La Hacienda Colonial
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En parte debido al declive de la actividad minera generado por la guerra contra la población local y la correspondiente baja en la cantidad de mano de obra disponible, las actividades agropecuarias experimentaron un progresivo crecimiento motivado por la mezcla de las técnicas agrícolas europeas y autóctonas.

Hacia fines del siglo XVI se inicio la exportación de cereales, cueros, sebos, frutas secas, charqui y otros productos, los que estaban dirigidos para el mercado peruano; esta situación se reforzó con la caída de la producción triguera del Perú, lo que desde 1678 en adelante convirtió a la colonia chilena como la principal proveedora de cereales del virreinato peruano.

El aumento de las exportaciones de trigo desde la segunda mitad del siglo XVII en adelante, fomentó una extensiva explotación de las tierras que trajo consigo el surgimiento de las grandes propiedades o haciendas. Las ganancias generadas por las exportaciones eran reinvertidas en la adquisición de manufacturas y otros productos que se importaban desde Perú; en este periodo los hacendados se transformaron en el principal sector de la sociedad colonial, y algunos de ellos llegaron a ostentar títulos nobiliarios y mayorazgos.

La hacienda se convirtió en el eje de las actividades agropecuarias e, incluso, llegaron a ser independientes ya que en ellas se producían todos los productos que se requerían para satisfacer las necesidades básicas de la población. En efecto, las haciendas no sólo poseían peones que realizaban las labores agrícolas, sino que además en ellas estaban asentados una serie de artesanos que fabricaban los productos derivados de la ganadería, como los cordobanes o el charqui. Junto a ellos, en las haciendas también habitaban los denominados inquilinos, que estaban encargados de custodiar los límites de las tierras incluidas en las haciendas.

Los propietarios de las haciendas eran considerados dueños de la voluntad de sus peones, y debido a la inexistencia o a la poca presencia de las autoridades, en la práctica el poder que ejercían no conocía censura. Por esta razón, la mayoría de las ciudades que se fundaron en el siglo XVIII fueron ubicadas en las cercanías de las haciendas con el objetivo de que las autoridades oficiales controlaran los excesos de los hacendados.