Misión Klein-Saks

En 1955 debido a la inflación desatada en Chile se contrató la consultora Klein-Saks para que modificara las políticas económicas del gobierno de Ibáñez.


Con la finalidad de analizar objetivamente la economía chilena llegó a Chile la Misión Klein & Saks, consistente en un grupo de expertos norteamericanos. Por primera vez se entregaba la conducción económica a una consultora privada, la cual no solo deberá revisar la política monetaria si no que todo el modelo económico basado en la Industrialización por Sustitución de Importaciones.

La Misión fue bienvenida por los sectores de derecha del país y tuvo la fuerte oposición de la izquierda, que le molestaba por sobre todo que los expertos fueran de una economía industrial asentada como la estadounidense.

La Misión comenzó a analizar la realidad chilena, concluyendo que el problema era estructural: Chile consumía más de lo que producía. Esto significa una presión inflacionaria por la escasez de divisas y otra por el gasto social. La Misión llegó al siguiente análisis (expresado en su informe final de 1957):

La economía chilena estaba entrampada por la “búsqueda de rentas” de diversos grupos en pugna, que presionan al gobierno por diversas vías. El conflicto se resolvía de la siguiente forma:

  •  Con mayor gasto público que se financiaba con emisiones de billetes, lo que producía más inflación.
  • Con reajustes arbitrarios y diferenciados de remuneraciones a algunos sectores, sin tomar en cuenta su valor productivo. Esto era por las presiones a través de huelgas y era especialmente grave cuando los favorecidos eran los empleados públicos, cuyos sueldos se financiaban con las rentas del sector industrial.
  • Con alzas de precios de los productos elaborados por algunos sectores,  sin considerar sus reales costos (debe recordarse que los precios de venta los fijaba el Estado).

La Misión informa que todo “degeneró en una verdadera guerra civil  económica entre los grupos y clases en que el país se había ido dividiendo” –empleados, obreros, comerciantes, agricultores, exportadores, importadores y el propio gobierno -. Todos trataban de obtener una mayor tajada del escaso dinero fiscal. Finalmente, la Misión establece que esta lucha no solo afectaba la inflación, sivno que en cadena reducía el ingreso nacional y como último eslabón amenazaba toda la estructura democrática. Para la Misión otras causas del poco desarrollo económico como la lejanía de los mercados mundiales y el pequeño mercado interno,  eran secundarias en comparación a la mala administración del país.

La misión sugirió modificar el modelo económico, llevándolo a uno de tipo neoliberal. Esto significa en la práctica liberalizar el mercado exterior, subir las tasas de interés, privatizar empresas estatales, reformar el sistema de previsiones, bajar el gasto social y lograr una disciplina monetaria, es decir imprimir sólo los billetes necesarios. Hubo una especial consideración respecto del cobro de impuestos, señalando que la utilización del sistema tributario debe ser un instrumento que aliente el desarrollo del país, que no afectara el ahorro y la inversión, y no tener tasas tributarias de acuerdo a los vaivenes del precio del cobre, pues así las fuentes de ingresos del Estado se hacen inestables y por lo tanto también sus gobiernos.

A fines de 1955 el gobierno de Ibáñez aceptó las propuestas y la Misión inició su trabajo activo. La Misión Klein-Saks logró en un periodo de dos años reducir la inflación desde un 77,5% a un 17,2, lo cual si bien sigue siendo alto de acuerdo a los parámetros actuales, para esa época es considerado como bueno. También fue satisfactorio el crecimiento del Producto Interno Bruto, llegando a un 5,2% anual. Sin embargo, las políticas de  comercio exterior perjudicaron a los pequeños empresarios y en consecuencia a muchos trabajadores. Al disminuir el gasto social se frenó la superación de la pobreza, y la desigualdad de ingresos aumentó.

Las reacciones de la gente estallaron en abril de 1957, cuando el alza de la locomoción colectiva llevaron a los universitarios y obreros a protestar en las calles. Hubo quemas de microbuses y saqueos. Murieron 20 personas, y el gobierno debió controlar el orden a través del uso del ejército. Muy debilitado en su popularidad el Presidente Ibáñez no renovó el contrato con la Misión, accediendo a las demandas sociales. La inflación volvió a subir.