Minería en el Chile del siglo XIX

El encontrar mineral de plata en 1832 fue el inicio de dos siglos de riqueza económica que ha permitido el desarrollo de Chile. Durante el siglo XIX además de la plata, fueron el cobre, el salitre y el carbón los minerales que dieron sustento al país.


En 1832 Juan Godoy encontró mineral de Plata en Chañarcillo, cerca de Copiapó, entonces extremo norte de Chile. Vendido a la familia Gallo supieron ellos transformarla en el sustento de Chile, hasta su cierre en 1875.  Durante ese periodo más de noventa minas fueron explotadas, agotando el mineral. Sin embargo, a cambio, Chañarcillo entregó un desarrollo inimaginable en el norte del país. Tuvieron el primer ferrocarril en Chile, los mejores teatros, una prosperidad que la actual Tercera Región de Atacama nunca ha vuelto a tener. En cifras la producción minera de plata aumentó de una media anual de 8500 kilos a una media anual de 125000 kilos.  En 1870 otro gran yacimiento de plata es descubierto junto a la frontera con Bolivia. Es el mineral de Caracoles, descubierto por José Díaz Gana. En solo cinco años de explotación se extrajeron más de 850 mil kilos de plata, que generaron a sus dueños utilidades equivalentes a las exportaciones chilenas de todos los productos agrícolas. El auge de la plata se transformó en una crisis económica cuando estos yacimientos se agotan, alrededor de 1876.

El cobre es un mineral que se convirtió en cada vez más valioso a medida que la revolución industrial avanzaba. Así las exportaciones chilenas que en 1826 eran de 60 toneladas, en 1835 habían aumentado a más de 12 mil toneladas. El uso principal era para producir bronce, con el cual se fabricaban todo tipo de artículos. En 1852 José Urmeneta redescubrió un antiguo mineral de los diaguitas en el Talinay, cerca de Ovalle. Llamada mina de  Tamaya, con una alta ley de mineral, se hablaba de un 60%, con una inversión importante quedó unida por ferrocarril al puerto de Tongoy, con lo que se facilitaba su exportación. La producción de cobre chilena se estima para 1876 en más de 50 mil toneladas métricas, equivalentes a un tercio de la producción mundial. Sin embargo el buen negocio, y sobre todo las perspectivas futuras de este mineral con el desarrollo de la electricidad, motivaron una fuerte competencia a nivel mundial, que llevó a Chile hacia el año 1900 a tener apenas un 3% de la producción mundial. Aún así, en lo que es la actual Cuarta Región de Coquimbo, los recursos dejado por el cobre permitieron financiar obras de regadío que convirtieron a sus valles es fértiles campos.

El salitre es un producto del mineral de Caliche, un tipo de sal que tenía usos muy opuestos en el siglo XIX: servía para ayudar a la vida al ser utilizado para abonar las tierras y convertirlas en de alto rendimiento agrícola, y también era uno de los componentes de la pólvora, explosivo utilizado en la explotación minera y sobre todo en las guerras. Muchos chilenos se fueron a trabajar a los yacimientos de caliche que estaban en territorio boliviano, que pertenecían a capitales británicos y de otros países. A estos campamentos mineros se les decía oficina salitrera, y en ella se compraba el caliche a precios muy bajos y se le trasnformaba en salitre y yodo, que podían ser vendidos a volores muy altos. En 1879 Chile ocupó las oficinas salitreras que estaban en Bolivia y Perú, en lo que se conoce como Guerra del Pacífico o Guerra del Salitre. Derrotados peruanos y bolivianos en forma definitiva en 1883, las riquezas de lo que es el actual norte de Chile pasaron a manos privadas, muchas veces capitales privados, pero con altas tasas tributarias, que permitieron al Estado chileno desarrollar una gran expansión en ferrocarriles, educación, ejército y salud. El ciclo del salitre comienza a finalizar durante la Primera Guerra Mundial cuando se empieza a fabricar salitre artificial, y se cierra con la crisis económica mundial de 1929, cuando Estados Unidos dejó de comprar salitre, provocando un cierre masivo de oficinas salitreras.

El carbón comienza a ser explotado cerca de Concepción a partir de 1840. Su destino era una pequeña exportación a Perú y para uso interno empleado para fundir mineral de cobre. En 1852 el latifundista Matías Cousiño junto a Tomas Bland compran tierras cerca de Lota, iniciando la explotación de una serie de minas de carbón. Su auge fue durante la expansión de los ferrocarriles que lo empleaban para mover sus locomotoras a vapor. Otros empresarios mineros como José Urmeneta también invirtieron en la zona para explotar carbón, logrando Chile exportar hacia el año 1900 unas 40 mil toneladas de mineral. El ciclo del carbón se termina con el fin del uso del carbón para ferrocarriles y por no tener la suficiente calidad para producir acero.