Colonización del norte en Nueva España

La escasa colonización del norte favoreció la ocupación norteamericana de Texas.


Los territorios del norte de Nueva España estuvieron prácticamente olvidados durante el mandato español. La despreocupación fue heredada por el nuevo gobierno y el expansionismo norteamericano favoreció a que el territorio de Texas se sublevara.

El norte en manos españolas

La corona española, desde los inicios del Virreinato de Nueva España, tuvo complicaciones para administrar los territorios que se ubicaban hacia el norte de Zacatecas, la ciudad más septentrional del territorio colonial. Las tierras más allá de esta zona, Coahuila y Texas, en este periodo estuvieron postergadas y olvidadas.

Las condiciones climáticas y el nomadismo de las tribus indígenas que habitaban estos territorios favorecieron una relativa paz que perduró durante el mandato español. La corona no manifestó interés y actuó con cierta displicencia ante estos territorios, siendo lugar con único objetivo el de ser evangelizado por los misioneros, quienes vieron en estos vastos y hostiles territorios, un lugar ideal de conversión de indígenas.

Inicios del conflicto

En el siglo XIX, el panorama en los territorios del norte se vio transformado tras la compra del territorio de Luisiana, colindante con Texas, que realizó Estados Unidos a Francia en el año 1802. El expansionismo norteamericano propulsó el desarrollo y progreso de la antigua posesión francesa y de sus habitantes, influyendo en el territorio aledaño.

Paralelamente, estallaba la Guerra de Independencia en México, con pocas probabilidades de triunfo para los insurgentes mexicanos. En este escenario, el norteamericano Moises Austin inicia tratativas con las autoridades españolas, para establecer una colonia norteamericana en Texas aludiendo a la escasez de habitantes que ocupaban este vasto territorio.

Tras llegar a un polémico acuerdo, los norteamericanos obtuvieron el permiso, fundándose la ciudad de Austin. Dado el aislamiento del territorio respecto de las urbes mexicanas, no se pudo establecer un control fehaciente de los lugares que estaban siendo ocupados, por lo que muchos granjeros y terratenientes norteamericanos aprovecharon la ocasión para expandir sus terrenos hacia el lado mexicano. Ante esto, las autoridades novohispánicas, concentradas en la Guerra de Independencia, no lograron aplicar sus leyes y perdieron rápidamente la hegemonía del territorio.

Austin después de la Independencia de México

A pesar de lo que se creía, los insurgentes obtuvieron el triunfo y declararon la Independencia de México en 1821. Ante la situación ocurrida en Texas, las nuevas autoridades desconocieron el viejo acuerdo y establecieron ciertas limitantes a la nueva colonia en Austin, cuyas implicancias no tuvieron gran impacto.

La situación cambió radicalmente al caer el imperio de Agustín de Iturbide. La constitución republicana de 1824 abolió la esclavitud en todos los territorios pertenecientes a México, situación que afectó directamente a los grandes terratenientes texanos quienes sostenían su economía en base a esto.

El malestar se fue generalizando y se realizó una revuelta en 1826 que alertó a las autoridades mexicanas, quienes por primera vez consideraron la situación texana. Paralelamente, el gobierno de los Estados Unidos manifestó interés en comprar estos territorios al gobierno mexicano, quienes manifestaron un rechazo ante la propuesta.

Como respuesta, las autoridades mexicanas decidieron enviar guarniciones militares a la zona para que vigilaran y ejercieran un control, además de endurecer la política migratoria y prohibir el establecimiento de nuevas colonias norteamericanas.

Tras la insurrección de Antonio López Santa Anna en 1832 y la abolición de la constitución de 1824, los texanos esperaron recuperar los beneficios que obtenían de la esclavitud, por lo que esperaban llegar a un acuerdo con el nuevo gobierno, sin embargo, esto no ocurrió. Ante la negativa de Santa Anna, Moises Austin amenazó de iniciar una insurrección siendo encarcelado.

Mientras tanto en el resto de los territorios mexicanos el malestar iba en aumento debido a las acciones de Santa Anna. Tras reprimir una rebelión en Zacatecas, el gobierno impuso orden marcial. Poco tiempo después, Austin fue dejado en libertad, retornando a Texas. Una vez de vuelta, el líder texano no se detuvo y comenzó a organizar una nueva rebelión en contra del gobierno mexicano.