Herejías

El gnosticismo

Nombre dado a un movimiento religioso más antiguo que el cristianismo. Pretendía ser un camino para llegar al conocimiento (a la visión de Dios), proclamaban que su doctrina, sus ritos y sus prácticas tenían carácter revelado y habían sido preservados misteriosamente. Se presentaba como medio de salvación, actuando mediante fórmulas y ritos mágicos, más no a todos los hombres, sino sólo a una minoría selecta de iniciados. Su doctrina de base es un antagonismo radical entre el mundo de la materia y el del espíritu. La materia era mala, el espíritu bueno. La creación del mundo era obra de un dios inferior (Demiurgo). Esta doctrina tuvo diversas consecuencias en la práctica moral, caían en extremos. O vivían sin freno, pues la carne, siendo materia, no es digna de consideración o practicaban un ascetismo antinatural, pues la materia siendo mala, es algo vitando, y así hasta el matrimonio es pecaminoso.


El cuerpo de Jesús, afirmaban, era sólo cuerpo en apariencia, ya que la materia es siempre perversa. Y su muerte, no fue real, sino aparente. Es cierto que no había un único sistema gnóstico, pero estas ideas eran comunes a todos los gnósticos. El gnóstico se jactaba de saber todo cuanto podía saberse, poseía la clave de todos los misterios y dominaba todos los cultos. Por razón de su ciencia, el gnóstico sabía cómo salvarse, era el maestro supremo para enseñar la verdad sobre Dios y su creación. A pesar de los desvaríos, tenía una cierta relación con el cristianismo, al interesarse por la solución a los problemas: el significado del mal, la sanción del pecado, las posibilidades de salvación y la inmortalidad del alma. En el siglo II, surge un cristianismo gnóstico, atraídos por una explicación racional de la fe. Un impugnador ilustre de los gnósticos fue, san Ireneo de Lyon, su obra Adversus haereses, es exposición y refutación de la llamada falsamente ciencia. Él dice que lo transmitido por los apóstoles es la verdad, es más sencillo y suficiente, descubrir la doctrina de la Iglesia.

Doscetismo

La herejía toma este nombre de la raíz griega doké? (?????), que significa parecer o parecerle a uno. Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, que su cuerpo sólo era aparente y no real. La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, de que la materia era corrupta, que “el cuerpo es la cárcel del espíritu”. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión. Esta herejía borra a Jesucristo como una figura histórica y como el hijo carnal del Padre; en consecuencia, derrumba el sacrificio redentor del Mesías. San Ignacio de Antioquía escribe a los fieles de Esmirna que Jesucristo “es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia.

Verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes; para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles (judíos o gentiles), en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas para nuestra salvación; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios”.

Ebionismo y Elkasaismo

Después del año setenta aparecieron dos movimientos heterodoxos judeo-cristianos: los que comparten la fe común, pero permanecen fieles a las prácticas judías y que son los descendientes de la comunidad de Santiago; y otros que reconocen a Jesús como Cristo, pero diciendo que fue un hombre entre los hombres (Ireneo les llama ebionitas). Esta concepción de Jesús como profeta anunciado por Moisés, pero no como hijo de Dios, fue común a varios grupos judeo-cristinaos heterodoxos. Epifanio sitúa su origen después de la toma de Jerusalén, entre los cristianos refugiados en Pella, allí tuvo el en sus manos el evangelio de aquéllos, un evangelio que viene a ser una transformación del evangelio de los nazarenos (su redacción nos remonta a principios del siglo II). Los ebionitas, se trataría de unos cristianos de lengua aramea, muy apegados a las prácticas judías, pero hóstiles al Templo de Jerusalén y adictos a las doctrinas esotéricas, como la transmigración. Comparten la concepción esenia de oposición de los dos principios. Pero no enseñan que el mundo haya sido creado por otro dios fuera de Dios. No son gnósticos en el sentido propio de la palabra.

Según esta secta, Elxai, recibió una revelación por medio de un libro que le fue entregado por un ángel, en el país de los partos, en tiempos de Trajano (año 100). La revelación recuerda al canto de la perla, conservado en hechos de Tomás, que data de la época de la mitología parta. Los elkasaítas oran vueltos a Jerusalén. Elxaí “pensaba como judío”. Además conocía a Cristo. Cristo es un profeta. Rechan las epístolas de Pablo, sólo admiten algunas partes del Antiguo Testamento. Mantienen prácticas baptistas, se trataba de expulsar la concupiscencia.

