La esclavitud negra en Chile

A pesar de ser escasos en número, los esclavos negros de origen africano también constituyeron un grupo que aportaron a las tradiciones e historia de Chile.


La esclavitud negra fue permitida por el Imperio español durante la colonia, a pesar que una parte de la Iglesia Católica se oponía a ella. El argumento para autorizarla era que los negros africanos y sus descendientes nacidos en América no tenían alma. Se consideraba como esclavo a todo aquel hijo de un esclavo, aunque fuera el resultado de una mezcla racial. Así, el mulato, mezcla de blanco con negro, era esclavo; y el zambo, mezcla de negro con indio, también era esclavo.

Despejando mitos respecto de los esclavos en Chile.

Varios mitos se han dicho respecto de la esclavitud negra en Chile. Por ejemplo “que hubo pocos esclavos negros en Chile porque el clima era muy frío”. Lo cierto es que el clima no es ni tan frío, ni los negros incapaces de soportarlo. Lo verdadero es que por su alto precio fue considerado un articulo de lujo en la relativamente pobre colonia chilena. Ahí surge un nuevo mito, que dice “los esclavos en Chile solo trabajaban como sirvientes en las casas de los blancos criollos”. En verdad realizaron todo tipo de trabajos y no solo estuvieron en las casas de los blancos; pero es cierto que no fueron tan maltratados como en las zonas más ricas del Imperio.

La esclavitud en Chile.

Los primeros negros esclavos llegaron a Chile acompañando a los primeros conquistadores en el siglo XVI, utilizados para carga y como soldados. En los principios del siglo XVII se hizo necesaria su presencia para reemplazar la mano de obra indígena que estaba extinguiéndose. Y aunque hubo un importante tráfico humano, pronto los mestizos serán la mano de obra barata, dejando a los negros en los servicios personales. Muchos hacendados los compraban para simbolizar su éxito económico. Los entrenaban y eran los encargados de algunos actos claves en el campo, por ejemplo la vendimia. Los usaban también en el servicio doméstico en las ciudades, pero muy poco como mano de obra, tanto en talleres artesanales y en el comercio, a diferencia de lo que ocurría en el resto del Imperio español en que los negros eran la base de la producción.  En el Santiago de 1630 hay datos que indican que el 70% de los hogares tenían entre uno a cuatro esclavos, mientras que en algunos hogares concentraban hasta unas 25 personas sometidas a la esclavitud. Los datos permiten concluir que en general las familias podían darse este lujo.

Los esclavos libertos.

En la colonia de Chile los esclavos no podían andar solos de noche, ni tampoco portar armas, pero si disponían de tiempos de descanso, y algo de respeto, a pesar de tratarse de trabajadores gratuitos. Su alto valor era su seguro de vida, puesto que ningún dueño de esclavos quería que se fugara o muriese. A veces, pactaron con su dueño el salir a trabajar fuera del hogar de su amo, y el dinero que ganaba era en parte para su dueño, y el resto era para el esclavo. Los más ahorrativos podían finalmente comprar su libertad. Un caso particular es el de doña Blasa Díaz. Ella era una esclava mulata nacida en Lima que llega muy joven a Santiago. Dedicada al comercio, logra reunir lo suficiente como para liberarse a ella misma, y a su hija. Lo especial de esta historia es que ella después compró esclavos para su servicio. Estaba tan legitimada la esclavitud que incluso una ex-esclava, exitosa comerciante, también los tiene. Cabe señalar que doña Blasa muchas veces liberó esclavos, y no hay antecedentes de maltrato hacia ellos. En Santiago hubo juicios iniciados por esclavos, o algún enemigo de su dueño, en contra de sus amos por el trato dado. Las leyes establecían un conjunto de obligaciones hacia los esclavos, como por ejemplo alimentar y vestir.

El final de la esclavitud

Las cifras disponibles para el año 1700 señalan que en Chile vivían unos 15 mil esclavos, pero de estos la gran mayoría eran una mezcla con otras razas. Cuando en Chile se acabó definitivamente la esclavitud en 1823 quedaban menos de 5 mil, pues la mayoría había logrado su libertad por otros mecanismos legales.