Hablante y objeto lírico

En lírica, el hablante y el objeto lírico son elementos básicos para la comprensión profunda de un poema


Hablante lírico: Voz del poema

En los textos literarios existen entes ficticios que narran, dialogan, expresan y van armando historias, obras dramáticas, canciones y poesías. Ya sean narradores, hablantes o personajes, estas voces son distintas del escritor o autor, ya que se encuentran dentro de las composiciones literarias, y son creadas por el mismo, pudiendo parecerse o no al creador de la obra.

En cuanto al género lírico, hablamos de un hablante lírico; una voz que dentro de un poema, canción o cualquier composición lírica expresa sentimientos, emociones, y su mundo interno, hablando y cantando a través de diversas técnicas líricas, con un temple de ánimo específico, y desde una determinada actitud lírica, ésta es la disposición o la forma en la que se expresa y muestra la realidad. Es posible distinguir tres actitudes líricas:

Actitud enunciativa: El hablante lírico expresa algo externo a sí mismo, describiendo o narrando una situación concreta y refiriéndose a esto con la mayor objetividad posible.  Para esto, generalmente utiliza la primera o tercera persona gramatical.

Ejemplo:

La tarde está muriendo 
como un hogar humilde que se apaga. 

Allá, sobre los montes, 
quedan algunas brasas. 

Y ese árbol roto en el camino blanco 
hace llorar de lástima. 

¡Dos ramas en el tronco herido, y una 
hoja marchita y negra en cada rama! 

(Campo de Antonio Machado. (Fragmento))
 

Actitud apostrófica: El hablante lírico se expresa interpelando a un tú diréctamente, es decir a una segunda persona (gramatical) que en muchos casos coincide con el objeto lírico. Generalmente este tipo de forma ocurre en una mezcla o intermedio entre la objetividad y subjetividad.

Ejemplo:

AMO, Valparaíso, cuanto encierras,
y cuanto irradias, novia del océano,
hasta más lejos de tu nimbo sordo.
Amo la luz violeta con que acudes
al marinero en la noche del mar,
y entonces eres -rosa de azahares-
luminosa y desnuda, fuego y niebla.

( Amo, Valparaíso cuanto encierras de Pablo Neruda. (Fragmento))

Actitud carmínica o de la canción: Actitud lírica en la que el hablante se expresa desde su yo interno, manifestando sus sentimientos y estado interior sobre todo a través de la primera persona gramatical, y generalmente de manera muy subjetiva.

Ejemplo:

Soy el que sabe que no es menos vano 
que el vano observador que en el espejo 
de silencio y cristal sigue el reflejo 
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano. 

Soy, tácitos amigos, el que sabe 
que no hay otra venganza que el olvido 
ni otro perdón. Un dios ha concedido 
al odio humano esta curiosa llave. 

Soy el que pese a tan ilustres modos 
de errar, no ha descifrado el laberinto 
singular y plural, arduo y distinto, 

(Soy de Jorge Luis Borges. (Fragmento))
 

Objeto lírico:

En cuanto al concepto de objeto lírico, se define como el elemento específico (concreto o abstracto) que inspira la creación del poema o composición lírica. En otras palabras, es un ente particular al que el hablante le canta o sobre el cual se expresa algo, y está en relación también con el motivo lírico, es decir el sentimiento, motivo o tema general que posee el hablante lírico dentro de la composición poética. Por ejemplo, en el siguiente poema el objeto lírico sería la mujer amada, mientras que el motivo lírico consistiría en el miedo a la pérdida de esta persona o relación.

ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

(Poema XV de Pablo Neruda)