Organización de la Independencia de México

Las insurrecciones derivaron en un activo movimiento por la Independencia de México.


La nueva fase del proceso independentista destaca por alcanzar mayor masividad, organización, estrategia y definición respecto de los objetivos que se buscaban junto con el surgimiento de nuevos líderes insurgentes que mantienen la lucha en el territorio novohispano.

Continuidad del movimiento

Las conspiraciones y la insurrección de 1810 se transformaron en el antecedente de la lucha criolla que enfrentó el poder peninsular en Nueva España. Tras la muerte de Miguel Hidalgo y Costilla y el resto de los insurgentes, el movimiento continuó activo y adquirió nuevas características.

Las campañas de Morelos

A la cabeza del movimiento se posicionó José María Morelos y Pavón, quien por sugerencia de Miguel Hidalgo se había concentrado en organizar al pueblo en la zona sur. En la zona norte, la lucha fue continuada por Ignacio López Rayón.

Rayón intentó organizar las tropas insurgentes dispersas tras la muerte de Hidalgo, movilizándose en el norte del territorio hasta formar una Junta en Zitácuaro con el fin de reorganizar el ejército y establecer un gobierno libre que administraría el territorio en representación del rey Fernando VII.

Morelos rechazó el manifiesto propuesto por la junta dirigida por Rayón debido a que aceptaba el control de la corona sobre el territorio novohispano. Paralelamente organizó el ejército mediante un táctica militar que se basaba en la sorpresa y la rapidez en las acciones, así como recurrió a las guerrillas en los pueblos para reforzar los ataques.

En octubre de 1810, Morelos se dirigió hacia la costa. En el camino se le unieron varios caudillos como los hermanos Galeana, los hermanos Bravo y Vicente Guerrero que fortalecieron la causa gracias a sus aportes personales y económicos.

Gracias a lo anterior, pudo adquirir provisiones que otorgaron condiciones favorables para los insurgentes y en virtud de su accionar lograron bloquear las comunicaciones en el territorio e interceptar la actividad hacia Ciudad México, situación que preocupaba al Virrey Francisco Xavier Venegas.

Toma de Acapulco

Con el apoyo de los caudillos insurgentes, Morelos intentó apoderarse del pueblo de Acapulco que era un punto fundamental para el comercio ultramarino español pero sólo logró mantenerlo aislado. Posteriormente se dirigió a Guerrero donde adiestró, fortaleció y disciplinó al ejército insurgente. Una vez logrado su objetivo decidió avanzar hacia el centro dividiendo al ejército en tres partes, que se harían cargo de distintas zonas.

Ante el avance insurgente el virrey envió a Félix María Calleja, quien logró detenerlos y sitiarlos por 73 días, sin embargo, Morelos no presentó la rendición y rompió el sitio dirigiéndose hacia Guerrero. En el proceso se le unieron Mariano Matamoros y José Manuel Herrera.

Morelos se estableció en Puebla donde reanudó las acciones teniendo éxito en Orizaba y Oaxaca donde se difundió el ideario revolucionario. Las consecutivas victorias afianzaron la causa, en 1813 el ejército insurgente logró por fin tomar el puerto de Acapulco, situación que resultó esperanzadora y revitalizante.

Congreso de Chilpancingo

Ese mismo año, Morelos sentó las bases del gobierno mexicano e instauró el Congreso de Chilpancingo, que estableció al año siguiente la Constitución de Apatzingán que fue promulgada el 22 de octubre y le otorgó el título de siervo de la nación.

Paralelamente Morelos esperaba llegar a Valladolid junto con Matamoros y Bravo pero el recién nombrado virrey Calleja estaba decidido a derrotarlos. Al borde de lograr una victoria, el virrey logró capturar a Matamoros, y Morelos dividió al diezmado ejército para salvar la situación.

Tras este retroceso se inició la decadencia del líder insurgente quien se vio obligado a retirarse y someterse a las órdenes del Congreso de Chilpancingo. Retirado en Acapulco, donde permaneció casi dos años, se mantuvo inactivo.

Calleja lo persiguió incesantemente hasta capturarle en combate en las cercanías de Puebla y Guerrero siendo sentenciado a muerte y fusilado en San Cristóbal Ecatepec en 1815. Su muerte dejó al ejército insurgente sin un caudillo dando origen a una nueva fase, la etapa de resistencia.