Las Formas Dramáticas

Llamamos formas dramáticas a las manifestaciones que tiene este género, a los diferentes modos de representación que incluye.


Los orígenes de este género se remontan a las fiestas religiosas en honor a Dionisio y ha ido experimentando cambios a lo largo de la historia de la humanidad, según se ha transformado o evolucionado el gusto de los lectores y ha cambiado la sociedad y su visión de mundo.

En la historia del desarrollo del género dramático, podemos distinguir tres manifestaciones o formas principales: la tragedia, la comedia y el drama.

La Tragedia

Tiene sus comienzos en Grecia, específicamente en la ciudad de Atenas, que es donde se originó este arte. Estaba destinada a un público masivo, que gozaba de una representación libre del mundo en que vivían, de la estructura de la sociedad de la época.

Hay convención en señalar que la tragedia nació entre los siglos VII y VIII. En los rituales consagrados a Dionisio se erigía un altar en su honor y se entonaban cánticos alusivos a él, con instrumentación de flautas y estos cánticos eran llamados coros trágicos y quienes cantaban estaban disfrazados como cabritos. De allí que la tragedia se relaciones con la palabra “macho cabrío”, pues los coristas estaban disfrazados como tales animales.

Dentro de los autores más relevantes en la tragedia se encuentra Esquilo, que es considerado el creador de la tragedia, incorporó a dos personajes dentro de la obra – como actores – y no solamente a uno como antes, lo que dio paso a la interacción entre ambos, que desencadenó al diálogo. Se estableció la diferencia entre protagonista y antagonista, donde respectivamente eran el “primer luchador” y el “luchador opuesto”. Ejercían los roles de héroe y de oponente. También existía la presencia de un coro, que ostentaba un papel importante dentro de la trama, pues representaba la voz de la mayoría, del pueblo, del país, etc., que dialogaban con los actores.

En la tragedia se abarcaban temas como la lucha del hombre frente al destino, donde se representaba a personajes nobles, ilustres, que tenían relación con la tradición épica y mitológica; se hacía uso de un lenguaje sublime y se propendía a que el espectador llegara a la catarsis, es decir, que lograse experimentar la purificación de su alma, a través de los sentimientos de temor y conmiseración o compasión.

Para la catarsis era necesario que el espectador observara al personaje central, quien se veía sometido a peripecias muy difíciles, a desgracias que hacían trágica su vida y que el espectador podía identificar. Esto permitía que los receptores entendieran su propia condición como seres humanos y se entregaran a la voluntad divina.

Características de la Tragedia Griega

El personaje central representa los valores de la sociedad de su época, es decir, la nobleza y el valor. La tragedia presenta al personaje mejor de lo que realmente es. Sin embargo, éste no está exento de cometer errores y es por ello que se habla de la hamartia, que es el error trágico o de juicio que efectúa el protagonista, lo que le llena de culpa y angustia, desencadenando sentimientos de abatimiento y de querer poner fin a su existencia. Este error es castigado por los dioses y provoca la caída del personaje central, esta reprimenda está en el destino del mismo, hay predestinación y no se puede hacer nada por cambiar aquello.

Otra de las características es la hybris, que es cuando el personaje se llena de arrogancia y continúa en su mal proceder, sin medir las consecuencias de su acción, aún cuando se le haya advertido y avisado de los efectos que sus hechos causarían. Por otra parte, se encuentra el pathos, que es el sufrimiento máximo del personaje heroico, que soporta la soledad y el dolor terrible de la misma. Se le llama Moira al destino, a lo que debe vivir el protagonista, pues se encuentra en su línea de existencia, sin reparar en sus deseos de libertad.

He aquí la esencia de la tragedia, pues el personaje lucha por vencer a su destino y encontrar su libertad perdida a causa de su error trágico. Se tiende a asociar lo “trágico” a desventuras fatales, a muertes o pérdidas, sin embargo, se refiere a la incapacidad que tiene el ser humano de tomar sus decisiones y de derrotar a las fuerzas opositoras, que impiden que se sienta sosegado y se vea sometido a los designios del destino.

