La Religión en Rapanui

Al igual que las demás sociedades polinésicas, el pueblo rapanui es una cultura que organiza su vida cotidiana en torno a sus creencias espirituales y religiosas; de hecho, gran parte de historia de la Isla de Pascua esta determinada por la evolución de los diversos cultos religiosos que componen la tradición espiritual rapanui.


Para valorar la importancia de la religión entre los pascuenses, es preciso recordar que el ariki, la principal autoridad de la isla, era considerado de origen divino y que las principales actividades productivas eran controladas por la casta de los sacerdotes; sobre este último punto, también debemos tener en cuenta la alta presencia de gigantescas construcciones destinadas al culto religioso, como son los ahu y los moai.

Como ya hemos mencionado, la vida cotidiana de los pascuenses estaba definida por los ritos religiosos. Estos comenzaban en el momento del nacimiento con el corte del cordón umbilical, y continuaban en los primeros años de infancia con el primer corte de pelo y la postura del primer taparrabo; posteriormente, a los ocho años, los niños recibían el primer tatuaje, el que llevaban en las piernas.

Una vez superada la etapa de la infancia, los jóvenes eran sometidos a los ritos que marcaban su iniciación en la adultez; el principal de ellos era la celebración de la pubertad, que consistía en la reclusión por varios meses, de niños y niñas pascuenses en la pequeña isla de Moto Nui, la que se encontraba frente a la aldea ceremonial de Orongo.

En esta isla, los jóvenes recibían instrucción en diversos campos de la cultura rapanui: los oficios, las tradiciones, el arte de la guerra; en esta especie de escuela, además, los jóvenes practicaban juegos de destreza y habilidades físicas que servían a los maestros instructores para seleccionar a los más aptos: los elegidos pasaban a desarrollar especialidades artesanales vitales dentro de la sociedad rapanui: los tatuajes, la escritura, la escultura y la cantería.

Así como los ritos religiosos se iniciaban desde el momento del nacimiento, los que tenían relación con la muerte también eran de gran importancia y trascendencia para el pueblo pascuense; la principal razón de ello, radica en que el culto a los antepasados es una de las principales características de la sociedad rapanui. Aunque las prácticas funerarias pascuenses no incluían la momificación de los difuntos, sí desarrollaron una particular modalidad para tratar a los cadáveres de los miembros poderosos de los diversos linajes.

Esta modalidad consistía en envolver los cuerpos de los muertos en telas vegetales, para luego exponerlos al aire libre en el interior del ahu de cada linaje; una vez que el cuerpo se descomponía, los huesos del difunto eran lavados y depositados en una cámara funeraria (una especie de mausoleo del ure) que se hallaba en el mismo ahu. La finalidad de esta acción era que el alma del difunto se pudiera reunir con las almas de sus ancestros, una vez que abandonaba el mundo terrenal. Finalmente, los miembros del linaje recordaban al difunto en el ceremonial del Paina, la que era un acontecimiento de gran relevancia social: durante este ritual, los deudos del fallecido erigían frente al ahu, una gran efigie formada de palos y telas, que representaban la imagen del ancestro recordado.

Junto a las tradiciones religiosas relacionadas con el ciclo vital de los hombres, la sociedad pascuense también desarrolló costumbres relativas a la presencia de espíritus en la comunidad; estos conformaban una dualidad entre el bien y el mal, y se podían encarnar tanto en animales como en objetos. En relación con esta afirmación, debemos recordar que los rapanui consideraban que al ariki o rey, poseía poderes mágicos que se conocían con el nombre de maná, y que le permitían a este asegurar la fecundidad de las cosechas y la preeminencia sobre los espíritus malignos.

La tradición ancestral pascuense señala que en tiempos del rey Hotu Matu´a, uno de los artesanos que los acompañaron en su viaje desde la legendaria Marae Renga observó a los espíritus y decidió representarlos, tallando sus figuras en un trozo de madera dándoles forma de seres humanos. Lo interesante de este acontecimiento, es que se estima que fue el comienzo del desarrollo de la impresionante tradición constructora de los rapanui, la que se vio reflejada en los ahu y los moai.