Migracion: Estudio de los procesos migratorios en la actualidad

A finales del siglo XIX el estudio de las migraciones pasa a ser campo de análisis de las disciplinas económicas y sociales. Los postulados marxistas sobre las condiciones de vida de los emigrantes y su relación con los trabajadores autóctonos fueron fuente de inspiración para Engels y Ravestein.


Durante los años 20 y 30 los sociólogos de la Escuela de Chicago analizaron el fenómeno migratorio desde el punto de vista de la etnicidad, las relaciones raciales, los “ghettos” o los empleos precarios. Estos postulados partían de la base de que el hombre “rural”, acostumbrado a un entorno comunal tenía que enfrentarse a un mundo urbano caracterizado por el anonimato, la alienación del individuo y las relaciones de mercado que venían a desestructurar la personalidad y la identidad cultural de los recién llegados. Pero este modelo urbano-rural comenzó a ser fuertemente cuestionado después de la Segunda Guerra Mundial.

Marxismo y migración

La participación de los planteamientos marxistas al estudio de las migraciones se produce en la década de los setenta, de marcado carácter materialista. Se centraliza el foco de atención en el estudio de las llamadas sociedades a pequeña escala, en las que se analizan los flujos migratorios en relación con las estrategias de los grupos autóctonos. Esta relación abrió el camino para que la variable de género pudiera ser tenida en cuenta. Otra línea de análisis que aparece en este época es la llevada a cabo por Wallerstein (1974). El mencionado autor hace referencia a la formación de lo que el llamó un “sistema mundial” en el que se producen intercambios desiguales entre las diferentes regiones como resultado del sistema capitalista.

Paralelamente a esta línea de investigación se abre otra realizada por economistas y sociólogos en el occidente industrializado, donde el coste de la fuerza de trabajo es también una cuestión central. Los estudios se centran en la masiva inmigración experimentada por los países europeos industrializados, proveniente sobre todo del área mediterránea, el Norte de África, y las antiguas colonias, siendo analizadas las repercusiones de la inmigración en las zonas receptoras por sociólogos y economistas, prioritariamente, mientras que un grupo de antropólogos se encargaban de centrar su trabajo en las áreas de origen.

Tiempos modernos

Entrado en los ochentas, se propone el análisis del Estado como institución fundamental de los procesos migratorios, aunque no debemos olvidar que el Estado está compuesto por grupos e intereses diferentes que pueden llegar a ser contrarios. El estudio teórico-metodológico de estos desplazamientos de personas nos permite abordar el objeto de este estudio desde una perspectiva adecuada, creando un corpus sólido y coherente, situándolo, dentro de las ciencias sociales, en su contexto como parte de la estructura económica. Por otro lado, no debemos olvidar que, como señala Martínez Veiga “los procesos migratorios son fruto de las interrelaciones económicas y políticas entre los diversos países” Si nos centramos en el aspecto económico de las migraciones, en un sistema basado en el intercambio de las desigualdades, la función principal de los flujos migratorios sería la de servir e incrementar la fuerza de trabajo, en muchos casos, precario y degradado en cuanto a condiciones laborales, en las sociedades de acogida.

El enfoque macrosocial que recibe el estudio sobre las migraciones, reduce dichos acontecimientos a causas y consecuencias casi exclusivamente económicas relegando a un plano secundario otro tipo de motivación. Sin embargo, los estudios antropológicos sobre las migraciones incluyen factores como el género, la etnicidad o las características culturales de las sociedades de origen y de acogida. Ello nos ha permitido ver que los enfoques economicistas solo son una pequeña parte del fenómeno en general.

En cuanto a las sociedades emisoras, es interesante analizarlas desde una perspectiva antropológica. Esta perspectiva nos revelará interesantes datos acerca de cuáles son las motivaciones de los migrantes a la hora de migrar. Entre estas motivaciones se encuentra burlar la fuerte autoridad patriarcal sobre los varones del grupo doméstico o diversificar las estrategias de reproducción económica cuando es el propio grupo doméstico el que decide la emigración de uno o varios miembros del grupo. Esta concepción migratoria no busca el asentamiento de los desplazados en la sociedad de acogida.

Por el contrario, hablamos de un fenómeno eminentemente económico que tiene su base en la obtención de unos ingresos que permitan la supervivencia del grupo, o, en su caso, la mejora económica. Se plantea el retorno como objetivo a medio plazo. Como consecuencia de esta modalidad de inmigración, los contactos culturales y la interacción se reducen al mínimo. Este fue el caso de los andaluces, región del sur de España. que emigraron a los países de la Europa Occidental.

Los estudios antropológicos sobre etnicidad son una fuente fundamental de análisis de los flujos migratorios en los cuales es difícil separar la práctica de la ideología sin caer en análisis reduccionistas de la complejidad social. Para ello, se hace necesaria la identificación de las variables que actúan en los procesos migratorios. Las investigaciones llevadas a cabo por los científicos sociales sobre el transnacionalismo 37de los inmigrantes tienden a investigar sobre la naturaleza y función de las redes sociales, familiares y hogares, comunidades étnicas y asociaciones, relaciones de poder en torno al género y al status.

En los años noventa empieza a focalizarse la atención en los estudios centrados en los procesos de globalización la cual produce una pérdida de control de las políticas económicas por parte de los ciudadanos. M. Aguirre la caracteriza como “(…) no sólo económica; hay una creciente interdependencia entre actores y tendencias de los campos económicos, políticos, militares, culturales y sociales. Es una globalización desigual – no incorpora a todo el mundo- y altamente jerárquica” y genera exclusión y degradación en los países empobrecidos. Por ello, los países ricos deberán asumir y compensar a estos últimos ya sea en forma de cooperación o económicamente para que la preservación de aquellas riquezas ecológicas sea un hecho, además de redefinir las políticas de los organismos financieros oponiéndose a la dilapidación de los recursos naturales, la proliferación de conflictos, el éxodo de millones de personas y el crecimiento de la pobreza.