George Washington: Política Economica

La elección de George Washington en 1789 marcó el inicio de la larga tradición democrática de los Estados Unidos, que con altos y bajos se ha mantenido hasta nuestros días. El establecimiento de los cimientos económicos es fundamental para comprender la proyección de Estados Unidos durante el siglo XIX.


Expansión económica: industria, cultivos y comercio

Una vez que el presidente electo juró frente al Congreso, comenzó un proceso que tenía grandes expectativas en los ciudadanos estadounidenses. Las esperanzas que los problemas de la Guerra se solucionaran de una vez por todas, mejoras en la economía y el aseguramiento de la posibilidad de cambios sociales en lo que respecta al ciudadano común.

En el ámbito económico, una gran demanda por mano obra sumada a la continua migración de personas desde Europa fomentaron el desarrollo de una economía sólida y la inversión de capitales. En zonas como New York, Pennsylvania y Virginia se comenzó a desarrollar el cultivo de trigo, mientras que la gran industria textil se vio potenciada en Massachusetts y Rhode Island.

Una vez establecidas las reglas del comercio entre colonias, Estados Unidos pudo apuntar, en conjunto, a otros mercados llegando incluso hasta China con sus productos. Otro elemento importante para el desarrollo económico durante este período fue la expansión y apropiación hacia el oeste del continente, iniciada tímidamente durante el siglo XVII, consiguiendo incorporar tierras para aumentar los cultivos. Con la expansión hacia el oeste los nuevos migrantes o los ciudadanos residentes de los 13 estados fundacionales tuvieron esperanzas de encontrar nuevas y mejores oportunidades en territorios tales como Ohio, Tennessee o Kentucky, acelerando el proceso de ‘conquista’ hacia el oeste.

Política económica de George Washington

Discusión dentro del gobierno

Si bien la Constitución de 1787 planteó los lineamientos sobre los que se iba a levantar los Estados unidos, faltaba lo más importante: concretar la organización de la administración de gobierno. Para estos asuntos, George Washington designo a Thomas Jefferson como Secretario de Estado convirtiéndose en su mano derecha, y en la Secretaria de Hacienda eligió a Alexander Hamilton. Ambos personajes habían construido una carrera política impecable, siendo reconocidos en países de Europa como grandes estadistas.

Sin embargo, las diferencias en la propuesta de manejo económico fueron gatillantes de un conflicto entre Hamilton y Jefferson. Hamilton abogó por una tendencia centralizadora, mientras que Jefferson aún imbuido por las ideas políticas de autonomía creía que cada uno de los Estados debía hacerse cargo. La funcionalidad y ordenamiento que planteaba la propuesta de Hamilton terminó por convencer a Washington, por sobre los idealismos poco prácticos de Jefferson, lo que llevo a éste último a renunciar a su cargo en 1793.

Implementación: Banco Nacional, Casa de Moneda y Créditos

La política económica de Hamilton planteaba que Estados Unidos requería un desarrollo industrial-comercial y para lograrlo necesitaba créditos con el aval del gobierno central.

El Secretario de Hacienda planteó la necesidad de un Banco de los Estados Unidos que instalara sucursales en distintas parte del país, para fomentar las inversiones y evitar la especulación de bancos privados. Además, creó una Casa de Moneda e implementó impuestos que protegieron y potenciaron el desarrollo de la industria nacional. El Banco Nacional apenas de implementó fue un éxito de la política económica estadounidense, en tan sólo cuatro horas el capital dispuesto para el banco quedó cubierto por los subscriptores.

Las deudas fueron canceladas con empréstitos conseguidos en Europa, principalmente proporcionados por banqueros holandeses. Además, el Congreso asumió la deuda de los Estados por separado, unificándola en una sola deuda con un Estados Unidos más poderoso a la hora de negociar las condiciones de los pagos, facilitando así los mecanismos de pagos consiguiendo reducción en los intereses.

Con estas medidas la estabilidad económica de los Estados Unidos permitió potenciar el desarrollo de la industria y el comercio de modo tal que serían la base para la expansión territorial por América, así cómo insertarse en un contexto mundial durante los siglos venideros.