La célula, pilar de la vida

Conoce todos los detalles acerca de la unidad básica de la vida; la célula, sus organelos, su funcionamiento y los postulados sobre ella.


La célula fue descubierta en el siglo XV, a través de los registros indirectos que evidenció Robert Hooke al observar pequeños agujeros en el corcho, tejido de origen vegetal. Estos agujeritos no eran células, sino que son el espacio que ellas dejaron, pero su forma (como “celdas” de un panal de abejas) le valió el nombre a la que es hoy considerada la unidad básica de la vida. Dentro de las células ocurre todo lo necesario para que un organismo viva, y también dentro de ellas está contenida la información necesaria para perpetuar en el tiempo las características de las distintas especies que forman parte de la biodiversidad de nuestro planeta. Estas observaciones generales fueron postuladas por distintos científicos que, en la medida que el surgimiento tecnológico lo permitió, fueron consolidándose una serie de postulados agrupados en lo que hoy se conoce como la teoría celular. Estos postulados se pueden resumir de la siguiente manera:

  • La célula es la unidad básica de la vida; no se puede concebir lo vivo sin que esté formado por al menos una célula.
  • La célula es la unidad funcional de la vida; todos los procesos energéticos que permiten la sobrevivencia y reproducción de los organismos ocurren al interior de las células.
  • La célula es la unidad de origen de la vida; todos los organismos, independiente de su grado de complejidad y número de células que lo formen, provienen de una célula que les precede.
  • La célula es la unidad hereditaria de la vida; al interior de las células está contenida la información genética, responsable de traspasar de generación en generación los caracteres de una especie.

Así como se asume que la célula es la unidad de origen de la vida, los científicos han planteado que la vida en general evolucionó a partir de organismos formados por una sola célula (organismos unicelulares), la cual poseía una estructura y organización muy simple, de modo que está en su interior no poseía compartimientos; este modelo celular es conocido como el de la célula procarionte, y es el más antiguo evolutivamente hablando, del cual hoy sobreviven como sus representantes las eubacterias y arqueobacterias. A partir de este modelo celular, los científicos estiman que producto de relaciones de simbiosis (teoría endosimbionte) las células procariontes asimilaron otras células procariontes, dando paso a estructuras internas que perdieron su independencia, y que además comenzaron a replicarse al momento de la división celular; así habría surgido el modelo de la célula eucarionte, con compartimientos internos denominados organelos, a partir del cual surgen posteriormente los organismos pluricelulares.

Organización de la célula procarionte y eucarionte.

De manera sintética, la gran diferencia entre las células procarionte y eucarionte radica en su grado de complejidad, siendo las segundas mucho más complejas que las primeras al poseer una serie de compartimientos internos en los cuales jerarquizan diversos procesos metabólicos: estos compartimientos reciben el nombre de organelos. La célula procarionte carece de organelos, por lo que todos sus procesos metabólicos ocurren en la fase semiacuosa interna que poseen, el citoplasma. En el citoplasma procarionte se lleva a cabo la obtención de energía, la digestión se nutrientes y agentes nocivos para la célula y el almacenamiento de sustancias. También se encuentra inmerso en él, de modo libre, el ADN procarionte, el cual posee una estructura circular y covalentemente cerrada. La membrana plasmática de las células procariontes tendrá una constitución rica en fosfolípidos, y puede existir o no una pared celular gruesa y/o delgada (dependiendo del tipo de organismo procarionte) rica en carbohidratos como el peptidoglicano y los lipopolisacáridos. Al contrario de la célula procarionte, la célula eucarionte ha organizado todos sus procesos metabólicos en organelos, y dependiendo del tipo de célula eucarionte que sea (animal o vegetal) poseerá organelos como los cloroplastos (célula vegetal) que facultarán a la célula para la vida independiente de comida (autotrofía), sustentando procesos como la fotosíntesis. En la célula vegetal se encuentra además siempre una fuerte pared celular que mantiene el tono celular, el cual está dado por grandes vacuolas que acumulan sustancias energéticas y acuosas. El resto de organelos son comunes en células animales y vegetales, entre los que se listan las mitocondrias (encargadas de la respiración celular, proceso energético), los ribosomas (formadores de proteínas), los retículos endoplásmicos (canales de comunicación entre cada organelo), el aparato de Golgi (dictiosoma en células vegetales, encargado del tráfico de sustancias al interior de la célula) y el núcleo celular (portador de la información genética o ADN). Quizás el único organelo exclusivo de las células animales son los centríolos, estructuras filamentosas que forman parte del citoesqueleto, y que participan en la división celular.