De las monarquías nacionales a las absolutistas

Descubre cómo el fortalecimiento de las monarquías nacionales se transformó en el antecedente del Absolutismo. 


La Época Moderna estuvo marcada por la consolidación de las monarquías nacionales como sistema de gobierno. El crecimiento de las distintas monarquías, a lo largo de Europa, motivó un cambio en la organización de la sociedad europea. En este período, la figura del monarca emerge y se fortalece para abrir paso a un periodo en que su liderazgo absorberá todos los poderes del estado.

Fortalecimiento de las monarquías nacionales

El dinamismo de las sociedades de fines de la Baja Edad Media, caracterizado por una intensa reactivación económica, promovió que los monarcas potenciaran su poder, unificando los territorios que poseían bajos sus dominios.

Para ello, los monarcas tomaron una serie de medidas que aseguraron el creciente poder y facilitaron la consolidación de las monarquías nacionales. Por otro lado, el poder de la nobleza, que durante la Edad Media había sido muy relevante, fue disminuyendo en la medida que el régimen feudal fue decayendo. La migración del campo a la ciudad y la crisis de la agricultura propiciaron el ocaso del sistema de vasallaje y servidumbre, característico del Medioevo, que terminó por acabar con el régimen feudal.

Entre las razones que promovieron el fortalecimiento de las monarquías nacionales destacamos:

  • La unificación de determinados territorios que estaban bajo el alero de los monarcas y que habían estado, hasta el momento, bajo el control de los señores feudales.
  • La formación de ejércitos de manera permanente que defendieran los territorios unificados. Asimismo, se detonaron conflictos entre los reinados como la Guerra de los Cien Años (1337 – 1453) entre Francia e Inglaterra, que necesitaron la conformación de ejércitos profesionales.
  • El desarrollo de un aparato administrativo complejo que controlara y fiscalizara los dominios de las monarquías.

Las monarquías nacionales estuvieron asentadas en el derecho romano, en donde se establecía que la calidad de monarca era de carácter permanente y hereditario. Así también, se estableció un aparato diplomático para la resolución de conflictos y temas externos,  más un sistema burocrático que asegurara el orden y control de los territorios bajo el dominio de las coronas.

La consolidación del poderío de cada monarquía estuvo supeditada a la estabilización de las economías. Los reinados de Portugal y España se abalanzaron en empresas de búsqueda de nuevas rutas comerciales con el consiguiente Descubrimiento de América (1492). La conquista del nuevo continente sirvió para fortalecer estas monarquías.

Por otro lado, el conflicto radicado de la Reforma Protestante, promovió que la corona alemana se distanciara de los Estados Pontificios y centrara sus esfuerzos en fortalecerse de forma interna.

En definitiva, tras la decadencia del régimen feudal, surgen el liderazgo de las monarquías como sistema de gobierno que intenta potenciar su poder mediante la unificación de los territorios y la aplicación de medidas destinadas a controlar los dominios. El creciente avance en el fortalecimiento del poder de los monarcas motiva la aparición de los regímenes absolutistas, en donde el poder de los reyes se vuelve ilimitado.