La Promoción Popular

Uno de los principales objetivos del programa de gobierno de Eduardo Frei Montalva y la Democracia Cristiana era el incentivo e institucionalización de la organización popular en todos los niveles de la sociedad.


Con esta finalidad la administración Frei fomentó enérgicamente la formación de organizaciones que tuvieran como propósito generar espacios de participación para las masas, o sea, la gran mayoría de la población del país; el efecto que perseguía el gobierno de Frei era encauzar los hasta ese momento explosivos grupos de marginados del sistema social y económico imperante, que por lo demás eran considerados focos de peligro que podrían desestabilizar el orden institucional y constitucional.

En este contexto, a lo largo de todo el país se fomentó la creación de miles de juntas de vecinos, centros de madres, clubes deportivos, sedes sociales, centros de perfeccionamiento técnico para costureras y la formación de líderes comunitarios. En una primera instancia, los sectores de izquierda se mantuvieron alejados de las iniciativas de promoción popular impulsadas por Frei por considerarlas meramente estratagemas para facilitar la intervención electoral; sin embargo, no tardaron en intervenir en este proceso para aprovechar la tremenda significación política que estaba adquiriendo la organización de las masas populares.

Paradójicamente, la iniciativa de la promoción popular resultó ser un arma de doble filo para la Democracia Cristiana puesto que el alza inflacionaria que asoló a la economía chilena a fines de la década de los ’60 ocasionó que las organizaciones populares fomentadas por el gobierno se volvieran contra este y que los partidos de izquierda aumentaran su apoyo entre los grupos organizados.

En el ámbito sindical las intenciones de la administración Frei y su estrategia de la promoción popular se centraron en crear un referente que agrupara a los trabajadores y quebrara el dominio que en ese plano ejercía claramente la CUT, entidad que estaba controlada por partidarios comunistas y socialistas. Con esta intención el gobierno democratacristiano creó en el año 1965 el Comando Nacional de Trabajadores; no obstante, sus propósitos no fueron alcanzados a cabalidad y sólo se lograron resultados modestos.

Por otro lado, la estrategia de la promoción popular no logró contener a las masas populares fracasando en la consecución de uno de sus principales objetivos. La principal razón de esta situación se suele adjudicar al recrudecimiento de la espiral inflacionaria que afectaba a la economía chilena y que progresivamente disminuía el poder adquisitivo de los ciudadanos del país. De la misma forma en que terminó sus últimos años la administración gerencial de Alessandri, el gobierno de Frei fue incapaz de controlar la inflación y debió enfrentarse a una serie de reivindicaciones sociales apuntaladas por diversos de la ciudadanía chilena. En estas condiciones las tomas de terrenos protagonizadas por comuneros agrícolas, las ocupaciones de las fábricas por parte de los obreros, y la realización de concurridas protestas callejeras fueron claros síntomas del clima de polarización en que estaba cayendo la sociedad chilena y de la radicalización en que habían incurrido una serie de grupos antisistémicos.

En coherencia con el aumento de las movilizaciones de reivindicaciones sociales, las estrategias desplegadas por el gobierno para contenerlas se tornaron más violentas. El estilo de marcada violencia que desplegó el gobierno de Frei para reprimir las protestas sociales tuvo su corolario en la matanza de Pampa Irigoin, perpetrada en el año 1969, una localidad ubicada en las inmediaciones de Puerto Montt que fue escenario de enfrentamientos entre trabajadores y contingentes de carabineros enviados especialmente a contener y a desalojar a los trabajadores que habían ocupados aquellos terrenos. El resultado de la acción represiva de las fuerzas estatales fue la muerte de ocho manifestantes, a lo que se sumó un saldo de más de 50 heridos. Los sectores de izquierda responsabilizaron al entonces ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, quién dos años después resultaría asesinado en un atentado que se atribuyó un desconocido grupo subversivo que se hacía llamar la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), organización que justificó su ataque con los sucesos de Pampa Irigoin.

Son varios los factores que explican la radicalización de diversos sectores de la sociedad chilena; por un lado, se suele citar a la oleada revolucionaria que recorrió a los países occidentales durante la década de los ’60; entre los acontecimientos que pusieron en jaque al capitalismo podemos nombrar la consolidación de la Revolución Cubana, encabezada por las figuras de Fidel Castro y el Che Guevara; el Mayo francés de 1968, un movimiento de protestas que fue liderado por los estudiantes y profesores universitarios de Francia y que fueron reforzados por las poderosas organizaciones sindicales de los trabajadores galos; el movimiento por los Derechos Civiles que se organizó en los Estados Unidos; el surgimiento de los Panteras Negras y el ensalzamiento del denominado Black Power; las protestas contra la guerra de Vietnam, etc.

Finalmente, es preciso señalar que la radicalización de los planteamientos políticos de los sectores de izquierda fue motivada por el omnipresente rol hegemónico que ejerció la Democracia Cristiana en el escenario político, y complementada por la efervescencia que adquirieron las movilizaciones reivindicativas, las que generaron la percepción, compartida por amplios y diversos grupos sociales, de que el sistema imperante no era capaz de satisfacer las urgentes demandas de la mayor parte de la población chilena.