Marción, Montano y Manes

Marción, hijo de un obispo (110), abandona la Iglesia para organizar fuera de ella una vuelta a lo que él consideraba la primitiva pureza del evangelio. Para Marción hay dos dioses. El inferior o el (Demiurgo), creador del mundo visible, celoso del hombre por él mismo creado, lo arrojó del paraíso y así empezó la historia del pecado. La salvación proviene del Dios bueno, que envió para redimir a los hombres de la esclavitud del Demiurgo a Jesucristo, realmente Dios, pero en apariencia hombre, no podía tomar un cuerpo real. Marción es anti-judío, su héroe es san Pablo, aunque cercenó, todo lo que no cuadraba con su sistema. Organizó iglesias y las dotó de un ritual y de un código moral de rigor imposible, basado en la noción que compartía con os gnósticos.

Montano, aparece en la segunda mitad del siglo II, su contribución fue la convicción de que la segunda venida de Nuestro Señor era inminente, los seguidores debían encaminarse a Pepuza, donde habría que acontecer el suceso.

Se basaba en una inspiración privada. Su elocuencia de nuevo profeta le ganaron muchos discípulos, que surgió una nueva ciudad para cobijarlos, la tardanza no les desánimo, al contrario, les dio nueva vida y formaron una especie como de cristianos selectos. Practicaban un riguroso ascetismo, como los marcionistas, para ellos no contaba la autoridad episcopal.

Manes, surgió cincuenta años más tarde en Persia. Secta curiosa por la fusión de elementos gnósticos, paganos y cristianos. Tenía el propósito de sintetizar una nueva religión, con los mejores elementos de las anteriores. Había de llegar un tiempo, en el siglo IV, en que la pretensión de Manes se vería realizada, con la implantación de la iglesia maniquea, desde Marruecos a China. Manes se llamaba a sí mismo “apóstol de Jesucristo”, según él, había descendido sobre él el paráclito revelándole todos los misterios. El maniqueísmo es, una herejía de tipo gnóstico, pero organizada, como el marcionismo, con la capacidad del genio. Su doctrina incluía la oposición entre materia y espíritu, la idea de la maldad intrínseca en la materia y un ascetismo extraordinario, que rechazaba el matrimonio. Entre sus ilustres presas, se encontró san Agustín.

Monarquianismo y modalismo

Los apologistas del siglo II, habían hecho hincapié sobre todo en el estricto monoteísmo, para el que no veían peligro en su concepción de la cristología. De suerte que no se planteó a fondo el problema de la relación Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Cristología del Logos, propugnada por los apologistas, tenía sus fallos es cuanto subordinaba al Padre el Hijo. El Logos que desde la eternidad estaba en el seno del Padre, salió del mismo Padre, sólo entonces fue engendrado, y vino a ser distinto del Padre, y no era eterno, en el mismo sentido que el Padre. A un teólogo latino se debe el nombre de monarquianismo, con la fórmula monarchiam tenemos, reproduce Tertuliano la consigna que quería expresar su tesis y creencia en el Dios uno y el único principio divino. El encarecimiento de la unidad de Dios obligó a tomar posición en el problema cristológico, y en esto siguió doble camino: Algunos vieron en Cristo sólo a un hombre, nacido de la Virgen y en quien la fuerza de Dios, tuvo eficacia singular.

Este monarquianismo, llamado dinámico, salvaba el principio divino único, pero dejaba de lado la divinidad de Cristo. Otra solución presentaban, los que afirmaban que Dios se había manifestado en cada caso de modos distintos, una vez como Padre, luego como Hijo; explicación en la que se suprimía hasta tal punto la distinción entre el Padre y el Hijo, que se llegaba a decir que era el Padre el que había padecido en la cruz, por eso se llamaban modalistas o patripasianos. El monarquianismo modalista, que se llamaba también adopcionismo, delata una tendencia racionalista, para la que resultaba insoportable la idea de la encarnación de Dios. Su representante, un curtidor culto llamado Teódoto, oriundo de Bizancio, que propaló sus ideas en Roma hacia el 190. Su tesis era que, hasta su bautismo, Jesús había llevado la vida de un hombre sencillo, aunque justísimo, sobre el que descendió el espíritu o Cristo. El obispo Víctor (186-198), lo excomulgó, pero esto no significó el término del movimiento adopcionista.

