Competencia

Conoce cómo se moldean las poblaciones y especies de acuerdo a la competencia, base de la selección natural.


Charles Darwin observó, en su viaje por el mundo en el Beagle que los organismos “luchaban” por la jerarquización de los recursos, tanto a nivel intraespecífico (entre las mismas especies) como interespecífico (entre distintas especies). Darwin atribuyó a la competencia el poder de moldear las poblaciones como la principal presión selectiva que opera sobre éstas. Hoy sabemos que esto no es completamente correcto, pero en gran parte la competencia si posee éste carácter selectivo.

Para que exista competencia entre organismos, siempre debe haber un recurso limitante que lleva a los organismos a competir, en ese sentido, en la naturaleza los organismos no compiten por que sí ni por motivaciones aparentes (los organismos no “quieren ganar, ni se dejan perder”), sino que lo hacen por necesidades ecológicas resultantes de diversas presiones selectivas. La competencia es una relación ecológica que se divide en:

  • Competencia intraespecífica: relación ecológica dada entre grupos poblacionales de la misma especie, en la cual existe una disputa de un recurso limitante que topa en el nicho ecológico de ambas poblaciones.
  • Competencia interespecífica: relación ecológica dada entre organismos de distintas especies cuyos nichos ecológicos son similares.

En ambos tipos de competencia, los organismos que compiten entre sí siempre perderán energía (ATP) y sufrirán desgaste de tejidos y envejecimiento, pudiendo inclusive morir. En ese sentido, la competencia es tipificada como una relación ecológica negativa para ambos entes competidores, ya que indica pérdida y es simbolizada como – / – .

A su vez, la competencia puede ser directa (por interferencia) o indirecta (por explotación), estando siempre presente la constante del recurso limitante. La competencia por interferencia involucra a organismos que compiten directamente por un recurso limitante, atacándose y provocándose daño físico directo: en este tipo podemos citar la competencia intraespecífica por el recurso limitante “pareja reproductiva” o la competencia interespecífica por el recurso limitante “alcance de luz solar”, por nombrar algunos ejemplos. En tanto, la competencia por explotación involucra a un organismo que ha consumido un recurso antes que otro, volviéndolo limitante y afectando de manera indirecta a otro organismo sin necesidad de haber estado en contacto con él, por ejemplo, una plaga de langostas que devore los cultivos destinados a alimentación humana, deja en desventaja competitiva a la población humana a pesar de que las langostas en ningún momento interactuaron directamente con estos.

En la naturaleza, la competencia carece de una intención o finalidad: los seres vivos no compiten porque quieran hacerlo, sino que lo hacen por sobreposición parcial o total de sus nichos ecológicos. Por ende, no existen en la naturaleza aquellos conceptos de: “lucha por la sobrevivencia”, “lucha por la reproducción” u otras acepciones antrópicas que se subliman a los animales y en las que el mismo Darwin muchas veces incurrió (por nombrar algunas: ballenas “asesinas”, bacterias “oportunistas”). El humano es la única especie animal que compite contra otros de su especie por placer, a pesar de que siempre irá en desmedro de su ecología y esperanza de vida.

Desde un punto de vista evolutivo, los machos hacen inversiones energéticas increíbles para competir por hembras y así perpetuar su genética poblacional en el tiempo evolutivo. En tanto las hembras, que no compiten, sino que “escogen a los ganadores”, invierten su energía en embarazo y crianza de crías. Esto es conocido como compromiso evolutivo.

Experimento de Gause.

En 1934, el biólogo ruso Georgii Gause realizó el siguiente experimento con dos especies de paramecio (organismo eucarionte unicelular):

  • En un acuario mantuvo una población de Paramecium aurelia con nutrientes limitados.
  • En otro acuario, mantuvo una población de Paramecium caudatum con nutrientes limitados.
  • En otro acuario, juntó poblaciones de P. aurelia y P. caudatum con nutrientes limitados.

En los 3 casos observó el crecimiento poblacional y observó que en los dos primeros acuarios, los paramecios aumentaban su número poblacional de manera exponencial, hasta agotar los recursos, siguiendo luego una curva logística. En el tercer acuario, P. aurelia acaparó todos los recursos, forzando a P. caudatum a la extinción en ese acuario. P. aurelia logró excluir del acuario a P. caudatum, de modo que Gause acuñó el término de exclusión competitiva por superposición de nichos ecológicos.