Estatización de las industrias en Chile

El programa de gobierno de Salvador Allende consideraba la existencia tanto de empresas estatales como privadas. Sin embargo, al avanzar su gobierno la tendencia fue de estatizar todos los medios de producción.


Durante su campaña política en 1970 Salvador Allende había dicho que: “De las 30 mil Industrias existentes, incluyendo la artesanal sólo unas 150 controlan monopólicamente todos los mercados, con la ayuda del Estado y el crédito bancario, explotan al resto de los empresarios industriales del país” y sólo esas 150 serán expropiadas en beneficio del Estado. La existencia de empresas privadas en un modelo socialista no cuadraba en ese tiempo en que el país estaba tan ideologizado, ya sea en las ideas capitalistas o bien socialistas. En otras palabras, siendo Allende un socialista muchos no le creían que no habrían estatizaciones masivas.

Plano teórico de la estatización en Chile

La teoría era muy simple: las empresas privadas no rinden al máximo para evitar llenar el mercado con sus productos y que éstos bajen de precio. Para lograr aumentar la producción, y de paso bajar la cesantía y los precios, era necesario ocupar la capacidad ociosa de las industrias. Como esto era improbable que lo hiciera el empresario privado, había que estatizar, es decir que el Estado la interviniera y controlara. La teoría no consideraba aspectos sociológicos de las relaciones laborales en Chile, como por ejemplo, la muy baja productividad del trabajador chileno, y la importancia del empresario en cuanto a la exigencia en el cumplimiento de las labores, y la experticia de este para resolver eventualidades, como por ejemplo, retrasos de proveedores, fallas en la maquinaria, problemas en la distribución, etc.

La nacionalización “legal”

En 1971 con el apoyo de todos los sectores políticos se nacionalizaron las mineras de cobre. Esto hizo pensar al gobierno de Allende que sería fácil aprobar el proyecto de estatización de las grandes empresas. Sin embargo, una fuerte oposición en el Congreso lo impidió. Sin embargo, el Presidente Allende no echó pié atrás, y decidió utilizar un antiguo Decreto Ley del año 1932,  el número 520 hecho por la breve República Socialista Chilena. En esa norma legal se establecía que si una empresa no era productiva, si no era capaz de hacer lo que su permiso para funcionar establecía, debía ser intervenida por el Estado, el cual a través de un funcionario dictaminaría las cuotas de producción. Todo se encuadra en la economía de planificación centralizada que el gobierno de Allende quería establecer en Chile. Se comenzó interviniendo empresas realmente ineficientes, pero pronto se dio el paso a estatizar a prósperas industrias, que por décadas habían funcionado sin problemas. Lo que se hacía era una paralización de actividades, lo cual era disciplinadamente cumplida por los trabajadores de esa empresa. Se decretaba que aquella industria no estaba produciendo, se nombraba a un interventor, que muchas veces no era un profesional de la administración, se marginaba a los dueños de la empresa y se procedía a cumplir con la planificación centralizada. El resultado inicial fue un importante crecimiento económico de un 7%, aumentando la actividad industrial en un 14% en el año 1971.

Las críticas a las estatizaciones

El proceso que en un principio fue ordenado desembocó en tomas de industrias para que ésta paralizara y así tener el argumento legal para su intervención. Bajo ese expediente el Estado logró controlar el 80% de las 30 mil industrias chilenas. Cuando se ocupó toda la capacidad ociosa ya no hubo cómo crecer más. No había una planificación de inversiones en nuevas maquinarias, ni búsqueda de nuevos mercados. Solo era utilizar al máximo lo que ya existía. En muchas industrias al no tener un administrador profesional (en algunos casos se habían nombrado como interventores a docentes, médicos, abogados) las decisiones tomadas eran incorrectas para cumplir los objetivos de la empresa. Ante la ignorancia del jefe, y de la imposibilidad de este para ejecutar sanciones contra los malos trabajadores, se produce una apatía que paulatinamente hará bajar la productividad. Una forma de no trabajar fue el hacer huelgas solidarias por cualquier cosa. Lo concreto en que lejos de trabajar por el éxito colectivo de la nueva política económica, se observa mas bien la búsqueda del beneficio personal. Los primeros signos del fracaso a largo plazo de la estatización se aprecian a mediados de 1972.