Monarquianismo modalista

El primer representante es Noeto, encarecía el dogma del Dios uno, que es el Padre, y afirmaba la identidad de Cristo con el Padre; decía que el Padre se hizo hombre y padeció en la cruz, fue expulsado de la Iglesia, pero halló adeptos. De oriente a Roma Práxeas, también éste enseñó la identidad del Padre con el Hijo, y negó al Logos toda subsistencia propia, de suerte que el Padre sufrió, murió y resucitó.

Práxeas distinguió al hombre Jesús del Dios Cristo, que era idéntico al Padre, de suerte que el Padre sufrió juntamente con el Hijo.

Sabelio, en vida del papa Ceferino (199-217), fué sin duda quien dio a la doctrina modalista un sello sistemático, atribuyendo a la única divinidad tres modos de obrar, de modo que el Padre (creador y legislador) era la verdadera naturaleza divina que, se manifestaba como Hijo (redentor)y Espíritu Santo (santificador). Hipólito atacó vivamente a los obispos Ceferino y Calixto, por favorecer y reconocer estas herejías. Al primero le llamó ignorante y al segundo le acusa por dejarse seducir por las ideas de Sebelio. En realidad, El obispo Ceferino, solo le faltaba una terminología adecuada y el obispo Calixto, expulsó de la Iglesia a Sebelio, él solo quería un equilibrio entre los diteístas y los sabelianos. La lucha de Hipólito y Tertuliano dieron sus frutos, en la obra de Novaciano a mediados del siglo III, quien se aparta del modalismo pero su obra tiene un tinte subordinaciano. El monarquianismo repercutió más allá de occidente. En Arabia, el obispo Berilo, profesó la opinión de que Cristo, no existió de manera propia, antes de su encarnación, ni una divinidad propia sino la del Padre que inhabitaba en él. Dionisio de Alejandría (260), rechazaba toda separación del Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero sostenía haber tres hipóstasis, pues en otro caso se disolvía la Trinidad. Recalcaba la eternidad del Hijo, pero evitando la expresión homoousios, por no ser bíblica.

Sabelianismo

El monarquianismo modalista, suele denominarse con el nombre de sabelianismo, por su principal representante Sabelio. Sabelio enseñó en Roma y fue condenado por el papa Calixto (217-222), Proponía la siguiente fórmula: Un Dios en tres personas, usando la palabra persona en el sentido clásico de máscara. Dios como Creador (Padre), cuando aparece como redentor (Hijo); en cuanto dispensador de la gracia (Espíritu Santo). Esta fórmula tenía la ventaja de que permitía considerar a Cristo como Dios verdadero. Pero eliminaba la distinción entre Padre, Hijo y Espíritu Santo; pues Dios se manifestaba de tres modos distintos (modalismo).

Subordicionalismo

La otra dirección del monarquianismo mantiene la distinción real entre el Padre y el Hijo, más para no poner en peligro la unicidad de Dios, subordina el Hijo al Padre (de ahí su nombre). Esta dirección se ramificaba luego en varios sistemas al querer explicar en qué sentido era aún posible llamar a Dios Cristo. En la segunda mitad del siglo III el obispo de Antioquia, Pablo de Samosata, fue depuesto por sostener una doctrina semejante.

Arrianismo

Arrio (320), hábil dialéctico, había sido discípulo de Luciano de Antioquia. Su tesis era la siguiente: Si el Hijo fue creado por el Padre, necesariamente tuvo que haber un tiempo en que el Hijo aún no existía; por consiguiente, no existe desde la eternidad y, por tanto no es Dios, sino la primera criatura creada por el Padre, con la misión de colaborar con Él, en la obra de la creación y al que, por sus méritos, elevó al rango de Hijo suyo; por lo mismo, si con respecto a nosotros Cristo puede ser considerado como Dios, no sucede lo mismo con respecto al Padre, puesto que su naturaleza no es igual, ni consubstancial con la naturaleza del Padre.

