Juana la Loca

En el siglo XVI reinó en Castilla doña Juana, hija de los Reyes Católicos. Acusada de estar loca estuvo encerrada la mayor parte de su vida.


El 6 de noviembre de 1479 nació en Toledo, Corona de Castilla, la tercera hija de los reyes católicos a quien bautizaron como Juana. Su educación fue del más alto nivel. Aprendió idiomas extranjeros, y por cierto latin. La música y la danza se incluyeron en su educación, así como la equitación, convirtiéndose en una hábil amazona. Su formación no incluía el desenvolvimiento en público, pues era improbable que ella llegara a convertirse en reina.

Poco creyente

A pesar de ser sus padres devotos católicos, y que habían hecho guerras a las otras creencias, Juana se observa distante de la religiosidad; hecho que su madre consideraba completamente negativo, ordenando que nada de eso se supiera fuera de palacio.

Acuerdo Matrimonial

Los reyes católicos veían como una amenaza al también reino católico de Francia; de modo que establecen una alianza con el emperador Maximiliano del Sacro Imperio Romano Germano. El acuerdo entre ambos Estados fue un doble matrimonio:

  • Juan de Castilla con Margarita hija de Maximiliano
  • Juana de Castilla con Felipe hijo de Maximiliano, conocido como el Hermoso.

El matrimonio se realizó el 20 de octubre de 1496. Cuando se conocieron Felipe y Juana, de 18 y 17 años de edad respectivamente, se enamoraron a tal punto que aceleraron todos los pasos a seguir, con el fin de consumar pronto su matrimonio. Juana seguirá enamorada de Felipe hasta su muerte; en cambio, Felipe pronto le será infiel en varias ocasiones, y su matrimonio será con largas separaciones. Los celos de Juana la descontrolaban.

El matrimonio de Juana I y Felipe I tuvo seis hijos:

  • Leonor: nacida el 15 de noviembre de 1498.
  • Carlos: nacido el 24 de febrero de 1500.
  • Isabel: nacida el 18 de julio 1501
  • Fernando: nacido el 10 de marzo de 1503
  • María: nacida el 18 de septiembre de 1505
  • Catalina: nacida el 14 de enero de 1507

La compleja sucesión

Al morir la reina Isabel la Corona de Castilla debía quedar en poder de Juana, pues sus hermanos mayores, así como un sobrino, habían fallecido. Isabel descontenta con su hija por no asistir a misa le había quitado el derecho de herencia. Sin embargo, su padre Fernando sí le reconoció tal derecho, proclamándola reina de Castilla, pero a su vez Fernando asumiendo una regencia. Su esposo Felipe no estaba satisfecho con esta situación, por lo tanto con el apoyo de la Corte de Castilla acordó en Salamanca que el gobierno de Castilla estaría a cargo de Felipe, Fernando y Juana.

El Archiduque Felipe y la reina Juana no podían trasladarse rápidamente desde Bruselas, donde vivían, hasta Castilla, debido a lo complejo que era mover la inmensa corte. La demora en el traslado le dio tiempo a Felipe a pactar con los nobles castellanos, y de esta manera obtener el poder. Fernando tuvo que acordar nuevamente con Felipe, debiendo retirarse a Aragón. El 27 de junio de 1506 es proclamado rey de Castilla, como Felipe I. Su reinado durará hasta el 25 de septiembre de 1506, en que luego de beber agua fría se enferma gravemente y muere.

Muerte de su esposo Felipe y locura

Al morir Felipe I su esposa Juana decide trasladar el cuerpo desde Burgos hasta Granada. Hubo que exhumarlo y debido a la negativa de Fernando para autorizar ese nuevo entierro, los restos mortales de Felipe se pasearon por Castilla, y siempre acompañando su ataúd doña Juana. Esto duraría ocho meses, por lo que muchos comenzaron a dudar de la cordura de Juana, y la comenzaron a llamar La Loca. Para Juana la vida con Felipe no había terminado, pues estaba embarazada de su sexto hijo, que nacería el 14 de enero de 1507. Entre tanto regresó Fernando el Católico a gobernar el reino de Castilla.

Prisionera hasta la muerte

En 1509, a la edad de 30 años, Juana es encerrada Tordesillas por orden de su padre Fernando. Tras la muerte de Fernando, en 1516, Carlos I mantendrá la orden en contra de su madre. El sucesor de Fernando fue por lo tanto su nieto Carlos I, quien oficialmente es rey de Castilla y su madre, Juana, reina de Aragón. Sin embargo, el poder total lo tuvo siempre Carlos.

Juana en Tordesillas fue obligada, por instrucciones de su hijo Carlos, a escuchar misa y confesarse. Por 46 años estuvo prisionera. Solo tuvo la compañía de su hija Catalina, hasta 1525 cuando ésta se casa con el rey de Portugal Juan III. La versión oficial en la Corte Castellana era que Juana estaba trastornada. Este argumento era lo que legitimaba a Carlos I como rey y luego como Emperador. Muchos historiadores no reconocen que Juana tuviera una enfermedad mental grave; explicándose la confabulación de Fernando y Carlos por los acuerdos que tenía Felipe I con Francia, algo muy rechazado por Castilla, y sumado a esto la falta de fervor religioso expresado por Juana hasta el día de su muerte.

Doña Juana de Castilla murió el 12 de abril de 1555 a la edad de 75 años.