Novelas sentimentales

Importancia cultural de las novelas sentimentales, rasgos del público lector y funciones sociales


Las novelas sentimentales han sido desde largo tiempo ampliamente populares. El interés por el tema literario del amor es universal y como género histórico surgido durante la edad media se extiende hasta nuestros días conservando su carácter de éxito de lectura, se dice que principalmente entre el público femenino. Te invitamos a emocionarte conociendo más sobre este popular género histórico.

Orígenes de las novelas sentimentales

Las primeras de estas obras narrativas surgen a finales de la Edad Media en lo que se conoce como un periodo de Pre-Renacimiento, para luego desarrollarse plenamente durante el Renacimiento (siglos XV y XVI). Su surgimiento se empalma con el fenómeno del amor cortés, el cual consiste en una relación amorosa entre un cortesano o miembro de la corte y la esposa del señor del reino o feudo. Lo interesante es que el amor que el cortesano no se manifiesta jamás a través del contacto físico y menos en relaciones sexuales, por el contrario esta relación se mantiene a través de la literatura, poemas y prosas que compone el enamorado a la señora expresándole un amor idealizado. Esta forma no carnal de amor permitía que el enamorado cortesano a través de sus sentimientos a la señora feudal demostrará su fidelidad al propio señor, es decir, es una forma indirecta de serle leal y honrar a su señor.
A esto se suma algunos rasgos propios de las novelas de caballerías, género popular durante la Edad Media, de las cuales la narrativa sentimental hereda el tipo de protagonista: un caballero noble o guerrero, pero que nos mostrará su lado más sensible y amoroso.

Rasgos generales e importancia sociocultural

Las acciones de este tipo de novelas ocurren es ambientes sociales nobles o aristocráticos y como ya decíamos se desplaza la atención desde personajes valientes y guerreros de las novelas de caballería a enamorados sensibles y débiles ante la vista de la amada. La imagen masculina, entonces, se ablanda o suaviza con el propósito de exaltar otros valores sociales tales como la virtud del amante, la fidelidad a la señora y al señor, la capacidad de experimentar sentimientos elevados e idealizados. Esto se debe principalmente al cambio en la concepción social de los valores debido a la transición desde la Edad Media al Renacimiento en el que se experimenta una “secularización” de la vida, esto es, la vida social ya no gira en torno a dios, sino que se centra en los asuntos humanos y terrenales. Por esta razón cobra fuerza e interés el tema amoroso más cercano a la vida cotidiana, el cual es idealizado y exaltado.
Los personajes principales, el amante y la amada, se presentan jerarquizados: la mujer siempre es un ser elevado, superior y casi divino, mientras que el hombre es inferior y por lo tanto la literatura sentimental será también un medio de cantar, expresar y elogiar la superioridad de la amada. Sin embargo, esta exaltación esconde la definitiva superioridad del hombre puesto que es él quien ostenta o luce todas las virtudes de un buen enamorado: lealtad, admiración por la belleza, búsqueda de la verdad, sinceridad, entre otras. En otras palabras, es el enamorado quien es capaz de ver la luz de la belleza y bondad de la amada, la cual contrasta con el ambiente físico en el que se desarrollan estos relatos casi siempre en lugares lúgubres y desolados.

Continuidad histórica de las novelas sentimentales

A pesar de tratarse de un género surgido en una época específica, la popularidad e importancia de estas novelas trascendió y se ha convertido en un género que si bien ha evolucionado y transformado sus formas de representación, en lo esencial continúa siendo cultivado. Su popularidad entre el público femenino que hasta el siglo XX seguía siendo considerado como inferior respecto a los hombres, permitió una entrada a la lectura a las mujeres a quienes las tareas intelectuales estaban vedadas. De este modo, a través de las novelas sentimentales las mujeres podían acceder a la elaboración imaginativa y cultivar las habilidades de la lectura que les estaban negadas. No es de extrañar entonces que las novelas sentimentales, salvo algunas excepciones, se les considere literatura menor por ser su público predominantemente mujeres. Algunos escritores como los brasileños Machado de Assis y Clarice Lispector utilizaron este género sabiendo que su público eran las mujeres y así incluir críticas sociales al rol de las mujeres en las historias de amor, con esto podían disfrazar con la superficialidad de las historias de amor denuncias sociales que apuntaban a la emancipación femenina.

Anímate a conmoverte con hermosas novelas sentimentales como “Retrato en sepia” de Isabel Allende  o “María” de Jorfe Isaacs