El crecimiento de las haciendas y los conflictos rurales

Los hacendados aumentaron su poder mientras que los campesinos se empobrecían causando serios conflictos rurales.


La hacienda fue un sistema de explotación agrícola y ganadera que se transformó en uno de los pilares de la economía novohispana. Las condiciones de vida de los trabajadores del campo no mejoró provocando diferencias entre los terratenientes y campesinos que derivaron en conflictos sociales.

Origen

La hacienda fue una forma de organización económica común del sistema colonial español caracterizado por la tenencia de amplias extensiones de tierras en manos de un dueño.

Este modelo de organización agropecuaria se exportó desde la península ibérica, específicamente desde la zona andaluza donde se reproducía un sistema de hacienda similar. A partir del siglo XVI, fue reproducido en territorio americano, transformándose en uno de los sistemas sostenedores de la economía de las Indias.

Crisis de los pueblos de indios

Con el fin de estimular la ocupación de los territorios que habían sido desocupados durante el proceso de conquista, la corona española los entregó mediante Merced Real, es decir una donación que comprometía a los altos mandos militares y nobles españoles que arribaron al continente americano con la labor colonizadora y evangelizadora.

Paralelamente, las antiguas comunidades indígenas decayeron y los lazos comunales existentes que las regían se fueron debilitando generando gran fragmentación en su interior. Lo anterior provocó que muchos indios migraran buscando nuevas oportunidades y que a su vez, surgieran nuevos pueblos de indios, mucho más reducidos y diezmados.

Debido a la situación desfavorable y desprotegida, muchos indios tuvieron que emplearse como mano de obra en las haciendas. Aquí eran contratados como sirvientes, peones o empleados y recibían un salario paupérrimo con el que eran incapaces de solventar los gastos básicos de la vida. Este sistema favoreció el enriquecimiento de los hacendados y el empobrecimiento constante de la vida de los indígenas, quienes experimentaron condiciones laborales inhumanas.

Crecimiento de las haciendas.

El aumento de la producción minera favoreció el crecimiento de las haciendas, a las cuales se recurría para el abastecimiento de productos agrícolas y ganaderos.

Los dueños de las haciendas eran fundamentalmente españoles y criollos, la mayoría eran dueños individuales sin embargo existieron corporaciones propietarias principalmente ligadas a la Iglesia católica como los colegios jesuitas y las órdenes religiosas.

La expulsión de los jesuitas en 1767 provocó la creación de una Junta de Temporalidades, que fue una institución creada para traspasar las tierras a propietarios individuales. Pedro Romero de Terreros fue uno de los terratenientes favorecidos con esta situación ya que adquirió todas las haciendas ubicadas en Tepotzotlán.

Las haciendas normalmente estaban a cargo de un administrador que las organizaba y quién rendía cuentas a los propietarios. Existían diferentes tipos de haciendas según las condiciones del territorio en las que se ubicaban. Muchas de ellas se especializaron en la producción de determinados productos como la caña de azúcar, producción de carne, cultivo de maguey, etc.

La producción de las haciendas dependía de las condiciones climáticas, siendo las sequías e inundaciones sumamente catastróficas para la agricultura. La carencia de alimentos provocada por estas catástrofes provocaba hambrunas, desnutrición y muerte, aspectos que se sumaban a las condiciones de vida de los campesinos.

Conflictos rurales

Con la bonanza económica del territorio novohispano vino un aumento de la población. Este crecimiento poblacional trajo conflictos por las tierras debido a la inequidad en la repartición del espacio.

El aumento poblacional conllevó mayor desempleo lo que obligó a muchos habitantes a recurrir al robo o a la mendicancia como métodos de supervivencia. No obstante, este crecimiento se mantuvo la alta mortandad de niños, jóvenes y mujeres debido a que las condiciones de vida favorecían la propagación de enfermedades y la depresión del sistema inmunitario.

Así también, los cambios económicos provocaron una transformación en la relación entre el campesinado y los señores, causando una crisis del sistema basado en la dependencia personal de los campesinos y la tenencia compartida con el hacendado dando origen a un sistema capitalista que establecía una relación entre patrón y asalariado libre.