embargo, no existen restos fósiles ni indicios arqueológicos que confirmen esta afirmación.

Según la ciencia climatológica, en el extremo norte de Chile aproximadamente en el año 9.000 a. de C., paulatinamente se fue imponiendo un clima cada vez más seco y árido. Este hecho coincide con el asentamiento de los primeros grupos humanos en el Norte Grande, los que se caracterizaron por poseer una economía de subsistencia basada en la simple apropiación de los recursos que el medio les proporcionaba, por medio de la caza, la pesca y la recolección de diversos frutos silvestres.

El Arcaico en Arica Parinacota y Tarapacá

En el altiplano de las regiones de Arica Parinacota y Tarapacá, se han encontrado restos de pequeños grupos de cazadores recolectores que habitaban en numerosas cuevas y abrigos rocosos ubicados entre la alta puna y las quebradas circundantes. Entre los años 8.000 y 6.000 a. de C., estos protonortinos se establecieron en sectores altos de Arica Parinacota, que gracias a los restos que dejaron, permitieron identificar los sitios arqueológicos de Tojo-Tojones, Las Cuevas, Puxuma, Hakenasa y Patapatanes; los resultados de las investigaciones realizadas en ellos, nos permiten saber que habitaban en campamentos que sólo abandonaban estacionalmente cuando se desplazaban a la alta puna en época estival, y a las quebradas adyacentes en invierno.

Estos primeros nortinos por largo tiempo se desarrollaron en las cercanías de sus pequeños campamentos y sólo a comienzos del año 6.000 a. de C. comenzaron a internarse en las costas del litoral Pacífico. La hipótesis que se maneja para explicar este fenómeno migratorio hace mención a una variación en el entorno climático del altiplano, que se inició en el año 7.500 a. de C., y que progresivamente fue adquiriendo unas características más áridas que las que habían perdurado hasta entonces; esta serie de cambios habrían llevado a los pobladores de la alta puna a desplazarse hacia las terrazas costeras, en busca de los alimentos que el cambio climático hizo disminuir en el altiplano.

Los arqueólogos han descubierto varios asentamientos intermedios entre la puna y la costa, los que dan señales del movimiento migratorio que acabamos de señalar; el más característico de ellos se halla en Tiliviche, un sitio ubicado 40 kilómetros al interior de Pisagua; se piensa que este lugar fue habitado por grupos de cazadores recolectores entre los años 8.000 y 4.000 a. de C. Los aldeanos de Tiliviche recolectaban raíces de totora y vainas de tamarugos y algarrobos, los que eran procesados en artefactos diseñados para la molienda; entre los restos hallados en este yacimiento, se encontraron corontas y granos de maíz, los que indican que en esta zona se disponía tempranamente de esta planta, la que pudo haber sido introducida desde otro lugar. En Tiliviche, además, se encontraron restos de productos provenientes de la costa.

Los primeros grupos que se establecieron en los bordes costeros del Norte Grande, se limitaron a explotar el mar sólo a través de la recolección de mariscos en los roqueríos y la pesca de peces que deambulaban en las pozas que dejaba la baja marea. A pesar de
ello, a comienzos del cuarto milenio a. de C., estos grupos lograron desarrollar herramientas y técnicas de pesca que les permitieron capturar peces que habitaban las profundidades. Estos incipientes pescadores utilizaban anzuelos construidos a partir de conchas de choros que, además, estaban complementados con plomadas; también crearon redes para pescar con fibras vegetales.

En las cercanías de la ciudad de Arica, en una playa ubicada al sur, se han encontrado asentamientos de estos primeros pescadores nortinos, los que se han fechado en el año 4.000 a. de C.; entre los yacimientos hallados podemos nombrar Quiani y Camarones-14, los que se emplazan en la desembocadura de la quebrada del mismo nombre; en ellos existen un complejo habitacional y un cementerio, respectivamente. Los habitantes de estas aldeas practicaban la caza de lobos marinos, la pesca y la recolección de mariscos.

El sitio de Camarones es particularmente interesante porque en él se han encontrado evidencias de las primeras técnicas de momificación en el mundo, las que se conocen con el nombre de Chinchorro debido a que fueron halladas en la playa denominada así; algunos autores creen que la tradición momificadora de Chinchorro tiene sus orígenes en el valle de Azapa, en un sitio conocido como Acha y que data del año 8.000 a. de C. En el año 5.000 a. de C. esta práctica funeraria se podía encontrar en gran parte del litoral desde Ilo, en Perú, hasta Iquique.

La técnica de momificación Chinchorro implicaba la extracción de las vísceras y músculos del cadáver, y reemplazarlos por vegetales, trozos de cuero, plumas y vellones de lana; posteriormente el cuerpo del difunto era cubierto con una máscara de arcilla y se le colocaba una peluca que era elaborada con cabello humano. Esta tradición mortuoria alcanzó su mayor desarrollo en el tercer milenio a. de C., y hacia el año 2.000 a. de C. empezó a simplificarse, conservado del proceso original, sólo la postura de máscaras de arcilla.

El Arcaico en Antofagasta

En las inmediaciones de la ciudad de Antofagasta, capital de la región del mismo nombre, específicamente en la quebrada de Las Conchas, se han descubierto numerosas evidencias arqueológicas que señalan la presencia de grupos de cazadores recolectores marinos hace poco más de 9.000 años atrás; en este sitio, una especie de milenario basural, se han hallado restos de conchas de moluscos, huesos de peces, lobos marinos, cetáceos, roedores, aves y guanacos. Además, entre estas “basuras”, se han encontrado herramientas líticas utilizadas para cazar animales, e incluso, faenarlos; también se han ubicado artefactos de molienda y extrañas piedras geométricas, de las que aún se desconoce su uso.

