Dinastía Han (207 a. de C. a 220 d. de C.)

La dinastía Han consolidó el imperio que fundó Qin Shi Huang Di y expandió los límites geográficos de la civilización china. Logró alcanzar las laderas de los Himalayas, e incorporar la zona que actualmente pertenece al Tíbet; además, penetró en la península coreana y ocupó parte del territorio de Vietnam.


La China Han instauró un régimen de carácter religioso basado en el confucionismo y mantuvo la estructura administrativa que organizó el primer emperador, aunque no replicó su autoritarismo. Los cargos de poder eran ocupados por una red de funcionarios pertenecientes a la nobleza imperial, que eran denominados “mandarines” y que controlaban los poderes locales.

La historia de la dinastía Han se divide en dos periodos separados por un breve lapso en que el caudillo Wang Wang intentó instaurar su propia dinastía, la Xin. El primer periodo es el de la dinastía Han occidental, que ubicó su capital en la ciudad de Chang’an, y el segundo de la dinastía Han oriental, que tenía su capital en la ciudad de Luoyang.

El periodo de los Han occidentales se caracterizó por el gran crecimiento cultural alcanzado y por la prosperidad económica generada por el desarrollo del comercio. Durante el gobierno del emperador Han Wudi fue derrotado el pueblo nómada de los Xiongnu, lo que posibilitó la apertura de rutas comerciales con Asia Central y la India. Precisamente, desde la India y a través de la denominada “Ruta de la Seda”, el budismo llegó a China y se convirtió en un importante elemento cultural en el ámbito filosófico y religioso.

Luego de la breve irrupción de la dinastía Xin liderada por Wang Wang, la capital de la China Han se trasladó al lado este y se estableció en Luoyang. Los Han orientales debieron enfrentar una serie de malas cosechas que socavaron la economía y que provocaron numerosas rebeliones, de las que la más relevante fue la “Rebelión de los Turbantes Amarillos”. A medida que las rebeliones locales tomaban forma, la autoridad del emperador Han decaía gradualmente y con ello crecía el poder de los caudillos militares locales. Esta situación derivó en que el último emperador de la China Han, el emperador Xian, fuera controlado por el jefe militar Dong Zhuo y posteriormente por su sucesor, Cao Cao.

Finalmente, la China Han terminó por ser invadida por hordas de origen mongol que desestabilizaron fácilmente a la debilitada dinastía Han.