Hispania Romana

La península Ibérica formó parte del Imperio Romano. Conoce cómo su ocupación dejó una innegable huella linguística y religiosa.


La Conquista Romana

Iberia fue un gran botín que se disputaron Roma y Cartago en las guerras púnicas. El objetivo era económico, esto es, dominar las rutas comerciales al oeste de Gibraltar, y las minas de plata y cobre. La derrota de Cartago en el 206 a.C. le permitió a la entonces república romana dominar la costa del Levante y el extremo sur peninsular.

Tras medio siglo de relativa tranquilidad se producen entre el 155 a.C. y el 133 a.C. las guerras celtíberas, en que de diversas formas se producirá una resistencia a Roma. En una de ellas Viriato, un caudillo lusitano en forma sorpresiva atacaba a los romanos. A este tipo de combate se le denomina “guerra de guerrillas”. Otra forma de resitir lo vemos ejemplificado en Numancia, donde la mayoría prefirió el suicidio a ser esclavizado por Roma.

Finalmente, se producen las guerras Cantabras, entre los años 29 a.C. y 19 a.C.; en que el emperador romano Octavio Augusto incluso estuvo presente en su inicio. Astures, Cántabros y Vascones caerán sucesivamente al control romano.

Provincias Romanas

Roma en el año 56 a.C. dividió en dos provincias a la península Ibérica:

  • Hispania Citerior, con capital en Tarraco, ubicada al Este.
  • Hispania Ulterior, con capital en Corduba, ubicada al Oeste.

Después de la conquista definitiva en los tiempos de Augusto, el 10 d.C. se redividió en:

  • Tarraconensis, con capital en Tarraco, ubicada en la mitad norte de la península.
  • Beatica, con capital en Corduba, ubicada en el sur peninsular.
  • Lusitania, con capital en Emerita Augusta, ubicada en el suroeste.

En el 285 d.C. el emperador Dioclesiano rehizo la división administrativa de Roma, dejando a la península Ibérica con las siguientes provincias:

  • Beatica, con capital en Corduba, en el extremo sur.
  • Balearica, con capital en Palmas, en las islas Baleares.
  • Cartaginense, con capital en Cartago Nova, en el Levante.
  • Gallaecia, con capital en Braga, en el noroeste.
  • Lusitania, con capital en Emerita Augusta, en el suroeste.
  • Tarraconense, con capital en Tarraco, en el noreste.

Los Romanos tenían ya una larga experiencia administrando grandes territorios, por lo tanto la creación de provincias fue lo más obvio. Cada provincia elegía a los magistrados que en definitiva eran quienes gobernaban el lugar. Como fuerza militar a cada provincia se enviaba una legión, es decir unos 6000 infantes y unos 300 jinetes.

Aunque en un principio el dominio romano fue considerado por los ibéricos como una forma de esclavitud, al pasar los años se convirtió Hispania en una rica región. Se establecieron legalmente ciudades privilegiadas entre aquellas que siempre fueron leales con Roma. En el año 212 el emperador Caracalla hizo el Edicto que lleva su nombre y con el cual se dio la ciudadanía romana a todos los hispánicos, excepto los esclavos. De hecho importantes romanos nacieron en Hispania, por ejemplo,  los emperadores Trajano y Adriano; y los escritores Séneca y Marcial.

Riquezas en Hispania

El latifundio se convirtió en el más frecuente sistema de propiedad, por lo tanto fue observable la acumulación de tierras en pocas manos. En contraparte una gran mayoría campesina debía ponerse al servicio del latifundista, pasando a convertirse en el mundo de la pobreza de las provincias hispánicas.

Hispania fue el “granero” de Roma, exportando a todo el Imperio productos tales como trigo, aceite de oliva, pescado seco, salsa de pescado y vino. Hispania nunca había sido gran productora agrícola, pero con la introducción de los sistemas de riego romanos, incluyendo grandes acueductos, le dieron un impulso gigante a la agricultura.

En cuanto a la minería, riqueza tradicional de Iberia, se hacía con mano de obra esclava. Muchos itálicos compraban esclavos y los llevaban a las minas hispánicas, donde los alquilaban. En la mina eran muy mal tratados, lo que dio lugar a alzamientos, obligando a Roma a tener tropas permanentes en las zonas mineras. Al pasar el tiempo se fue dando una combinación de libertos y esclavos como mano de obra minera.Los minerales que salían desde la península eran el oro, estaño, plata y plomo.

La integración a Roma fue plena, su población romanizada se sumó al ejército romano, muchas veces llegado a altas graduaciones. Existía la esclavitud, sobre todo de las tribus más rebeldes, y sus descendientes. Las mujeres, al igual que en todo el Imperio Romano estaban bajo el control masculino, sea su padre, su hermano o su esposo.

Romanización

La península Ibérica tuvo grandes cambios con  la presencia de Roma. El idioma impuesto el latín unificó las lenguas peninsulares, aunque después se deformaron en una serie de otros idiomas, tales como el Castellano, el Catalán, el Gallego, etc.

La estructura administrativa y legal impuestas en el Derecho Romano han sido hasta ahora la base de los sistemas jurídicos actuales.

El cristianismo, la religión establecida en Roma desde el siglo I, inundó la fe de los ibéricos, y modificó costumbres y sentires respecto a la vida y la muerte.