La Evolución del Territorio Nacional Chileno

Una vez finalizada la guerra del Pacífico, Chile y Perú suscribieron en 1883 el Tratado de Ancón.


Mediante este tratado, nuestro país consiguió la propiedad definitiva de la provincia de Tarapacá y, además, se estableció que el gobierno chileno tendría el control de las provincias de Arica y Tacna durante diez años, hasta que se llevara a cabo un referéndum a través del cual los habitantes de ambas localidades decidirían el futuro administrativo de sus territorios. Sin embargo, este referéndum nunca se pudo realizar debido a las diferencias entre los gobiernos chileno y peruano; y de hecho, la solución definitiva se estableció en 1929 cuando ambos gobiernos decidieron que Perú conservaría Tacna y que Chile se quedara en forma permanente con Arica.

La situación limítrofe con Bolivia no se resolvió en forma definitiva y en la actualidad persisten las reclamaciones bolivianas por acceder a una salida soberana al mar, pues durante la guerra del Pacífico las fuerzas chilenas ocuparon el litoral de la provincia de Antofagasta. En el año 1884 Chile y Bolivia firmaron una tregua en la que se disponía que los territorios ocupados por el ejército chileno quedaran bajo el dominio de Chile hasta que se acordara un tratado de paz que estableciera los límites definitivos entre ambos Estados. La tregua reanudó las relaciones comerciales Chile y Bolivia, aunque sólo en el año 1904 se firmó la paz definitiva y se delimitaron las fronteras actuales.

En forma paralela a la guerra del Pacífico, las relaciones diplomáticas con Argentina pasaban por un momento complejo pues, al igual que con Bolivia, la poca claridad de los límites entre ambos países generaba diferencias que engendraron en la opinión pública chilena y argentina el temor a que se produjera un conflicto armado.

En este contexto Chile y Argentina llegaron a un acuerdo sobre sus fronteras, y establecieron como límite entre ambos países la línea divisoria que separa a las más altas cumbres de la Cordillera de los Andes. De esta forma el gobierno chileno se aseguró el control del Estrecho de Magallanes, aunque bajo la condición de que este paso quedara a libre disposición del tráfico internacional.

En cuanto a la isla de Tierra del Fuego, se aplicó el principio de las más altas cumbres línea divisoria y se trazó una línea imaginaria que se prolongaba hasta el canal Beagle; por ello, las islas ubicadas al poniente de ella quedaron en territorio chileno, y las que están al oriente bajo control argentino. Bajo esta misma lógica, las islas ubicadas al sur del Beagle quedaban bajo jurisdicción de Chile.

Sin embargo, al momento de ser realizada la demarcación en terreno surgieron una serie de complicaciones debido a que la línea de las más altas cumbres no coincidía todas las veces con la división de las aguas; por esta situación, Chile y Argentina acordaron destrabar el asunto mediante un arbitraje internacional, el cual se realizó en 1902.

Otro problema fronterizo que enturbió las relaciones de Chile con sus vecinos es el relativo a la Puna de Atacama, un territorio que era disputado por Chile y Bolivia; este conflicto volvió a enfrentar a Chile con Argentina, pues en 1889 el gobierno boliviano cedió el territorio a su par argentino, a pesar de que para la época no estaba definida la posesión de aquella zona. Este nuevo impasse entre los países trasandinos sólo fue resuelto mediante otro arbitraje en el año 1899.

El territorio de la Araucanía fue otro territorio que exigió la acción decidida del Estado chileno para ser ocupado efectivamente, pues hasta la fecha de la guerra del Pacífico aún se producían esporádicos enfrentamientos entre los efectivos del ejército chileno y los indígenas rebeldes.

La necesidad de poner una solución definitiva a la situación de la Araucanía fue advertida luego de la incursión del francés Orelie Antoine de Tounens, quién se autoproclamó rey de la Araucanía. A pesar de que este hecho no rebaso el terreno de las anécdotas, el Estado chileno tomó conciencia de que en cualquier momento una potencia extranjera podía aprovechar la escasa presencia chilena en la zona y reclamar la soberanía de un territorio considerado como chileno.