Los Buenos y los Malos Argumentos

Dentro del discurso argumentativo podemos distinguir entre los buenos y los malos apoyos o fundamentos, que le dan peso o poco sustento a la tesis que se sostiene, lo que provoca que el destinatario esté o no interesado en el tema que se plantea.


Los buenos argumentos son aquellos que poseen una base sólida, que tienen un lineamiento claro en torno a la tesis y son de apoyo total para la misma. Por otra parte, los malos argumentos son los que no presentan claridad ni especificidad en sus razonamientos, en ocasiones entorpeciendo el desarrollo de la argumentación y confundiendo al receptor, ya que los fundamentos que se presentan no son lo suficientemente fuertes ni creíbles. Para poder tener certeza si nuestros argumentos poseen una base consistente y de calidad, hay tres formas de saberlo y son los criterios básicos de argumentación, que se definen de la siguiente manera:

Argumentos de Suficiencia

Los fundamentos deben ser una plataforma real y potente para la tesis, que sean suficientes y ello permita llegar a la conclusión de modo exitoso. Ejemplo de suficiencia pueden ser gráficos o material de apoyo, así como el exponer un caso o situación relacionada al tema.

Argumentos Relevantes

Los argumentos deben estar estrechamente ligados con el tema en cuestión, con los contenidos a abordar y la conclusión y no divagar en otras temáticas, desvirtuando el sentido de la exposición, pues cuando esto sucede la tesis va perdiendo gradualmente validez y se confunden las ideas principales.

Argumentos Aceptables

El criterio de aceptabilidad se refiere a que los argumentos deben ser capaces de ser asidos o aceptados por quien los escuche o lea o por cualquier persona que esté interesado o conozca el tema que se está tratando. Para que un fundamento tenga validez y sea recibido debe ser creíble y estar cimentado en cifras o estadísticas comprobables, estudios con prestigio (si es que son estudios externos).