La oligarquía del 1900 en Chile

Las antiguas familias ricas de las propiedades agrícolas se unieron a las familias ricas por el comercio, dando origen a la oligarquía, que además de controlar la economía chilena, eran los gobernantes del país.


Durante tres siglos quienes controlaron el país eran los descendientes de los conquistadores españoles que habían recibido tierras quitadas a los nativos. Ellos crearon grandes haciendas que eran administradas por sus dueños prácticamente como si fueran un mundo aparte. Sin embargo, a fines del siglo XIX nuevos ricos comenzarán a manejar la economía del país. Estas fortunas emergentes surgen a partir de la actividad comercial en los puertos, extendiéndose luego a todo el país. Las familias de la antigua aristocracia, y los nuevos ricos se unirán, sellando mucha veces con matrimonios su alianza, pasando a controlar la economía y política del país, repartiéndose el poder, en lo que se llama oligarquía.  Las antiguas familias eran los Larraín, Errázuriz, Irrarázabal, Tocornal, Concha, Toro y otras. Los nuevos ricos correspondían a familias de apellidos tales como: Braun, Budge, Subercaseaux, Eastman, Ross, Waddington, Eastman y Edwards entre otros.

En la segunda mitad del siglo XIX era poco frecuente que un chileno viajara a Europa, los únicos que iban y volvían eran de la oligarquía. En sus viajes captaban modelos de lo que debía ser lo correcto, lo refinado. Así el arte se puso impresionista, la arquitectura neoclásica, los bailes en salones, la ropa de moda francesa. La oligarquía se afrancesa, ese es el idioma extranjero que debe aprenderse en las escuelas. Solo unas 50 familias podían costearse grandes mansiones, fiestas y una vida llena de viajes. Bajo los realmente ricos existen una serie de familias de profesionales, como abogados y médicos que pretenden ser lo mismo. No importa el endeudamiento ni cobrar demasiado por sus servicios, lo importante es aparentar riqueza, y estar en la sociedad. Y al estar en la sociedad era posible ser parte del exclusivo círculo de la política que gobierna el país. En las escuelas no solo se aprende lo que la ciencia y técnica necesita, si no que también arte, literatura, historia, todo lo necesario para lograr un ser humano refinado.

La libertad de prensa era un derecho, pero un derecho muy caro, pues para llevarlo a la realidad había que hacer publicaciones. Por lo tanto los diarios de la época eran propiedad de la oligarquía, destacando El Mercurio de la familia Edwards, que mantenía una línea editorial a favor del sistema gobernante. La competencia era esporádica, y lejos de ser objetiva, también defendía a un sector político en este caso opositor.

La oligarquía aumenta su riqueza a través de las exportaciones mineras, como materia prima, sin proceso industrial; por la actividad comercial, adquiriendo bienes manufacturados que son vendidos a alto precio, y por la agricultura extensiva, poco tecnificada del campo. No existe un desarrollo industrial, son como dice el historiador Gabriel Salazar “mercaderes” que compran barato y venden caro, explotando primero a la burguesía industrial que les vende, y luego al proletariado que les compra. Sin embargo, algo especial tiene debido a su influencia francesa. Hay una clara vinculación hacia las ideas liberales, que buscan fortalecer al Estado separándolo de la Iglesia, y por cierto, un fuerte impulso a la educación pública.

El derrumbe de la oligarquía ocurre cuando dentro de sus mismas filas surgen líderes con ideas renovadas, como Malaquías Concha y su especial preocupación por los pobres, como Enrique MacIver acusando al país por la injusticia social y Arturo Alessandri como candidato, triunfador, en contra de los “empresarios” salitreros. El Estado creador de industrias, las leyes sociales y el ascenso de la clase media pondrán fin a la época de la oligarquía.