Arrio contaba entre sus amigos al obispo Eusebio de Nicomedia. También simpatizó con Arrio el historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea Al obispo de Alejandría le pareció grave el caso y mandó una circular convocando a los obispos y dado que se acusaba también a Eusebio, el emperador Constantino, queriendo poner paz en la Iglesia, convocó a todos los obispos en Nicea,1 Concilio ecuménico (325), el cual condenó a Arrio y a sus secuaces, afirmando en el Símbolo llamado Niceno: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas, visibles e invisibles. Creemos en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, engendrado sólo por el Padre, o sea, de la misma sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho en el cielo y en la tierra, que por nuestra salvación bajó del cielo, se encarnó y se hizo hombre”. El anatema contra Arrio estaba redactado en los siguientes términos: “En cuanto a aquellos que dicen: hubo un tiempo en que el Hijo no existía, o bien que no existía cuando aún no había sido engendrado, o bien que fue creado de la nada, o aquellos que dicen que el Hijo de Dios es de otra hipóstasis o sustancia, o que es una criatura, o cambiante y mutable, la Iglesia católica lo anatematiza”.

Tras este anatema lanzado por el Concilio, Constantino añadió la prohibición de que Arrio pudiera volver a Alejandría, algunos meses más tarde envió al exilio, a la Galia, a Eusebio de Nicomedia. Pero Arrio, aun desde lejos, no cedió en sus ataques; pronto se volvió a granjear la gracia del emperador.

Defensores de la fe ortodoxa en el concilio de Nicea fue Osio, obispo de Córdoba, y Atanasio, obispo de Alejandría, que soportó duras luchas y hasta el destierro intentando la extinción total del arrianismo, que se camufló de diversas maneras y se difundió entre los bárbaros germanos hasta los confines más septentrionales del Imperio: ostrogodos, vándalos y longobardos, entre los que perduró durante muchos años. Los últimos, arrianos longobardos desaparecieron hacia el 670, gracias a la habilidad de san Gregorio Magno. Murió en 336.

Anomeísmo

Surgió una especie de neoarrianismo más radical que la misma doctrina de Arrio. El anomeísmo de Aecio y de su discípulo Eunomio. Se puede situar esta doctrina hacia el año 350. Aecio adoptaba una posición sin matices: identificaba la esencia divina con la noción de no engendrado, propia del Padre, y de ello resultaba, que el Hijo lejos de ser consubstancial o incluso semejante, aparecía totalmente diferente (anomoios), de donde ha nacido la denominación de anomeísmo. Ante esta posición Eunomio no trata de suavizarla y se forma un tercer partido, que a la vez se fragmenta en varias tendencias. Para los homoiousianos, el Verbo es semejante al Padre, en todas las cosas, es de una sustancia semejante al Padre. Acacio hablaba que el Hijo es semejante al Padre (homoios), de ahí, los homeos. Según San Atanasio, Arrio afirmaba que el Hijo es “ajeno y distinto en todo a la esencia a la peculiaridad del Padre”. Los defensores de esta doctrina son los arrianos en sentido original. Después de Nicea, hacia 355, Aecio (diácono antioquieno) y Eunomio (su secretario) volvieron al arrianismo original, anomeo. Un sínodo de Constantinopla del año 360 condenó a Aecio al mismo tiempo que consagró obispo a Eunomio. A esta doctrina se la denominó neoarrianismo. Añadía al arrianismo original dos puntos: sostenía que la esencia divina se puede alcanzar por el conocimiento humano y afirmaba el solapamiento entre el concepto y la realidad, de modo que cosas designadas con términos diferentes (Padre, Hijo) son también diversas en cuanto a su naturaleza. Los homoiousianos se atenían, sin fisuras, al Símbolo niceno.

Entre ellos destacaron Atanasio, Osio de Córdoba, Marcelo de Anciera, Lucifer de Cágliari, Eusebio de Vercelli. El término homoousio, había sido condenado en Antioquía por Pablo de Samosata, porque se decía que olía a sabelianismo. Basilio puso en evidencia este hecho. Hasta el sínodo de Alejandría (362) no se había delimitado bien los conceptos de “esencia” y “substancia”. Antes, estos dos términos se usaban indistintamente para señalar la misma realidad, con demasiada frecuencia. Los homoiusianos (eusebianos, semiarrianos) se agrupan bajo este título a todos aquellos que desde los tres Eusebios (de Cesarea, de Emesa y de Nicomedia, de ahí que se les llamara también “eusebianos”) buscaban una vía media entre el arrianismo y el nicenismo, también sin conocer o utilizar ya el término homoiousio. Fue Basilio de Ancira el que impuso, en el sínodo de Ancira (258), la fórmula “sustancia individual”. Una parte del partido semiarriano se pasó a la ortodoxia.

