Liberales contra conservadores

Después de la Independencia dos fuertes tendencias políticas se disputan el control del Estado. Normalmente será una decisión democrática, pero una guerra civil definirá el resultado.


Un solo grupo social controlaba la política chilena. Se trata de los criollos, el mismo grupo que había luchado por la independencia contra los españoles. Pero este grupo está dividido en cuanto a lo que se debe hacer con el país. Las divisiones van desde la participación de las provincias en el gobierno, hasta la relación con la Iglesia Católica. Estos grupos eran los conservadores y los liberales.

Los Conservadores estaban conformados por las familias de los grandes hacendados chilenos, dueños de tierras. Su idea del Estado Unitario se traducía en la práctica en un continuismo con la forma de administración española. Desde la capital Santiago se deben tomar todas las decisiones que afectan a todo el país. El poder ejecutivo tendría muchísimas más atribuciones que los otros poderes del Estado, tal como eran los gobernadores españoles. Se elegiría a un Presidente, pero, el derecho a voto debe estar limitado a las personas que sean propietarias o bien que dispongan de una renta, lo que se conoce como “voto censitario”. La relación con la Iglesia Católica es muy estrecha, debiendo existir una mutua protección, siendo la toma de decisiones del Estado afecta a las opiniones de los Obispos.

Los Conservadores fueron llamados por sus rivales como “Pelucones”, en referencia a las pelucas blancas que se usaban en el siglo XVIII, que además de lo estético tenían un sentido práctico: que los piojos quedaran en ellas y no el cabello. El apodo daba a entender que eran personas que se habían quedado en el pasado.

Los Liberales estaban conformados por gente relativamente joven, que ejerce profesiones universitarias y por el grupo de los grandes comerciantes. Ellos tenían la propuesta de equilibrar los poderes del Estado, dejando al Presidente sin la atribución de legislar. Las provincias tendrán representantes en la toma de decisiones. La Iglesia Católica debía distanciarse del Estado en la toma de decisiones. Un subgrupo liberal, llamado los federalistas proponía la creación en Chile de una República Federal, a semejanza de Estados Unidos.

Los Liberales fueron llamados por sus rivales como “Pipiolos”, una expresión derivada del sonido los pollitos al salir del cascarón: “pio-pio”, dando a entender que era gente recién nacida que no entendían nada de la vida.

Los conservadores y liberales se enfrentaron en el control del país desde la renuncia de O’Higgins en 1823. Cuando asumió ese año el general Ramón Freire, que después se convertiría en un ferviente liberal, se redacta una Constitución Política conocida como la Moralista. En ella se establecía la división de los poderes deseada por los liberales, con un Presidente elegido por cuatro años y un Congreso bicameral. Por otra parte en la Constitución había elementos ultraconservadores, tales como la obligatoriedad de ser católico, y la existencia de un registro de actos contra la moral que debían ser prohibidos. Esta Constitución de extraño consenso se dejó de usar antes de cumplir un año. Durante el resto de la dictadura de Ramón Freire se terminó definitivamente con la esclavitud negra en Chile y se derrotó a los últimos españoles que resistían en la zona sur de Chile. Tras su renuncia asumió el poder con el título de Presidente de la República Manuel Blanco Encalada. Durante su breve gobierno se intentó establecer el Federalismo, pero no pudo hacerse realidad debido a la poca población educada que había en provincias, y por la resistencia de la sociedad Santiaguina. En 1827 el nuevo presidente interino Agustin Eyzaguirre vivió las dificultades de gobernabilidad por los intentos de federalismo, debiendo renunciar. Restablecido el orden por el general Ramón Freire, asume la presidencia el también militar Francisco Antonio Pinto, quien es apoyado por una alianza entre federalistas y liberales, quienes al año siguiente establecen la Constitución de 1828. En términos generales se rescatan varias ideas de la Constitución de 1823, como el Congreso bicameral y la independencia del poder judicial. Como novedades, existirán un Presidente y un Vicepresidente elegidos por representantes de las provincias, que durarían en el mandato por 5 años. Se establece además a la religión católica como la oficial del Estado, pero existirá tolerancia religiosa.

El sistema entró en crisis en 1829 cuando hubo que elegir vicepresidente. Los conservadores se organizaron tras el ejército, en especial los generales Joaquín Prieto y Manuel Bulnes. El general Freire en un inicio estuvo con los conservadores, debido a sus diferencias con Francisco Pinto, pero pronto se preparó para enfrentar a los generales sublevados. Se inicia una guerra civil. En 1830 los liberales son ampliamente derrotados por los conservadores.  Se impone por la fuerza la política conservadora, que se legalizaría en la Constitución de 1833, que incluye todas las ideas de los “pelucones”.