El carácter corporativo de la sociedad

La llegada de los españoles trajo consigo la imposición de un orden corporativo


Los españoles exportaron sus propios modos y costumbres sociales hacia América, siendo de suma relevancia la exportación de esquemas sociales que intentaron darle una impronta de orden y disciplina a la sociedad americana.

Orden social

La conquista tuvo duros efectos sobre la forma de vida de las comunidades que habitaban anteriormente el continente, llevándose a cabo un proceso de anulación de estas costumbres, muchas de ellas, a pesar de todo, lograron sobrevivir.

Una de las principales preocupaciones de la corona hispánica era que no se diera una mezcla entre las clases sociales ni las diversas etnias.  Sin embargo, a pesar de lo esfuerzos no se pudo evitar el intercambio social y sexual  que tuvo como principal consecuencia la generación de una sociedad plural y diversa. A causa del proceso de mestizaje se dio origen a nuevos grupos sociales.

Relaciones sociales

El surgimiento de nuevos grupos provocó serias diferencias raciales y culturales entre los habitantes del continente americano, provocando una división. Desde un inicio las ambiciones y aspiraciones personales estaban profundamente demarcadas por la pertenencia a determinado grupo racial.

Las diferencias provocaron un ambiente bastante racista y de tensión social permanente en donde no había equidad en la oportunidad ni en los accesos a la participación social. El grupo que alcanzó mayor crecimiento demográfico fue el mestizo.

Pinturas de castas

Se puso de moda en el arte retratar la diversidad cultural y racial que se dio en Nueva España. En España se definieron las castas para marcar las diferencias entre los grupos. Esta clasificación daba cuenta de la preocupación hispánica por mantener la pureza de sangre.

Hacia mediados del siglo XVIII aparecieron una serie de designaciones que variaban en los diferentes territorios americanos. Este sistema de clasificación daba cuenta del arraigado racismo así como de la complejidad social.

En 1763, el artista Miguel Mateo Maldonado y Cabrera, artista novohispano, retrató diversos cuadros que dan cuenta de la clasificación que la corona daba a los diversos grupos raciales y culturales. Los nombres otorgados en esta clasificación son llamativos y extravagantes como por ejemplo, tornatrás, tente en el aire, chino cambujo, albarazado, barcino, coyote, etc.

El carácter corporativo en las ciudades

El escenario de este cruce racial y cultural fue la ciudad, que se erigieron como lugares de diversidad y pluralismo.

Se entiende corporación como las comunidades en las que se desenvolvían los sujetos, y su importancia era tal que lo individuos quedaban por debajo de esta entidad. En la nueva organización social y económica las corporaciones (comerciantes, mineros, hacendados, clero secular y funcionarios de la Corona) fueron trascendentales.

La propiedad de la tierra fue la base del sistema colonial y esta legitimó la discriminación hacia los otros grupos sociales. Se jerarquizó la sociedad y las clases privilegiadas ostentaron diversidad de derechos mientras que las desfavorecidas carecían de todos.

Entre las clases favorecidas del ordenamiento social están los comerciantes, los hacendados y rancheros. Estos últimos alcanzaron un enorme poder en el ámbito rural. Los mineros solían asociarse con estos grupos para acumular riquezas.

Una de las corporaciones más relevantes fue la Iglesia, que se erigía como la institución encargada de propiciar el orden moral y espiritual, con plena independencia del poder civil, quien sólo se encargaba de regular sus bienes.

El orden estaba regulado por la Real Hacienda, organismo que dictaba las normas y leyes del gobierno español y que establecía una jerarquía en las diversas funciones destinadas a ejercer un orden social, político y económico.

Los funcionarios y autoridades locales cumplieron un importante rol en la reproducción y mantenimiento del orden social. A través de los ayuntamientos o cabildos se favorecía a que el funcionamiento apuntara hacia el enriquecimiento de España.

En el siglo XVII los funcionarios virreinales que controlaban la administración de Nueva España estaban unidos por lazos parentales o sociales y carecían de una buena remuneración por lo que causó un práctica generalizada de enriquecimiento personal y de corrupción, que se masificó cuando la corona decidió poner los puestos a la venta, la mayoría comprados por criollos.