Nestorianismo

Los teólogos antioquenos tenían un rasgo en común, una cierta tendencia al racionalismo, en especial, en la exégesis bíblica, rechazaban la interpretación alegórica. Tanto Diodoro (obispo de Tarso) como Teodoro de Mopsuestia (en Cecilia), intentaron (cada uno a su modo) resolver el problema cristológico: en el sentido de que el Logos se había establecido en el hombre Cristo, de manera que en éste hay que distinguir dos personas, una divina y otra humana. Ambos murieron como obispos y en paz con la Iglesia, hasta el momento sólo eran tesis académicas. Pero el monje antioqueno Nestorio, después de haber sido nombrado obispo de Constantinopla (428) puso al pueblo en contacto con las nuevas ideas teológicas, al predicar que no debía darse a María el título de Madre de Dios, ya que su maternidad se refería sólo al hombre Cristo, pero no al Logos divino que en este hombre se había alojado. San Cirilo, compuso (por orden del papa Celestino I) doce tesis, los doce anatematismos, que propuso a la firma de Nestorio, éste se negó e indujo al emperador Teodosio II a convocar un Concilio ecuménico. Condenado y depuesto Nestorio, y tras recibir la condena del IV Concilio Ecuménico, celebrado en Éfeso (431); los seguidores de Nestorio huyeron a Persia, cuya iglesia estaba ya separada de la Iglesia Romana desde el 424. El nestorianismo suponía la división de la unidad de Jesucristo en dos personas, separando en él la naturaleza divina de la humana, y negando al mismo tiempo que el Espíritu Santo procediese del Verbo. En cuanto a la jerarquía eclesiástica, el nestorianismo afirma la igualdad dignataria entre sus patriarcas y la vida y obra de los apóstoles, con lo cual reniegan de la supremacía del obispo de Roma. El nestorianismo cobró fuerza en Persia y fue una secta fuerte durante el siglo V.

Monofisismo

Después de la condenación del nestorianismo, y con el afán de extirpar de raíz esta herejía, descarrió a algunos en nuevos errores. El monje Eutiques de Constantinopla (378-454), le pareció insostenible hablar de la coexistencia en Cristo de dos naturalezas, pues esto significaba una concesión al nestorianismo, su fórmula era la siguiente: Una sola naturaleza (en griego mone Phycis, y de ahí monofisismo) en Cristo, y ésta la divina. Cristo es Dios verdadero, pero no es al mismo tiempo un hombre como nosotros; en él la naturaleza humana se ha disuelto, por así decir, en la divina.

Eutiques podía escudarse en los anatematismos de san Cirilo de Alejandría, ya que éste ocupo el término mone Phycis. Pero bajo está Cirilo entendía lo que hoy se llama unión hipostática, la unión de dos naturalezas en una sola persona.

Al igual que el nestorianismo, el monofisismo afectaba a la fe, ya que, si Cristo no era un hombre verdadero, tampoco pudo morir realmente en la cruz, y así quedaba en tela de juicio la obra de la redención. El papa León I, evidenció los errores de Eutiques y su doctrina fue condenada en el concilio de Calcedonia (451), que declaró la existencia en Jesucristo de dos naturalezas (divina y humana) en una sola persona. La controversia no terminó ahí porque mientras Roma suscribió la declaración del concilio, Bizancio la rechazó. A pesar de los esfuerzos realizados más tarde por Justiniano y sus sucesores, el monofisismo se extendió por Egipto, Siria, Palestina, Asia Menor y Armenia, y todavía hoy sobrevive en algunas comunidades cristianas orientales como la Iglesia copta de Egipto, la Iglesia de Etiopía, la Iglesia apostólica de Armenia y la ortodoxa de Siria.

Monotelismo

Era un intento por reconciliarse con los monofisitas. La nueva fórmula decía así: En Cristo hay dos naturalezas, la divina y la humana, pero una sola voluntad thelema. Con esto, se pretendía contentar a los monofisitas, pues según la nueva fórmula una parte de la naturaleza humana de Cristo, y la más importante, estaba mezclada con la divina, o mejor dicho, fundida con ella. Esto parecía también aceptable a los católicos, pues no podían afirmar que en Cristo hubiera habido dos voluntades que pugnaran entre sí. El emperador Heracleo (610-641), en un encuentro con los monofisitas, formuló que Cristo tendía dos naturalezas pero una sola voluntad. Esta idea recibió apoyo del patriarca de Constantinopla, Sergio. Este punto de vista fue condenado posteriormente por la Iglesia de Occidente, lo cual generó un resquebrajamiento con la Iglesia de Oriente. San Máximo el confesor, escribió una refutación teológica del monotelismo, en la cual sostuvo que la voluntad era una función de la naturaleza y no de la persona. El Monotelismo fue condenado definitivamente por el tercer concilio de Constantinopla (680), en el cual se afirmó ««dos voluntades naturales o quereres y dos operaciones naturales, sin división, sin conmutación, sin separación, sin confusión»» (Dz 291).

