Conquista del Perú.

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El arribo de las huestes de Francisco Pizarro en la ciudad norteña de Tumbes se constituyó en el inicio de la caída del Tawantinsuyo, para dar paso al establecimiento de la Corona española, (mediante la figura de un representante, que con el tiempo recibirían el nombre de virreyes), desembocando la Conquista del Perú. Para explicar dicho acontecimiento, es preciso indicar las causas que consolidaron esta invasión a nuestro territorio, la cual se extendió por casi tres siglos.

Causas Políticas

La grave inestabilidad vivida en el incanato a partir del reinado de Huayna Cápac, debido a las diversas revueltas que su ejército debió sofocar (sublevaciones del pueblo chachapoya) y la creciente enemistad y ambición de los hijos de éste, Huáscar y Atahualpa, generaron la desestabilización del imperio. Esta situación se profundizó con la muerte de Huayna Cápac por una epidemia de viruela en 1525. Debía sucederle su hijo Ninan Cuyuchi, pero éste a los días después también enferma y fallece del mismo virus, que se presume fue introducido por las huestes españolas que estaban explorando Panamá y la costa de lo que hoy conocemos como Colombia.

Huáscar, quien residía en la ciudad imperial de Cuzco reclama la sucesión de su padre en desmedro de Atahualpa que habitaba en la región de Quito. Este último se rebeló a la autoridad de su hermano. Éstos, en conjunto a sus seguidores, se enfrentaron durante un largo lapso de tiempo, provocando una guerra civil al interior del  Tawantinsuyo. En 1532, las tropas de Atahualpa se imponen a las de Huáscar, siendo éste encarcelado y posteriormente lanzado a un río, muriendo ahogado, no sin antes presenciar el asesinato de toda su familia.

Atahualpa se encuentra posteriormente con Francisco Pizarro en Cajamarca, en su camino a Cusco a asumir el reinado del Imperio, entrevistándose con él, siendo ésta una emboscada para apresar al Sapa Inca. Pizarro contó con el apoyo  adicional de tropas indígenas cercanas a Huáscar y de pueblos que fueron sometidos por los incas y que por efecto del resquemor de haber sido dominados por éstos, buscaban venganza. Atahualpa se negó a reconocer la autoridad de Pizarro, de la monarquía española y de la Iglesia Católica siendo capturado. En 1533 fue sometido a juicio por idolatría, asesinato y poligamia, dictándose a cumplir pena de muerte, la cual se ejecutorió en la plaza de Cajamarca mediante estrangulamiento.

La muerte de Atahualpa dio paso rápido para que Pizarro llegara a la ciudad de Cuzco en noviembre de 1533, donde sus tropas saquearon dicha ciudad. Uno de los aliados que provocó el triunfo y el avance por el territorio de Pizarro fue Manco Inca, pero al tiempo se percató de las verdaderas intenciones que poseía el conquistador, particularmente el acaparamiento de la mayor cantidad de oro posible. Probablemente Manco Inca no avizoró lo peligroso de aliarse a Pizarro, probablemente porque pensaron que a los españoles los podrían someter, tal como lo hicieron en siglos anteriores con los pueblos que anexaron al incanato, no considerando la superioridad de fuerzas y la experiencia militar que los ellos tenían.

Manco Inca defendió lo poco que quedaba de la esplendorosa Cusco, que anteriormente había sido saqueada, y enviando a uno de sus aliados, Kisu Yupanqui para sitiar la recién fundada ciudad de Lima, para hacer frente a la invasión española. Éste último fue engañado por el pueblo huanca que le restaron su apoyo y de ésta forma junto a un reducido batallón asaltaron Lima. Kisu Yupanqui fue degollado en la Plaza Mayor de Lima.

Manco Inca aguantó el asedio español en Cusco, hasta que los españoles tomaron el control de la ciudad y de la fortaleza de Sacsahuayman. El Sapa Inca -junto a su familia y seguidores- arrancan hacia la selva resistiendo tenazmente la acción militar española. Comete el error de aliarse con seguidores de Diego de Almagro para enfrentar a Pizarro, pero éstos lo traicionan, asesinándolo.

