Egipto

La civilización del antiguo Egipto se desarrolló en el valle ubicado en las orillas del río Nilo, en la parte noreste del continente africano.


El río Nilo (el más largo del mundo) resultó de vital importancia para los habitantes de Egipto, ya que al arrastrar aluviones en sus crecidas debido al deshielo que se producía en las montañas del interior, las aguas del río al desbordarse e inundar el valle lo llenaban de sedimentos que actuaban como poderosos fertilizantes. Esta capa de sedimentos es conocida con el nombre de légamo y facilitaba enormemente el desarrollo de las actividades agrícolas.

Los límites del valle del Nilo estaban conformados por las cataratas del río en su parte sur, y por el delta de la desembocadura del río en el mar Mediterráneo, en su parte norte. Por los costados (lados este y oeste), el valle se encontraba rodeado de zonas desérticas, situación que impidió que los egipcios sufrieran las invasiones de otros pueblos.

Evolución Histórica de Egipto

Los orígenes de la civilización que se desarrolló a orillas del río Nilo no están muy claros, aunque los llamados “egiptólogos” consideran que esta civilización debe su nacimiento a la mezcla de pueblos de origen semita y camita.

Estos pueblos, en la cercanías del año 4.000 a. de C. comenzaron a organizarse en pequeños reinos independientes, los que eran denominados “nomos”, que se caracterizaron principalmente por desarrollar una cultura profundamente religiosa y con bases jurídicas propias.

El estudio de la evolución histórica del pueblo egipcio ha sido dividido en tres periodos: el Reino Antiguo (3.200 a 2.400 a. de C.), el Reino Medio (2.000 a 1.700 a. de C.) y el Imperio Nuevo (1.580 a 1.100 a. de C.).

Reino Antiguo (3.200 a 2.400 a. de C.)

Hacia el año 3.200 a. de C. y luego de una serie conflictos entre ellos, los reinos o “nomos” se unificaron bajo el control de la ciudad de Menfis y de su soberano Menes. Este soberano, una vez que hubo derrotado a sus rivales, se dedicó a consolidar su poder y desarrolló una monarquía basada fuertemente en la religiosidad y por ello, además, ocupaba la función de jefe del culto religioso ya que se creía que era de origen divino. Esta etapa se caracterizó por la construcción de las famosas pirámides de Gizeh.

Para el año 2.400 a. de C. el poder de los faraones (nombre que recibían los reyes egipcios) había declinado, debido a la fuerza que gradualmente fueron adquiriendo los sacerdotes y nobles del reino. Ello provocó que la autoridad del faraón disminuyera y que aparecieran una serie de poderes locales, los que dieron forma a una organización estatal que se considera de corte feudal.

Reino Medio (2.000 a 1.700 a. de C.)

Los poderes locales que habían socavado la autoridad de los faraones en el Reino Antiguo continuaron sus pugnas, hasta que la ciudad de Tebas logró unificarlos bajo su control hacia el año 2.000 a. de C. En este periodo de la evolución histórica de la civilización egipcia, se destacó el desarrolló de las actividades comerciales y artísticas, las cuales fueron bruscamente interrumpidas por la invasión del pueblo hicso, en las cercanías del año 1.650 a. de C. La invasión de los hicsos fue posible porque estos dominaban el uso de los caballos y habían desarrollado armas de hierro, además de poseer un gran sentido de la estrategia militar. No obstante, la presencia de los hicsos en Egipto terminó cuando los habitantes del valle del Nilo conocieron, aprendieron e incorporaron sus técnicas de guerra y los expulsaron. Nuevamente la ciudad de Tebas tomó el control del valle, y establecieron una dinastía liderada por el faraón Amasis I.

Imperio Nuevo (1.580 a 1.100 a. de C.)

Una vez afianzado el poder de Tebas, los egipcios desarrollaron una monarquía de carácter expansiva, que llego a dominar los territorios que hoy ocupa el estado de Siria, hacia el lado norte que por el sur siguió la línea del Nilo hasta Nubia. El dominio de Tebas ramificó el culto al dios Amón-ra por todo el valle y la casta de los sacerdotes recuperó el poder que había ostentando en la época del Reino Antiguo; debido a ello en este periodo se construyeron grandes templos como el de Luxor y el de Karnak.

En este periodo, el faraón Amenofis IV intentó convertir a los egipcios al monoteísmo, al imponer el culto al dios Atón. Sin embargo, paulatinamente el poder de los faraones fue decayendo y para el reinado de Ramsés II el imperio entró en una crisis que terminó con los ataques de pueblos fronterizos como los asirios, los persas, los macedonios comandados por Alejandro Magno, para caer finalmente bajo el dominio de los romanos hacia el año 48 a. de C.