Estados Unidos: Convención 1787

La economía post-guerra fue uno de los problemas más graves que tuvo que enfrentar los recientemente independientes Estados Unidos. El historiador John Fiske llamó a esta etapa “período crítico”.


Motivaciones para la Convención de 1787

Efectos económicos en la población

El comercio de los nuevos Estados había sufrido una fuerte depresión, el papel moneda que había sido emitido por el Congreso Continental y los Estados había perdido su valor, las deudas agobiaron a la población provocando la disminución en el pago de préstamos e hipotecas, llegando incluso al uso de la violencia como medio de resistencia a los cobros, como lo hizo el Capitán Daniel Shays en 1786 en el oeste de Massachusetts en donde se organizó una pequeña revuelta que se vio sofocada por la fuerza de las milicias del Congreso Continental.

Disputas entre Estados

La carencia de un poder central para organizar, o al menos implementar normativas, que regularan la economía de los Estados Unidos, hizo evidente que el idealismo autonomista absoluto de 1776 tenía falencias graves y efectos directo sobre la población. Considerando que cada Estado velaba por su propio interés por sobre el colectivo, era evidente que se iban a producir roces entre ellos, situación que llevó a la revisión de los “Artículos de la Confederación” con el fin de buscar unidad política para establecer un gobierno central capacitado y legítimo que pudiera resolver las diferencias entre Estados.

Análisis de la situación

En 1784 la visita del francés Marqués de Lafayatte quien sugirió a los norteamericanos que buscaran la forma de promover el bienestar general para consolidar la Nación recientemente conformada y así lograr una unidad nacional permanente para poder tener poder de negociación con otras naciones y evitar posibles conflictos internos.

Los problemas de los Estados eran compartidos: depresión comercial, falta de regulación del comercio entre estados, posesión y cobro de derechos de importación/exportación, uso de vías fluviales, entre otros. La lógica autonomista indicaba que los Estados debían alcanzar acuerdos entre ellos, así lo hicieron Maryland y Virginia, quienes lograron acuerdos bilaterales que a poco andar parecieron ser insuficientes y, por supuesto, no aplicables con otros Estados.

Convocatoria a la Convención de 1787

La legislatura de Virginia decidió tomar la iniciativa, al ver que los problemas sólo se acrecentaban, y convocó a todos los Estados a la Convención de Annapolis con el objetivo de estudiar posibles soluciones a las dificultades comunes que tenían. La Convención se reunió en septiembre de 1786, al poco tiempo quedó de manifiesto que no era posible llegar a acuerdos satisfactorios para todas las partes con la simple revisión de los Artículos del segundo Congreso Continental ratificados en 1781, por tanto, se decidió realizar una convención constitucional en Philadelphia en 1787 en la que se harían parte todos los representantes de los Estados.

La convención se reunió en el mismo edificio donde se declaró la independencia, en ella participaron 55 delegados de todas las legislaturas de los Estados. La Convención de Philadelphia fue presidida por George Washington, y participaron personajes como Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, James Madison, Robert Morris, John Dickinson, James Wilson, entre otros. La Convención tomo el caris de una asamblea deliberante, en donde incluso se presentaron proyectos de Constitución, tal como el Plan Virginia o el Plan New Jersey y un tercer esquema propuesto por Alexander Hamilton.

Las discusiones de los 55 delegados tenían por objetivo primordial crear una república en la que debía convivir el poder de los gobiernos de cada Estado con un Gobierno central. Para ello se buscó delimitar las atribuciones del poder central lo más específicamente posible, para no generar conflicto con la autonomía y legitimidad de cada Estado. Una de las determinaciones que se adoptaron fue la de dividir el poder central en 3 ramas: legislativa, ejecutiva y judicial, siguiendo las propuestas ilustradas de Montesquieu.

Es en esta convención en donde se instalan los cimientos que van a permitir a los Estados Unidos consolidarse durante el siglo XIX como una nación para dar el gran salto y convertirse en potencia mundial durante el siglo XX.