El crecimiento de la Izquierda

En las elecciones del año 1952, tras la ruptura del Frente Popular, se estrenó el denominado Frente de Acción Popular (FRAP) que llevaba como candidato al doctor Salvador Allende Gossens; la importancia de este hecho es que por primera vez en 15 años la izquierda chilena se presentó como una alternativa electoral independiente del radicalismo.


Para 1958 el FRAP se había convertido en la segunda fuerza electoral del espectro político chileno, detrás de la derecha. A pesar de que la votación que alcanzó la izquierda era importante, aún no daba cuenta de un fenómeno de reconfiguración del electorado y de la debacle política que había generado la abrupta caída del gobierno de Ibáñez del Campo. En la década de 1960, y tras la aplicación de la nueva legislación electoral, la participación de la izquierda aumentó desde un 25% hasta un 44%; este hecho de puede explicar por una serie de razones que explicaremos a continuación.

En primer lugar la migración de varios líderes de los radicales hacia la izquierda, quienes tras la crisis del Partido Radical y la ahogante presencia de la Democracia Cristiana en el centro político, se volcaron hacia posiciones más polarizadas en consonancia con la postura de los partidos de la izquierda tradicional. Estos sectores canalizaron sus ideas en la formación de la Movimiento de Acción Popular Unificado a fines de los 60’ (MAPU) y de la Izquierda Cristiana en los comienzos de los 70’.

En segunda instancia, la polarización y el encrudecimiento de las demandas sociales reivindicadas por las masas populares, dinamizadas en gran parte por la promoción popular impulsada por Frei, generó un fecundo campo para el establecimiento de ideas y posturas que plantearan cambios profundos en las estructuras de la sociedad chilena. A pesar del tenso clima político, el crecimiento de los partidos de izquierda no estuvo exento de problemas internos, sobre todo por diferencias en cuanto a la forma de relacionarse con los partidos burgueses del partido socialista y el comunista; este último difería del primero en su es estilo de construcción de consensos con los partidos burgueses, por lo que eran considerados como “moderados” por los socialistas. Esta moderación les pasó la cuenta en las elecciones parlamentarias.

Sobre el punto anterior es fundamental analizar el papel del Partido Socialista, que con la finalidad de distanciarse del centro político adoptó un discurso programático mucho más radical que el sostenido por el Partido Comunista; de hecho, en el año 1967 y bajo la conducción de Aniceto Rodríguez, los socialistas legitimaron la vía armada como medio para acceder al poder. En consecuencias con el creciente proceso de radicalización, el discurso del Partido Socialista alcanzó los ribetes de la intolerancia política justo en el momento en que ocupaban La Moneda.

Para complementar el tenso clima político, la sociedad chilena se vio afectada por una lucha protagonizada por la masa democratacristiana que ocupó cargos burocráticos durante la administración de Frei, contra una nueva masa de clientes del gobierno, esta vez miembros de la Unidad Popular. De esta forma, cuando Allende llegó al gobierno una amplia masa de partidarios socialistas se lanzaron a la captura de los puestos que abandonaban por la fuerza los democratacristianos, y replicando las iniciativas de la promoción popular de Frei dieron vida a las Juntas de Aprovisionamiento Popular, las que tenían como propósito combatir al mercado negro que amenazaba el aprovisionamiento de bienes de primera necesidad; la consecuencia de esta estrategia utilizada por los socialistas fue el aumentó de la polarización y radicalización de las diversas posturas que componían el espectro político chileno.