Aspectos cotidianos de la Civilización Maya

En el aspecto fisiológico los mayas eran de baja estatura, tenían los pómulos salientes, ojos oblicuos, la nariz aguileña, y el cabello negro y lacio. Además, tenían por costumbre practicar la deformación de los cráneos de los recién nacidos comprimiendo sus cabezas entre dos tablillas cóncavas que colocaban en la frente y el occipital ajustadas con un torniquete que progresivamente aumentaba la presión.


Los mayas también modificaban su dentadura al incrustarse adornos de jade y obsidiana; y los varones no tenían barba porque se les quemaba la cara con paños calientes para evitar el crecimiento de ella.

La vestimenta de los mayas era de carácter ligero, y se componía de tejidos de algodón, mantas de plumas o pieles de animales. Sobre sus cabezas utilizaban llamativos tocados de plumas o cascos con las figuras de animales. Hay que destacar que el atuendo de los ciudadanos mayas reflejaba su posición en la sociedad.

Las mujeres y los hombres mayas usaban el cabello largo, y a veces se lo trenzaban o lo recogían en forma de moño.

A los niños mayas, inmediatamente después de nacidos, se les confeccionaba un horóscopo y se les otorgaba un nombre que debían usar hasta el bautismo; el bautismo era una ceremonia que se celebraba cada cierto espacio de tiempo con la intención de incluir a todos los niños de entre 3 y 12 años.

En el bautismo, los niños eran purificados y bendecidos y recibían un nuevo nombre, que era puesto por el sacerdote que se encargaba del culto del dios Chaac; en esta ceremonia a las niñas se les colgaba un cinturón del cual pendía una concha roja que simbolizaba la virginidad.

Cuando los niños realizaban la ceremonia de la pubertad significaba que habían entrado a la vida adulta y que estaban listos para contraer matrimonio; por ello las mujeres, a quienes se les retiraba la concha roja, quedaban al cuidado de sus madres de las que debían aprender todas las obligaciones que las mujeres casadas debían cumplir en la sociedad maya. Los varones, por el contrario, se iban a vivir a unas casas especiales que la comunidad mantenía para los solteros, y mientras permanecieran en este estado civil debían pintar sus cuerpos de negro, los varones vivían con sacerdotes mayores que les enseñaban las técnicas guerreras y el juego de pelota.

A pesar de que las mujeres podían casarse desde los 12 años y los hombres desde los 14, por lo general lo hacían varios años después. El matrimonio tenía una serie de normas que lo reglamentaban: una mujer no podía casarse con un hombre que se llamara igual que su padre y se practicaba la monogamia, aunque no estaba prohibido que los varones tuvieran más de una esposa; el divorcio también estaba permitido, y bastaba con que un esposo denostara públicamente a su mujer para llevarla a cabo.

Los matrimonios no se celebraban en ceremonias especiales y sólo era necesario que el hombre visitara a la mujer en su vivienda y si ésta le daba de comer, el hombre podía considerarse su marido.