Hombre Mirando al Sudeste (análisis)

Esta es una película notable, que trata de un extraterrestre que viene a la tierra para estudiar la humanidad y que, de una forma surrealista, explora el tema de cuál es la realidad que nos rodea.


La acción principal ocurre en un sanatorio mental en Buenos Aires desde el punto de vista de un siquiatra, un hombre divorciado y solo que toca el saxofón en su departamento en la noche.

Su paciente más extraño y fascinante es Rantes. Este hombre no tiene antecedentes y sus huellas digitales no están registradas. Así, nadie sabe quién es y de dónde viene. Con un seguridad a toda prueba, le dice al doctor que el hombre está “en la prehistoria de la proyección de los hologramas”.

Cada tarde, Rantes está parado en trance en el patio del asilo mirando en dirección al sudeste, enviando y recibiendo mensajes de su gente. Las imágenes y la acción son en general realistas, con una tendencia al surrealismo, como por ejemplo las escenas en que se cita a Magritte (las caras cubiertas del hombre y de la mujer). Rantes representa a Cristo entre los internos del hospital, y el doctor desarrolla un interés por él que va más allá de la actitud profesional ante cualquier personalidad misteriosa.

Los internos del hospital comienzan a seguirlo como si fuera Jesús. Rantes, tiene una habilidad musical notable y su propia forma de escritura, un sistema de jeroglifos y símbolos que pueden ser o no extraterrestres. Trabaja en el laboratorio de patología, disectando cerebros e investigando.

Un día una mujer joven igualmente misteriosa, Beatriz, viene a verlo. Ella le dice al doctor que conoció a Rantes cuando hizo un trabajo para una iglesia. El doctor y Beatriz tienen relaciones sexuales y en la escena ella bota un líquido azul por la boca, lo que quiere decir que ella también es un ser extraterrestre.

A Rantes se le comienza a aplicar sedantes, lo que provoca finalmente su muerte debido a un ataque al corazón, dejando al doctor y a todos con un misterio sin resolver acerca de su identidad. El médico, por haber “dado muerte a Rantes” ha quedado como un “Pilatos del presente”.

Las campanas desafinadas que inician la película nos están definiendo el hecho de la muerte. El no sonar normalmente se debe a que las muertes no son naturales sino artificiales, desafinadas, de suicidios duales, de una muerte agónica que penetra todo el ámbito con el beneplácito de quienes disfrutan las migajas del poder.

La idea de utilizar un hospital siquiátrico, no sólo facilita a Rantes su misión sin ser notado, sino también al director de la película para hacer una crítica a la sociedad argentina que ha vivido años de represión y de locura, y de paso plantear una problemática que salta las barreras regionales para convertirse en un interrogante universal.

Los laberintos del Hospital Siquiátrico, al igual que los laberintos de la mente, no tienen el hilo deshilvanado que permita el retorno o la salida. El hombre ha evolucionado como animal, pero mentalmente se ha dejado atrapar en el laberinto por el minotauro de la estupidez. Por otro lado, los laberintos del edificio del Buró de Personas Perdidas, con su infinito papeleo, letra muerta que detiene el tiempo, son también el minotauro del atraso, dependencia, subdesarrollo.

El descenso a los infiernos producidos por la droga aplicada a Rantes y los electrochoques para calmarlo, son los métodos para acallar la verdad. La tortura como método sofisticado viola los derechos humanos de quienes se atreven a denunciar la necedad humana.

Decir la verdad es el objetivo de Rantes. Esa es su misión a la que ha sido predestinado desde muy lejos y desde siempre. Aunque él es una simple proyección transmitida desde los remotos confines de su alma, su magia está en que se hace real para abrir un intersticio a la esperanza en un contorno deshumanizado.

La música de Jazz interpretada por el doctor, es la música que identifica a la generación de entreguerras mundiales, llamada la generación perdida: música de desolación, de tedio, de desesperanza, como el sonido de doblar de campanas desafinadas. La deshumanización está en el tedio que siente el doctor quien toca el saxofón interpretando estas melodías. Inquietado por Rantes, trata de recuperar el tiempo perdido proyectando las imágenes filmadas a su familia, momentos verdaderamente felices que disfrutó sin darse cuenta y que con profunda nostalgia quiere revivir. Ahora que está en la caverna, esas sombras proyectadas en la pared, son el reflejo de lo que fue su verdad.

La comunicación que establecía Rantes colocándose dando frente al sudeste nos da la clave de la película. Mientras no fue interceptada esa comunicación Rantes transmitió su verdad y mantuvo una actitud alerta en la búsqueda del devenir del hombre tratando de extraer la síntesis motivadora de sus acciones. Mirar al sur es un llamado a mirar lo nuestro, a lo que nos identifica, a nuestra verdad. La identidad cultural, como afirmación de los valores de América Latina, es el fundamento del hombre de esas latitudes. Al mirar a ese lugar específico desde una oscuridad nos está diciendo adónde debemos dirigir la mirada: donde están las nuevas alboradas y los amaneceres.

Rantes se niega a mirar los ocasos y decadencias, pues allí ya no encuentra respuesta a sus inquietudes. Rantes muestra la senda a seguir: hay que darle la espalda a la oscuridad y buscar desde la penumbra la luz liberadora. Al cargarse de luz y llenarse de mensajes liberadores que no vienen de Junín donde supuestamente se libró la batalla independentista, se convierte en una fuente para que se nutran los desventurados. Los pacientes buscan a Rantes porque con él encuentran no sólo abrigo y pan sino comprensión y amor.

La locura se hace lúcida con la interpretación del Himno de la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven. Al estrechar las manos oyendo las notas finales del himno consagrado por un sordo genial a la confraternidad establece una comunicación que llega al delirio cuando asume la dirección de la orquesta que despierta la locura de los que todavían creen en el milagro fraternal. Todos se preparan y marchan no para la confrontación aniquiladora sino para la felicidad compartida.

Sin embargo, la estupidez de quienes temer perder sus privilegios, recurren a los métodos sancionados por la ciencia siquiátrica cuando ven que el orden establecido se tambalea.

La semejanza con el mito cristiano es abierta. Rantes como Cristo es crucificado y muerto, pero en Rantes su sacrificio es en vano porque Beatriz, la portadora de su mensaje, no alcanza a transmitirlo como hicieron los apóstoles.