El golpe de estado de los peninsulares

Los españoles dieron un golpe de estado al virrey vigente para sostener el control peninsular en Nueva España.


Las medidas financieras arbitrarias del rey, la ruina del reino, la consiguiente invasión napoleónica a España y los problemas administrativos internos son el contexto histórico que explica el golpe de estado perpetrado por fuerzas peninsulares en 1808.

Situación en España

En 1804 debido a la crisis económica y financiera de la Corona, el rey Carlos IV estableció una serie de préstamos forzosos llamados Vales Reales que causaron gran descontento en la población novohispana y la bancarrota de muchos de ellos.

Ese mismo año, el poder de Napoleón Bonaparte se consolidó gracias a su ascenso como Emperador de Francia. España intentó mantenerse al margen de los conflictos bélicos que asolaban Europa y para ello trató de cooperar secretamente con las dos potencias en disputa, a saber, Francia y el Imperio Británico. Esto generó un profundo endeudamiento que fue coronado con la posterior derrota de la Armada Española en Trafalgar, tras aliarse con el ejército napoleónico, que causó la ruina del reino y un profundo descontento en el pueblo español.

Los españoles hastiados de la alianza con Napoleón y sus consecuencias sobre la soberanía peninsular que había facilitado el acceso de las tropas francesas sobre el territorio, se rebelaron contra el rey Carlos IV y su primer ministro Manuel Godoy, presionándolo para que abdicara en favor de su hijo, Fernando.

Tras enterarse de lo acontecido, Napoleón decidió entrevistarse con el antiguo rey Carlos IV y su hijo, el actual monarca, apresándolos en el acto. Como respuesta a esta acción, los españoles decidieron alzarse contra las tropas francesas, mientras que Napoleón nombraba a su hermano José Bonaparte como monarca español.

Situación en Nueva españa

En Nueva España, José de Iturrigaray fue nombrado virrey gracias a su cercanía con el primer ministro Manuel Godoy. En su cargo debió aplicar la medida paliatoria contra los efectos del empobrecimiento de España, conocida como la Consolidación de los Vales Reales y que provocó una reacción adversa en la población novohispana que se vio profundamente perjudicada.

Tras la Invasión Francesa en España, la facción peninsular le exigió a Iturrigaray que proclamara a Fernando VII como rey de España y de la Indias. Tras lo cual, se organizó la Junta de México para resolver la situación administrativa en ausencia del legítimo monarca.

José de Iturrigaray mantuvo siempre una actitud reticente a las propuestas más liberales que se expresaron en la Junta y trato de mantener la calma ante las diversas posiciones contrapuestas. En tanto, otras juntas trataron de influir a Nueva España con sus posturas, sin embargo el virrey se mantuvo firme y decidió no dejarse influenciar. Aun así los novohispanos más liberales tenían esperanza en que Iturrigaray aceptara las ideas respecto a una posible independencia de México.

Golpe de Estado

En septiembre de 1808 comenzaron a surgir rumores respecto de que Iturrigaray no respetaría el gobierno español y se proclamaría rey de Nueva España. El ala peninsular pronto comenzó a organizarse, constituyéndose el día 11 de septiembre de ese año el grupo denominado Los Patriotas de Fernando VII que buscaba derrocar al virrey y terminar con la influencia del sector ilustrado y liberal.

El grupo de peninsulares buscó alianza y apoyo en el arzobispo quien fue convencido y les otorgó la bendición ante un posible golpe de estado. El virrey Iturrigaray estaba alertado de que había conspiraciones en su contra por lo que extremó la seguridad de él y su familia, sin embargo, las fuerzas peninsulares lograron irrumpir en el palacio virreinal apresándolo a él y a su esposa.

Al depuesto virrey se le acuso de traición a la corona, sabotaje e intento de conspiración contra el rey, siendo trasladado a Cádiz donde fue sometido a proceso judicial, falleciendo pocos años después. Los peninsulares utilizaron en su contra documentos encontrados en su residencia. Paralelamente, se encarceló a otros importantes hombres ilustrados que habían propuesto ideas progresistas y de cambio político.