Especiación y filogenia

Descubre los grados de parentescos existentes entre las especies actuales, a través de ancestros en común según lo planteado por Darwin.


La evolución de las especies entendida desde la perspectiva de la Selección Natural Darwiniana ha llevado a una gran diversificación de los organismos en el tiempo, desde las especies ancestrales a las nuevas. Darwin observó que había muchos animales similares en formas anatómicas entre sí, (ejemplo, caballos y cebras, o la controvertida comparación entre chimpancés, gorilas y humanos), por lo que fue relacionando a estos animales con ciertas semejanzas a través de un sistema de ramificaciones interconectados, ideando una herramienta sencilla que permitiese estudiar esta diversidad y que organizase estos grados de homologías evidenciados por Darwin. Sin querer el estableció una herramienta usada actualmente por los biólogos evolutivos, llamada árboles filogenéticos, pero su formalización en 1950 está dada por el científico alemán Willi Hennig. Estos árboles establecen el grado de relación o parentesco entre un grupo y otros (o entre un organismo y otro) unidos por un ancestro común hipotético. Así, todos los organismos poseen grados de parentesco entre ellos, descendiendo toda la vida de un gran ancestro común hipotético.

Formación de una especie

Los mecanismos mediante los cuales podría formarse una especie son múltiples, siendo el más común el que se relaciona al aislamiento y separación de una población en dos grupos que comienzan a diferenciarse tanto anatómica como conductualmente. Independiente del cual sea la vía de formación, el proceso es gradual, lento y sujeto a la Selección Natural, con sus respectivas presiones dadas por el medioambiente, y el proceso en sí recibe el nombre de especiación. De modo general, a partir de una especie ancestral, por lo general extinta, debido a la gran cantidad de tiempo que demora en ocurrir el proceso, se genera una especie nueva, por medio de especiación, debido a las presiones selectivas que gobiernan el entorno. El grado de cercanía del parentesco evolutivo entre dos especies determinará su grado de similitud. De acuerdo a lo que se acepta bajo la definición de especie, ambos grupos de organismos no pueden cruzarse, o si es que llegan a hacerlo, su descendencia (si es que existe) no es fértil. Bajo este ejemplo se puede mencionar el caso de caballos y burros, especies distintas que se han separado recientemente en la historia evolutiva (comparten características morfológicas muy similares, pudiendo inclusive reproducirse y tener descendencia, la que no es fértil, por ende, corresponden a dos especies distintas). Lo mismo ocurre en el caso de los leones y tigres.

En el caso de los humanos, el grupo más cercano en cuanto a parentesco evolutivo corresponde, o a los chimpancés, si se considera evidencia morfológica (casi un 97% de parentesco), o a los gorilas, si se considera evidencia genética (casi un 99% de parentesco). Darwin no estableció porcentajes de parentesco ya que carecía de pruebas que le permitiesen hacerlo, simplemente se limitó a armar estos grupos por homologías visibles, las que actualmente han sido corroboradas por pruebas científicas más sofisticadas y elaboradas. El planteamiento de esta relación de parentesco llevó a que las teorías y postulados de Darwin fuesen vapuleados por la opinión de la época, por lo que mucho del trabajo de él, por decisión propia y miedo al rechazo fue mantenido oculto, lo que ocurrió con los árboles filogenéticos redescubiertos por Hennig casi 100 años después.

Problemas de las relaciones filogenéticas

Uno de los problemas señalados por los detractores de los modelos evolutivos, e inclusive por algunos biólogos evolutivos no darwinistas es el relacionado a la existencia de ancestros en común. La herramienta de los árboles filogenéticos asume por defecto la existencia de un ancestro común entre dos grupos, a partir de los cuáles casi no existe registro fósil ni ningún tipo de evidencia concreta. Este vacío ha llevado a los detractores del modelo evolucionista a criticar fuertemente esta estrategia. En su defensa, los filogenetistas argumentan que la relación de un grupo emparentado evolutivamente con otro no implica la existencia real del ancestro en común, el cual quizás fue solo un estado estacionario entre ambos grupos que no alcanzó a dejar registro de ningún tipo, y que el peso de la evidencia y similitud estructural y/o genética descubierta a lo largo y desde fines del siglo XX a la fecha es más concreta que la ausencia de los vestigios de ancestros comunes.