Sus hijos (Sayri Túpac, Titu Kusi Yupanqui y Túpac Amaru I), asumen la difícil misión de asumir la resistencia desde Vilcabamba, ubicada en el actual departamento de Cusco, negociando constantemente con los invasores. Sayri Túpac fue el primero en recibir la propuesta de paz de parte del virrey Hurtado de Mendoza, con el objetivo de que el inca reconociera como monarca a Felipe II, a cambio de bienes y tierras. Muere en 1560, sin disfrutar de estos beneficios.

Kusi Yupanqui posteriormente organizó un ejército para hacer frente a la conquista hispana, pero Yupanqui fue víctima de una trampa que derivó en que éste fuese envenenado por el Fray Diego Ortiz en 1571. Rápidamente  estos misioneros fueron ajusticiados junto con Diego Ortiz por parte de indígenas que apoyaban la resistencia. De esta forma Túpac Amaru I asume la defensa militar de su pueblo. Ante este escenario, el Virrey Francisco de Toledo ordena capturar y asesinar a Amaru I, accionar que se llevó a cabo tras la caída de Vilcabamba y la huida del inca a la selva donde fue traicionado y entregado a los españoles. Muere decapitado en la Plaza de Cusco.

Esta sangrienta acción da comienzo a la consolidación real de los invasores hispanos en territorio peruano.

Superioridad tecnológica

Se ha sostenido que a pesar de la inferioridad numérica de los españoles por sobre la cantidad de indígenas que habitaban el territorio antes de su llegada, fueron sus implementos militares los que les permitió obtener ventaja ante los indígenas. El uso de armas de hierro y armaduras generó  una mayor defensa ante los incas, quienes temían a estos implementos siendo para ellos, desconocido. Otro factor a destacar es la experticia que poseían los españoles en cuanto a tácticas para enfrentarse a la guerra y el uso del caballo como bien de movilización lo cual era una ventaja debido a que los incas desconocían la existencia de este ser vivo.

Las armas de fuegos traídas desde Europa permitieron exterminar de manera eficaz a los rebeldes incas que se resistían a la dominación hispana.

Durante el periodo de resistencia los indígenas, que se refugiaron tanto en la sierra y en zonas selváticas, perdieron el temor al uso de estos implementos (sables y armaduras), los cuales fueron robados a los españoles en las diversas escaramuzas en las cuales se enfrentaron y dominaron el uso del caballo para desplazarse de manera veloz.

 Enfermedades y epidemias

Las enfermedades que portaban los españoles, (particularmente las cepas de éstas), eran desconocidas por los indígenas, quienes al adquirir estos virus, su sistema de defensas naturales no podía hacer frente al contagio, muriendo muchos de estos de manera rápida porque no existían tratamientos para poder paliar dichas enfermedades que abarcaban desde la gripe, el sarampión, la viruela y la sífilis.

Comunes fueron los brotes epidemiológicos que acontecían en los Andes Centrales, desencadenando una catástrofe demográfica de proporciones. Según cálculos de cronistas de la época, en la sierra peruana (hasta antes de la llegada de los españoles) habitaban 9.000.000 de personas, cifra que disminuyó a 600.000 en un lapso de cien años, lo que corresponde a una disminución de casi el 95% de habitantes en dicho espacio geográfico.

Estrategias militares de los españoles

Si bien los españoles poseían una vasta preparación en asuntos militares y tecnológicamente conocían mayores y mejores técnicas de defensa  ante el enemigo, la mejor estrategia empleada por éstos, para lograr el avance en territorio incaico y por consiguiente, la dominación del mismo fue buscar apoyos y alianzas con pueblos que eran enemigos de los incas, como huancas y chachapoyas. De esta forma lograban su confianza y lealtad para derrotarlos (porque éstos sabían de mejor forma las estrategias empleadas por los incas en periodos de guerra). Cuando alcanzaban su cometido fue común -por parte de los invasores- traicionar a sus aliados, asesinándolos.