La tragedia tuvo sus primeros dramaturgos en las figuras de Esquilo, Sófocles y Eurípides:

Esquilo

Es considerado el fundador de la tragedia, como ya fue mencionado fue él quien incorporó los conceptos de “actores”, en el sentido de roles protagónicos y antagónicos. Se dice que fue un genio de la literatura de su época (525 – 456 a.C), ya que también se atribuye a su persona la incorporación de elementos anexos para el teatro, como son las máscaras y la ornamentación en el escenario. Asimismo, su obra significó una nueva mirada, en cuanto a la autonomía del hombre frente a los dioses y a su propio destino, que sin embargo, no lo excluían de vivir la tragedia como factor inherente al ser humano. Dentro de sus obras destacan: Los Persas, Prometeo Encadenado y Orestíada.

Sófocles

(496 – 406 a.C) es uno de los grandes representantes del “Siglo de Oro”, ya que plasmó en sus obras el sentimiento religioso griego – destino – y los principios espirituales de su nación, en el tiempo en que Grecia gozaba de su máximo esplendor y desarrollo socio-cultural y político. Fue muy respetado y valorado por sus colegas y coterráneos, más aún cuando con sólo 16 años fue el encargado de dirigir un canto de acción de gracias a los dioses, en el marco de la victoria sobre los persas en Salamina, así como por las 123 obras dramáticas escritas por él.

El respeto que poseía se acrecentó más al derrotar a Esquilo, quien ya se hallaba anciano, en un festival dramático – en honor a Dionisio – que se celebraba una vez al año. En los aspectos “técnicos” del drama, se destacó por incorporar a un tercer actor en el esquema de la obra teatral prefijada por Esquilo, quien también tomaba parte en los diálogos y redujo la preponderancia que tenía el coro dentro de la obra. Bien se dijo que Sófocles escribió 123 dramas, mas sólo se conservan siete de ellos, algunos de los cuales son leídos y representados hasta el día de hoy: Ayax, Antígona, Electra, Las Traquinias, Edipo Rey, Filoctetes y Edipo en Colono.

Eurípides

Este autor vivió entre los años 480 – 406 a.C y se destacó por ser un profundo conocedor e investigador del alama humana, asumiendo un distanciamiento de las divinidades y aportando ingrediente de la psicología en sus obras y dándole un nuevo sentir a lo conocido hasta ese entonces en el teatro, produciéndose una innovación en la tragedia clásica. El alejamiento de los dioses se reflejaba en el modo en que éstos aparecían representados en las obras: con características crueles y tiránicas.

Por otro lado, los personajes poseían rasgos muy profundos, con características muy humanas, que se reflejaban en su modo de comportarse. A su vez, Eurípides destaca en la presentación de la figura femenina, a la que le otorga una especial relevancia y enfatiza en su alma. Sus principales obras son: Hécuba, Medea, Las Troyanas, Las Bacantes e Ifigenia en Áulide.

La Comedia

La palabra comedia se relaciona con dos términos: komos, que significa una especie de fiesta aldeana o un tipo de orgía asociada a Dionisio y con ode, que significa canto. Así como la tragedia, la comedia también tuvo su nacimiento en Grecia, en las festividades que rendían homenaje al dios Dionisio. Una de las posibles explicaciones a cómo surgió la comedia, sería la unión que se producía entre la mezcla del coro, danzas de honor y actuaciones histriónicas, que incluían disfraces y sátiras.

Características de la Comedia

La comedia no busca exaltar a los personajes ni mostrarles como superiores, sino que los presenta como seres inferiores, no en el sentido de que valgan o signifiquen menos, sino que en el aspecto de que éstos poseen algún vicio que les hace imperfectos. Esta presentación de los personajes se realiza de una manera graciosa y divertida, más liviana y hasta con un toque de ridículo en la puesta en escena.

