La minería en el Virreinato del Perú

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Tras un difícil establecimiento de los españoles en el Perú, el aparato de la corona se abocó a  dominar a la población indígena y a explorar cada espacio del territorio con la finalidad de encontrar los anhelados metales preciosos, particularmente oro y plata. Despreciaron el cobre y el hierro que no fueron explotados por que eran considerados de baja calidad.

La actividad preferente del Virreinato del Perú, a partir del siglo XVI, fue  la explotación de yacimientos de plata de la ciudad de Potosí, en la actual Bolivia, actividad que se convirtió en el sustento de la economía colonial del Virreinato. Este yacimiento generó importantes ingresos económicos a la Corona a partir de 1550, la cual decayó durante la primera mitad del siglo XVII, siendo remplazada por las minas de plata de Cerro de Pasco, en la sierra andina peruana.

Cambios Geo-políticos

Con las reformas efectuadas por la Corona a los Virreinatos, Potosí pasó a formar parte del Virreinato de La Plata, en 1776, perdiendo Perú los ingresos monetarios por la explotación de este centro minero.

El aprovechamiento de este enclave, se complementó con la extracción de plata de otros centros mineros de menor relevancia ubicados en Puno, Cajamarca y Huancavelica, a través del trabajo indígena conocido como sistema de mita, procedimiento forzoso que fue empleado por los incas en siglos precedentes e imitados por el Virreinato. Pero es necesario precisar que la mano de obra para explotar dichas minas era insuficiente: el arribo de los españoles a tierras incaicas se produjo de manera violenta y sangrienta. Muchas comunidades indígenas desaparecieron por la acción destructiva de los invasores y por diversas enfermedades que portaban éstos. El hombre blanco arrastraba en su organismo enfermedades como viruela, sarampión y gripe, cepas virales que eran desconocidas por el sistema inmunológico de los indígenas y al no poseer resistencia ante estos males, fallecían rápidamente. Esta situación provocó una catástrofe demográfica en la costa y la sierra peruana.

La situación anteriormente descrita fue determinante en la escasez de mano de obra para trabajar las minas del interior del Virreinato (las vetas se encontraban en la Cordillera de los Andes), por lo tanto fueron los esclavos negros quienes asumieron dichas labores extenuantes. Sin embargo, la poca capacidad de resistencia de los negros a este tipo de trabajos y la frágil aclimatación a las condiciones climáticas de dicha zona, con noches frías y días calurosos, provocaron la muerte de los esclavos. Otros huyeron a zonas apartadas, como existieron otros que fueron reubicados en labores domésticas. Fue necesario-ante este escenario- imponer a los indígenas una mita minera más rígida donde éstos debían trabajar en dichos espacios durante todo un año, obligación aplicada para todas aquellas personas que viviesen cercanas a las minas de Potosí, Cerro de Pasco y Huancavelica y que tuviesen entre 18 a 50 años de edad. A cambio, los dueños de las minas debían pagarle un salario. Si bien las minas más grandes eran administradas por el Virreinato (porque eran las que dejaban mayores ganancias), las pequeñas vetas minerales eran manejadas por pequeños empresarios que debían encargarse del sueldo de los indígenas y de cancelar el quinto real, tributo minero que consistía en el pago del 20% de las ganancias obtenidas por la explotación del yacimiento a la metrópoli española.

El proceso de extracción de plata finalizaba con el empleo del método de la huaira, horno donde se combinaba plomo y plata para obtener un mineral más puro, aunque este procedimiento no era óptimo porque la plata siempre salía impura.

En menor medida se efectuó la explotación de azogue o mercurio en el yacimiento minero de Santa Bárbara.

Estos centros mineros dinamizaron la economía de los pueblos donde habitaban los indígenas que trabajaban en dichos enclaves al requerir éstos de materiales de aseo, alimentos, sal y capachos de cuero (bolsas de cuero para almacenar el mineral recolectado), aumentando de esta forma la cantidad de recursos monetarios y el aumento considerable de población de estos pueblos que prontamente se convirtieron en ciudades.