En el interior de la Región de Antofagasta, al este y el sureste de la actual ciudad de Calama, se ha localizado la presencia de cazadores recolectores que vivieron entre los años 9.000 y 7.500 a. de C., y que se conocen con el nombre de Tuina debido a que sus restos han sido descubiertos en las cuevas de San Lorenzo, Chulqui y, principalmente, Tuina. Todas estas cuevas se ubican en las cercanías de quebradas y aguadas con forraje, en las que había presencia de animales camélidos que eran cazados mediante el lanzamiento de dardos con puntas triangulares. Los pobladores Tuina también se asentaron en las laderas de las lagunas de la puna antofagastina.

Al igual que en la Región de Arica Parinacota, aproximadamente en el año 7.500 a. de C., las condiciones climáticas del altiplano se modificaron y se volvieron más áridas, lo que llevó a los cazadores recolectores a abandonar sus habitaciones en las cuevas, para establecerse en viviendas semisubterráneas de forma circular al aire libre. Uno de estos nuevos campamentos se ubicaba a 27 kilómetros al sur de San Pedro de Atacama, y estaba situado en la orilla del Salar de Atacama en la vega de Tambillo, por lo que a estos pobladores se les ha denominado con este último término. Los grupos Tambillo se desplazaban hasta las laderas cordilleranas para cazar vicuñas, guanacos y avestruces andinas, y para proveerse de piedras volcánicas que utilizaban para elaborar cuchillos, puntas de proyectiles y otras herramientas.

Otros grupos de Tambillo se emplazaban en el extremo norte del Salar, en donde desplazamientos de lodo y piedras habían cerrado la quebrada de Puripica, dando forma a una laguna que albergaba a animales silvestres, los que les servían como presas de caza. Debido a la extrema aridez que gradualmente adquiría el medio, la existencia de lagunas como Puripica era de máxima importancia para la vida de estas comunidades, y de hecho, la propagación de los asentamientos humanos en las cercanías de oasis, lagos y arroyos se transformó en la característica principal de esta etapa, la que se extendió hasta el año 4.000 a. de C. Cabe decir que a medida que las comunidades Tambillo presentes en la zona de Antofagasta se volvían sedentarias, algunos grupos seminómadas de cazadores recolectores del altiplano ariqueño se trasladaron hacia el sur, y dejaron sus rastros en las cuevas de Patapatane hacia el año 3.000 a. de C., en las que grabaron sobre las rocas figuras humanas junto a las siluetas de diversos tubérculos de altura.

Luego de la etapa conocida como Tambillo (7.500 a 4.000 a. de C.), en el periodo denominado Arcaico Tardío, entre los años 3.000 y 2.000 a. de C., grupos de pobladores de las laderas de la cordillera antofagastina mudaron sus campamentos hacia las quebradas emplazadas en alturas moderadas. En estas zonas, aprovechaban la presencia de forraje y de camélidos salvajes, además de extraer piedras para la confección de sus herramientas conocidas como microlitos; entre ellas se pueden encontrar puntas de proyectil con forma de hojas de laurel, y también hojas de cuchillos que usaban para faenar a los animales capturados.

Estos pobladores, al igual que sus antecesores, en verano subían a la alta puna a perseguir vicuñas y a buscar obsidiana, para descender en cuanto comenzaba el duro inverno altiplánico. Otros grupos bajaban hasta las orillas del salar y a las vegas ubicadas en sus proximidades, lugares en los que practicaban la recolección de los frutos de los algarrobos y chañares que les prodigaban la base de su dieta. Las habitaciones que componían estas aldeas de altura, conservaban la estructura de la etapa Tambillo y poseían plantas circulares, aunque existía más cantidad de construcciones, las que también requerían mayor complejidad en su edificación.

En el sur del Salar de Atacama, los grupos denominados Tulán se conformaron con la caza de camélidos salvajes y la recolección de frutos silvestres; sin embargo, en el límite norte del salar, los grupos Puripica iniciaron la domesticación de los camélidos, e incluso, los llegaron a reunir en rebaños que les proveían de lana y carne en forma constante. No obstante, aún practicaban la caza de presas silvestres.

A comienzos del segundo milenio a. de C., las comunidades Puripica se habían extendido por casi todas las quebradas del interior de la Región de Antofagasta, abarcando por el norte los cursos medio y superior del río Loa, lugar en que se les identificó como grupos Chiuchiu. Los grupos Chiuchiu, compuestos por cazadores domesticadores, se ubicaron por todos los vértices del oasis del mismo nombre, y por ello, los arqueólogos han detectado numerosos campamentos presentes en él. A una distancia de 35 kilómetros hacia el norte, en el llamado Alto Loa, los grupos chiuchiu establecieron campamentos de verano junto a los oasis y vergeles de la zona, los que se formaban por la acción volcánica del terreno.

En estas localizaciones fueron sorprendidos por extensos periodos de sequía, que trajeron como consecuencia la definitiva adopción de la ganadería de camélidos y el cultivo de algunas plantas comestibles. Los terribles efectos de la sequía en la zona, como la disminución de los vegetales que formaban parte de la dieta cotidiana, llevaron a los grupos chiuchiu a desplazarse estacionalmente hacia otros lugares para asegurar su subsistencia. En Caleta Huelén, ubicada en la desembocadura del río Loa, los arqueólogos han hallado restos de obsidiana, de plumas aves cordilleranas, y conchas marinas que comprueban la existencia de esta interacción entre el litoral y el interior de la región.