Presenta situaciones o conflictos comunes y corrientes, donde quedan patentes los vicios o defectos ya mencionados (que tienen los personajes), que guardan relación con factores sociales y humanas. Los personajes son plebeyos o arquetipos como el don Juan, el avaro, entre otros; usando, incluso, lenguaje vulgar en sus diálogos, utilizando la ironía, la sátira y la provocación. El objetivo de la comedia es divertir, causar la risa en quienes están recepcionando la obra, pero esta risa debe ir acompañada de una reflexión por parte de los espectadores, en relación con el conflicto que se plantea en la dramatización, ya que éste puede sucederle a cualquiera en la cotidianeidad, pudiendo ser una especie de espejo, en el cual se reflejan los vicios o falencias que presentan los seres humanos.

La comedia no pretende que una fuerza prevalezca sobre la otra, sino buscar una solución en conjunto a la problemática. Las manifestaciones de la comedia son: la comedia burlesca, la comedia sentimental, la musical, la de situaciones, el entremés, la farsa; los títeres, la zarzuela, entre otras. La comedia tuvo sus primeros representantes en:

Aristófanes

Es sindicado como el padre de la comedia. Vivió entre los años 450 – 388 a.C. Sus obras muestran una visión realista del mundo, que se mezcla con mucha ironía; la finalidad de este autor era lograr la risa del público, pero por medio de sus sátiras también causaba que éstos adhirieran a su pensamiento ideológico, por ejemplo, su idea acerca de la lucha contra España, a la que se oponía tenazmente. Algunas de sus obras: Las aves, Lisístrata y Las avispas.

Menandro: este autor vivió entre los años 342 – 292 a.C. Así como Aristófanes es considerado como el padre de la comedia, Menandro también lo es, pero de la llamada comedia nueva, que es la comedia más evolucionada, que se fijaba en las costumbres y en las problemáticas que se suscitaban de la vida común y corriente, a diario. Es él quien comienza con los arquetipos en la comedia, dando origen a la figura del Don Juan o del avaro, que fueron figuras recurrentes en la tradición literaria y que fueron la base para la comedia en occidente.

Dos de sus obras fueron: El labrador y El arbitraje. Plauto: este comediógrafo se halló entre los años 251 – 182 a.C. Plauto ocupó una adaptación de modo libre y se le sindica como el fundador de la comedia latina. Incluyó un estilo dinámico, rápido y ágil, lo que sirvió de inspiración para los autores cómicos de Europa. Las obras de Plauto guardaban estrecha relación con las obras que tenían origen griego, pues él imitaba las tradicionales y las renovaba en la comedia, que tenían como eje a Roma. Dentro de sus obras destacan: Los cautivos y La comedia de los asnos.

Terencio: 190 – 158 a.C. Este comediógrafo romano creaba obras con tono realista, mezcladas con elementos psicológicos. No buscaba en la tradición griega una base para su creación latina, sino que utilizo un modo muy refinado y elegante. Escribió seis comedias en su vida, dentro de las que destacaron: La suegra, El verdugo de sí mismo, El eunuco y Los hermanos.

El Drama

Sus orígenes se remontan a la Edad Moderna, abordando temáticas concernientes al tiempo de la industrialización. Al drama también se le conoce como tragicomedia, ya que el drama incluía elementos de la tragedia y de la comedia. Si la tragedia buscaba la representación de los personajes de modo superior y la comedia de una forma inferior o viciada, el drama pretende presentar a los seres humanos tal como son, con sus cosas buenas y las derechamente malas. En el drama no hay presencia de dioses ni del destino, tampoco se pretende hallar soluciones de común acuerdo para todos, ya que en el drama es el mismo hombre quien traza y construye su destino final, de acuerdo a su forma de ser y de enfrentar su vida.

En la Edad Media el drama surge desde las festividades religiosas, de los cultos, de las liturgias y se asociaban a fechas como navidad o pascua de resurrección. En un comienzo sólo eran sencillos diálogos, pero con el tiempo se transformaron en representaciones teatrales masivas, que aparte del latín usaban las lenguas romance.

La obra más antigua, en España, es el Auto de los Reyes Magos. La Celestina, es la obra que finaliza el periodo dramático en España, que reflejaba una intención ético – moral y una creencia del castigo divino, que se expresaba en la muerte.