La Aceleración de la Reforma Agraria

Tras la llegada de la Unidad Popular al gobierno, la implementación de la Reforma Agraria fue acelerada sustancialmente; de hecho, para el año 1972 en Chile no existían propiedades que excedieran las 80 hectáreas permitidas por la ley de Reforma Agraria vigente a la fecha. No obstante, los mismos sectores de la Unidad Popular y grupos más radicalizados se volcaron a la tarea de organizar a los campesinos para que realizaran tomas en los terrenos que tuvieran menos de las 80 hectáreas permitidas por la ley.


Para legitimar esta situación, la administración Allende empleó una interpretación de la ley de Reforma Agraria que indicaba que los predios de menos de 80 hectáreas que fueran improductivos por la inoperancia de sus dueños, serían expropiados; de esta forma se abrió el camino para que terrenos de hasta 40 hectáreas fueran expropiados por el ausentismo de sus dueños o por la incapacidad de estos para hacerlos productivos.

Para completar el proceso de implementación de la Reforma Agraria, el gobierno de la Unidad Popular decidió fusionar los terrenos de los predios agrícolas expropiados que eran adyacentes unos de otros, en los denominados Centros de Reforma Agraria. Por medio de esta estrategia, el gobierno de Allende modificaba drásticamente el concepto de producción que había fomentado la administración Frei con el modelo de los asentamientos y cooperativas campesinas.

A través de la estrategia de los Centros de Reforma Agraria, la Unidad Popular implantó un sistema de explotación agrícola basado en las denominadas granjas estatales, predios de los cuales los campesinos debían entregar al Estado el 90% de su producción a cambio de recibir un salario, dejando a cargo del gobierno la comercialización de sus productos. Esta innovación no fue bien asimilada por una gran cantidad de propietarios agrícolas y no fue implementada a cabalidad.

Para el año 1972 una proporción de sólo el 3% de las tierras agrícolas estaba constituida por propiedades de más de 80 hectáreas, por lo que se puede señalar que la tradicional forma de tenencia de la tierra, la hacienda, había desaparecido del campo chileno. Sin embargo, a pesar de los avances en la redistribución de las tierras agrícolas, la agitación campesina sumada a la actitud de los propietarios opositores a la nueva forma de explotación impulsada por la Administración Allende y que provocó que estos decidieran no sembrar grandes extensiones de terreno, generaron una crisis en la producción agrícola durante el periodo 1971-72 afectando seriamente el abastecimiento del mercado interno.