Agricultura Inca

Conoce las características y la importancia del Sistema de Terrazas de cultivo, también llamado “Andenes de cultivo” para la civilización Inca, considerado uno de los sistemas más avanzados de su época, sobreponiéndose a lo adverso del relieve y del clima de la Cordillera de los Andes.


La base económica que sostenía a la nobleza cusqueña la otorgaba la producción agrícola, a través de la explotación de los ayllus y el traslado población de una comarca a otra para hacer este territorio productivo, sistema denominado como mita.

La agricultura fue la actividad preponderante de los pueblos americanos, previa a la llegada de los invasores españoles a nuestro continente, pero los incas desarrollaron un sistema de cultivos que hasta el día de hoy es usado por diversas comunidades andinas peruanas la cual es llamada como cultivo de terrazas. Tal sistema es considerado como uno de los más avanzados de su época, sobreponiéndose a lo adverso del relieve y del clima de la Cordillera de los Andes.

Terrazas de cultivo andinas

El sistema de terrazas era conocido a su vez como sistema de andenes, debido a que éstas se construyeron en los pies de la Cordillera de los Andes. Los andenes eran terrazas agrícolas que permitían aprovechar al máximo la fertilidad de la tierra. Eran escalinatas, sostenidas sobre terraplenes y para evitar la erosión o desarme de éstas debido a la acción de la lluvia y huaicos (aluviones), eran contenidas a través contrafuertes construidos con rocas, piedras y grava. El agua, tanto de lluvia como de regadío se hacía circular a través de canales que hacían conexión entre las terrazas.

La construcción de las terrazas se vio ampliamente favorecida por dos factores. Uno de ellos era que gran parte de los habitantes del incanato vivían en la sierra andina, por lo cual éstos debieron buscar formas de alimentación y subsistencia y por consiguiente emplear el mayor esfuerzo para hacer productivas sus tierras. En segundo orden, la aplicación del sistema de mitas por parte del imperio, provocó que una suma importante de indígenas trabajase dicho espacio para que constantemente hubiera alimentos para sustentar las necesidades de la nobleza.

Si bien la Cordillera de los Andes ofrece un clima bastante adverso (noches muy frías y días con temperaturas elevadas), más en temporada invernal, los pueblos indígenas crearon métodos que les permitiesen tener cultivos durante todo el año, lo cual les permitía abastecerse y cumplir con la demanda exigida por la nobleza cusqueña. Anualmente se generaban tres cosechas, siendo el maíz, los frijoles, las calabazas, el camote, el maní, el ají, el tomate  y  la quínoa los productos más sobresalientes. Sin embargo, fue la semilla de la papa la cual  se adaptó de mejor forma a las tierras andinas. Debido a la riqueza del suelo se obtenía cosecha de diversas variedades de papas, como también el chuño, obteniéndose de la deshidratación de este tubérculo.

Para obtener un mayor rendimiento de los andenes, y por consiguiente obtener mejores cosechas, se utilizaban diversos tipos de fertilizantes. Uno de estos era el guano el cual se extraía de las deposiciones de las aves en los acantilados costeños. Posteriormente éste era trasladado a los Andes (llevado por el lomo de las llamas) para ser enterrado junto con la semilla. Una segunda forma de fertilización de la tierra era la de enterrar peces junto al grano, generando una mayor calidad de dicha cosecha.

La sal Inca

Las terrazas no solo se utilizaron con fines agrícolas. Los incas también lo utilizaron con la finalidad de obtener sal. Un ejemplo de ellos lo encontramos en las terrazas de Maras, cercana a la ciudad de Cusco, donde según la leyenda  Yucay, jefe inca, invocó al Sol para castigar a los Maras con la imposibilidad de cultivar la tierra, cayendo sobre ella una lluvia blanca, dejando el territorio salino.

Estas “minas de sal” fueron altamente codiciadas por pueblos vecinos; de esta forma los incas pudieron  realizar trueque con este recurso mineral y a su vez, usarla como instrumento que les permitía preservar por mayor tiempo ciertos alimentos como el pescado y la carne de llama para ser convertida en charqui.