La Reforma Educacional

En el año 1965 la administración Frei haciendo eco de las nuevas orientaciones que iba tomando la economía mundial y considerando la implicancia de los sistemas educativos en el desarrollo de las sociedades capitalistas, comenzó la implementación de una reforma educacional que afectó a la enseñanza escolar y universitaria; en primer lugar los esfuerzos de gobierno de focalizaron en la Educación Media, y posteriormente, en el año 1966, se transformó el sistema de ingreso a las universidades.


En este último aspecto el gobierno de Frei sustituyó la tradicional prueba de bachillerato por la Prueba de Actitud Académica, un test de conocimiento que se componía de dos pruebas obligatorias (Verbal y Matemáticas) y una de carácter voluntario (Historia y Geografía de Chile), además de una prueba específica según la especialidad que escogían los candidatos a la Educación Superior. Es preciso señalar que estas modificaciones no fueron bien vistas por los grupos más tradicionales de la sociedad chilena y se vieron puestas en duda por los propios estudiantes, profesores y universidades.

Como acabamos de indicar, la enseñanza universitaria también sufrió una transformación, pero a diferencia de las anteriores fue producto del resultado de iniciativas emanadas de los programas estudiantiles discutidos por profesores y alumnos. A inicios de la década de los ’60 los alumnos de la Universidad de Chile, reunidos bajo la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FEUCH), dieron pie a la reforma universitaria tras protagonizar una serie de movilizaciones (protestas callejeras y, principalmente toma de facultades) que clamaban por cambios profundos en la estructura del régimen académico universitario.

El movimiento reformista de los estudiantes se expandió por el país en el año 1967 y alcanzó a la Universidad Católica de Santiago y a la Universidad Católica de Valparaíso, junto con a otros planteles como la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad de Concepción, la Universidad Católica del Norte, la Universidad Técnica del Estado, y por supuesto la Universidad de Chile.

En la Universidad Católica el proceso reformista se inició con el planteamiento de una serie de peticiones por parte de los estudiantes, las que se centraban en modernizar y democratizar a la universidad. Las propuestas de los estudiantes fueron apoyadas por algunos miembros del plantel académico y entre las más importantes se pueden señalar: el cogobierno de la universidad, o sea la participación de lo estudiantes en la toma de decisiones; la presencia de funcionarios administrativos y académicos en el gobierno de la universidad; la apertura de la institución hacia todos los sectores de la sociedad chilena; el estímulo y fomento de la investigación científica, y la orientación de esta hacia el desarrollo del país. Sin embargo, la rectoría hizo caso omiso de las reivindicaciones estudiantiles y provocó una efervescente respuesta por parte de los alumnos, quienes se declararon en paro indefinido y se tomaron la Casa Central de la institución pontificia; es preciso destacar que este último hecho no tenía precedentes en la historia de la universidad. La complicada situación sólo fue resuelta con la intervención de la jerarquía eclesiástica, la que destituyó al rector y puso en su lugar al arquitecto laico Fernando Castillo Velasco, el que atendió a las propuestas programáticas de los estudiantes y dio curso a una reforma que modificó la estructura de la Universidad Católica.

El movimiento estudiantil que reformó a la Universidad Católica tuvo un gran impacto en el resto de los universitarios del país y, además, señaló que los estudiantes se habían convertido en un actor relevante de la evolución política de la nación; de esta forma, el movimiento reformista repercutió en los demás planteles de Educación Superior. En la Universidad de Chile y en la de Concepción, los estudiantes lograron acceder al gobierno y obtuvieron el 33% de ponderación en la elección de los rectores.