Presidente José Balmaceda.

La fuerte personalidad de Balmaceda y los intereses económicos particulares, llevaron a una crisis política que desembocaron en una Guerra Civil.


De joven llegó a ser casi un sacerdote, sin embargo, en una vuelta de su vida cambia a un liberalismo enfocado en el desarrollo de la República. Durante el gobierno de Domingo Santa María fue nombrado sucesivamente en varios Ministerios, en que se dio a conocer su pasión por el servicio público, pasión que era a su vez su principal defecto pues se cerraba en sus ideas. En 1886 fue candidato único, siendo elegido Presidente de la República para el periodo 1886-1891.

Obras de su gobierno

Balmaceda se enfocó en dos importantes áreas: el desarrollo de la educación y la realización de obras públicas. Para financiarlo todo utilizó los impuestos cobrados por las exportaciones de salitre. Su proyecto de gobierno incluía cambiar la propiedad del salitre, rompiendo con el monopolio de John Thomas North y con el incremento de recursos que esto significaría iniciar la industrialización del país. Precisamente fue  North uno de sus principales rivales en su gobierno, actuando como benefactor oportunista en Iquique, y pagando a diputados para que le hicieren una oposición total en el Congreso.

Concretamente durante su gobierno se canalizó el río Mapocho, se hicieron importantes obras para el tendido de vías férreas, por ejemplo el viaducto del Malleco, se creó el Instituto Pedagógico y varias edificaciones públicas, tales como el Internado Nacional, la Escuela Naval y la Escuela de Artes y Oficios. Para reconciliar a la Iglesia con el Estado acordaron un candidato de consenso para ser Obispo de Santiago, nombrándose a Mariano Casanova. Aunque intentó mantener la alianza entre liberales y nacionales, el rompimiento entre ambos sectores significó que los nacionales pasaran a la oposición a su gobierno, y además la pérdida de hombres muy valiosos en su gobierno, tales como Pedro Montt y Agustin Edwards.

Crisis política

La división política fue subiendo de temperatura a medida que avanzó el año 1890. Los gabinetes de Balmaceda eran rápidamente desarticulados por el Congreso, y el Presidente lejos de negociar buscando acuerdos, se enfrascaba en sus ideas que no eran apoyadas por la mayoría parlamentaria. Para complicar más las cosas, Balmaceda quiso nombrar a su sucesor a través de la intervención electoral, pero eso era imposible dadas las circunstancias por las que pasaba el país. En 1891, al no existir acuerdo respecto del Presupuesto Fiscal para ese año, el Presidente Balmaceda debió prorrogar el del año anterior. Eso era inconstitucional, por lo tanto Balmaceda se puso fuera de la ley. Así el 6 de enero de 1891 el Congreso encargó al entonces Capitán de Navío Jorge Montt que restableciera el orden constitucional. Fue una verdadera declaración de guerra.

Guerra Civil de 1891

Las acciones de guerra se declararon muy pronto. El 26 de enero de 1891 es el primer combate en Zapiga, que dio triunfo a los Presidencialistas. Sin embargo, pronto el Congreso se hizo fuerte en Iquique, logrando un contraofensiva que les permitió controlar la rica zona salitrera. El 12 de abril de 1891 se organiza la Junta de Gobierno de Iquique, donde reinaba Thomas North, compuesta por: Waldo Silva, Senador; Ramón Barros, Diputado; Jorge Montt, Capitán de Navío (que pronto será Almirante).

Mientras tanto en Santiago Balmaceda asume una dictadura en que se realizan arrestos arbitrarios, se cierran diarios y se ejecuta sin juicio previo a sospechosos de atentar contra el gobierno, tal como fue la Matanza de Lo Cañas. Una epidemia de cólera complicará aún más a la población por aquellos meses.

Las acciones bélicas se prolongaron hasta agosto de 1891, en que cerca de Valparaíso, es derrotado el Presidente por las fuerzas congresistas (que se hacían llamar los “constitucionalistas”). El 29 de agosto Balmaceda se refugia en la Embajada de Argentina, donde escribirá un carta a sus amigos Claudio Vicuña y Julio Bañados, en la cual describe los hechos que ocurren en el país y plantea una idea que será conocida como su testamento político: “Sólo en la organización del Gobierno popular representativo con poderes independientes y responsables y medios fáciles y expeditos para hacer efectiva la responsabilidad, habrá partidos con carácter nacional y derivados de la voluntad de los pueblos y armonía y respeto entre los poderes fundamentales del Estado”.

Balmaceda se suicidó el 19 de septiembre de 1891, un día después de finalizar su mandato constitucional como Presidente.