Adopcionismo

El adopcionismo fue sostenido al final del siglo VIII por Elipandus, arzobispo de Toledo y Félix de Urgel. España estaba bajo los musulmanes. La herejía fue condenada por el Papa Adrián I en 785 y en 794. Con Pedro Abelardo (1079-1142) volvió a surgir el adopcionismo en una forma modificada. El Papa Alejandro III condenó el adopcionismo en 1777. El adopcionismo dice que Cristo es hijo de dos formas: a) Cristo, como Dios, es hijo por generación y naturaleza; b) Cristo, como hombre, es hijo por adopción y gracia (no hijo natural). Por lo tanto el hombre Cristo es adoptado como hijo por Dios, por la gracia del bautismo.

Priscilianismo

Según refiere Sulpicio Severo, llevó un cierto Marco de Memfis errores gnósticos maniqueos al retórico Elpidio y éste hizo que se interesara el rico y erudito Prisciliano, seglar primero y más tarde obispo de Ávila, en el cuál, como hombre de ascética severa, hizo impresión la ascesis gnóstica-física. Amplió el canon bíblico, incluyendo libros apócrifos, y adoptó una alegórica exégesis, relacionándola con una inspiración personal. El emperador Graciano lo condenó al destierro, cuando no se presentó al concilio de Zaragoza en el (380) Fue condenado como herejía en el Concilio de Braga en el año (563). Anteriormente fue discutido en el primer concilio de Toledo en el año 400.

El priscilianismo como hecho destacado en el terreno social condenaba la institución de la esclavitud y concedía una gran libertad e importancia a la mujer. El priscilianismo recomendó la abstinencia de alcohol y el celibato, como un capítulo más del ascetismo, pero no prohibió el matrimonio de monjes ni clérigos, integró el baile como parte de la liturgia. Higinio e Idacio salieron a la defensa de la fe contra los priscilianos. Prisciliano fue condenado por maleficium y decapitado en 385 junto a sus principales seguidores, La condena y ejecución de los priscilianistas suscitaron un notable impacto en la época. Hasta Ambrosio de Milán condenó la ejecución, a pesar de discrepar de las tesis priscilianistas. Lejos de acabar con el priscilianismo, estos hechos lo consolidaron hasta el punto que Idacio resultó excomulgado y debió renunciar a la mitra. Para evitar nuevas persecuciones los priscilianistas se constituyeron en una sociedad secreta y continuaron ejerciendo el poder logrando nombrar obispos. Esta situación crearía un cisma, obligando a intervenir al Papa Inocencio I, que sancionó la Regula fidei contra omnes hereses, maxime contra Priscillianistas en el año 404. Hay que decir, que se trata de la primera ocasión en la que un asunto eclesiástico es juzgado por un tribunal civil, y donde un obispo cristiano es sometido a tortura.

Apolinarismo

Doctrina herética debida a Apolinar de Laodicea y surgida como reacción contra el arrianismo. Esta doctrina afirmaba que en Cristo, el espíritu o intelecto no era humano sino divino al encarnarse en un cuerpo sin alma que era sustituida por el mismo Verbo. Con este presupuesto la naturaleza humana del Redentor quedaba mutilada ya que, al negarle un alma humana, su figura quedaba reducida a una especie de marioneta manipulada por Dios. La negación del dogma católico de la íntegra naturaleza humana de Cristo hizo que las enseñanzas de Apolinar fueran oficialmente condenadas por el papa Dámaso I en los concilios celebrados en Roma en 374 y 377, y posteriormente en el primer concilio de Constantinopla celebrado en 381, siendo sus seguidores condenados en 388 al destierro por el emperador Teodosio. Muere Apolinar en 392 y alrededor de 416 la mayoría se había convertido al catolicismo y el resto al monofisismo.